Manuel Marín-Vozpópuli

Los jueces que juzgaron los ERE no sólo están indignados con Conde-Pumpido, también van a pedir amparo en Europa

No se sabe qué le pesa más al presidente del Tribunal Constitucional, Cándido Conde-Pumpido, si el rencor acumulado contra antiguos compañeros de la Sala Penal del Supremo, el sentimiento de sumisión al Gobierno, o esa pretendida superioridad moral de quien cree tener encomendada la misión divina de reconfigurar el modelo constitucional para convertir a España en un Estado confederal. Conde-Pumpido se ha tomado el aldabonazo de la Audiencia Provincial de Sevilla como una ofensa personal más que como un conflicto jurídico rutinario. Después de que meses atrás la mayoría de izquierdas del TC blanquease por la vía de los hechos consumados a los dirigentes del PSOE andaluz condenados por el fraude masivo de los ERE, la Audiencia sevillana viene a decirle ahora que tiene serias dudas de que deba cumplir lo sentenciado por el propio Constitucional.

Conde-Pumpido vino a sostener en aquellos fallos definitivos de hace unos meses que nada de lo que juzgó esa Audiencia, y que después fue ratificado por el Supremo, sirvió para nada. La interpretación del TC del delito de malversación de dinero público, diseñada ‘ad hoc’ para sostener la tesis de que los políticos socialistas fueron sólo víctimas de una cacería política injusta y que no malversaron porque ni lo pretendieron ni se enriquecieron, no sólo resultó un escándalo, sino también una ofensa a todos los jueces que dirimieron ese proceso. Ninguno tenía ni puñetera idea de valorar las pruebas ni sabían lo que es la malversación porque ese día faltaron a clase en la Escuela Judicial. Tenía que llegar el TC a iluminarlos y hacer un auténtico paréntesis en nuestra doctrina. Desde 1981 hasta 2024 la doctrina de la malversación era una; en el verano de 2024 Pumpido inventó otra exclusivamente para exonerar a diversos cargos socialistas y limpiar la reputación de quienes cometieron el mayor fraude de la democracia; y a partir de esa fecha hasta hoy, el contador vuelve a cero y el delito vuelve a ser interpretado como siempre para el resto de malversadores. A los amigos, sentencias ‘friendly’. Al resto, pan y agua. Es la ley de Pumpido.

Pero ahora la Audiencia sevillana se ha repuntado. Toda una osadía contra las togas del barro. Y llega una magistrada cualquiera, una de esas juezas anónimas ajenas al estrellato que por cosas de la vida sigue creyendo en su trabajo y en la independencia que le atribuye la Constitución. Y contesta al TC que no, que esto no va así. Que tiene sus reservas y que va a consultar a Europa porque lo del TC parece abusivo. Por eso preguntará al Tribunal Europeo si el omnipotente Constitucional se ha extralimitado en la función de control de las sentencias, o si ha invadido ámbitos exclusivos de los jueces. Un torpedo en la línea de flotación de Pumpido.

No es el primer aviso que alarma al TC. Semanas atrás, dos resoluciones del Supremo, de esos antiguos compañeros de rencores que Pumpido masculla sin cicatrizar, recordaban al TC que sus miembros no son ni inmunes ni impunes. Que también pueden ser objeto de querellas por prevaricación si persiste un empecinamiento en el retorcimiento de la ley

La magistrada no se frena ahí. Preguntará si el TC ha revisado la sentencia condenatoria de los ERE con una “interpretación alternativa” de la prevaricación y la malversación. Y si se ha extralimitado valorando las pruebas, cosa que el TC tiene vedada. Y si la interpretación del TC sobre las leyes presupuestarias andaluzas se opone a la jurisprudencia de la UE porque evitaría todo margen de control judicial sobre la actividad presupuestaria de un gobierno autonómico. Porque si cualquier juez se atiene a lo sentenciado por el TC de Pumpido, ya no podrá ejercer ninguna supervisión sobre el dinero de todos, generando así una “desprotección del patrimonio” colectivo y “de la confianza de la sociedad en el manejo de fondos públicos”. Sus preguntas a Europa son una enmienda a la totalidad frente a la arbitrariedad que se ha instalado en este TC de expertos en constructivismo y en el uso alternativo del derecho para invadir el trabajo de otros jueces con tal de satisfacer intereses penales y reputacionales del Gobierno.

No es el primer aviso que alarma al TC. Semanas atrás, dos resoluciones del Supremo, de esos antiguos compañeros de rencores que Pumpido almacena sin cicatrizar, recordaban al TC que sus miembros no son ni inmunes ni impunes. Que también pueden ser objeto de querellas por prevaricación si persiste un empecinamiento en el retorcimiento de la ley por vías interpretativas obscenas. Aquello sentó mal. Tono alto y gritos en los despachos de Domenico Scarlatti. Miradas raras y aspavientos. Algún magistrado de la izquierda montó en cólera. Otro reenvió un mail al resto del grupo izquierdista como mecanismo de autodefensa. ¿Pero esto que es, presidente? Cándido, joder, que vienen a por nosotros. Hay que hacer algo. ¿Quiénes creen que son? Pues sí, el ambiente interno es muy tóxico.

La mayoría izquierdista del TC no admite debates, solo impone criterios. Y a menudo son tan politizados, tan de comisariado delegado para la pureza de sangre del sanchismo, que si pinchas a otros jueces, sangran. Sangran porque el TC los ridiculiza, los expone y los retrata como legos en derecho y torpes en sus sentencias. Y se hartan de tanto desprecio y soberbia. La altanería del TC los dibuja como peleles que no aprendieron nada en años de oposición y juzgados. Los desplantes técnicos, los mensajes velados o la chulería que transmite el TC entre líneas de sus sentencias se ha convertido en un modo de vengarse de jueces que tienen demasiado claro quién es Conde-Pumpido y qué pretende.

Hoy una Audiencia se siente intimidada e invadida por una arbitrariedad. Los jueces sevillanos que juzgaron los ERE falsos rezuman indignación. Y no teniendo por qué hacerlo, porque a menudo lo más fácil es dejar hacer, han plantado cara al poder decisorio de todo un TC con el aviso de que en democracia no hay ningún poder omnímodo. Ni el de Pumpido.

El TC es solo un instrumento purificador del PSOE. Se nos ha inoculado que Pumpido tiene un aura de jurista infalible. Se ha fabricado la imagen de una mente privilegiada, de una eminencia superior porque sabe tanto Derecho y está tan por encima de cualquier juececito de provincias que toda palabra suya goza de una magistratura bíblica, sus ponencias son incunables y sus sentencias, tratados mesiánicos basados en un saber enciclopédico ilimitado. Y cuando Sánchez dice que la amnistía es ilegal, pues es constitucionalmente ilegal. Pero si rectifica y ahora es legal, pues Pumpido asume que, ahora sí, es legal. Y todo, con seis palmeros y la recalcitrante mansedumbre lanar cómplice de quienes emiten sus votos en la izquierda del TC con la conciencia manchada por el lodo del camino.

Cuando Europa decida sobre nuestro particular cortijo constitucional, sepa Dios dónde andarán Sánchez o Pumpido. Hoy lo relevante es que una Audiencia se siente intimidada e invadida por una arbitrariedad. Los jueces sevillanos rezuman indignación. Y no teniendo por qué hacerlo, porque a menudo lo más fácil es dejar hacer, dejar pasar, lo cierto es que ha plantado cara al poder decisorio de todo un TC con el aviso de que en democracia no hay ningún poder omnímodo. Ni el de Pumpido. El cerebro de cualquier robo del siglo siempre será un maestro excelso de los detalles, un mago de la previsión, una eminencia de la técnica. Será sublime en su trabajo. Pero el resultado de su obra jamás dejará de ser un robo.