Jon Juaristi-ABC

  • ¿Somos juguetes de poderosas fuerzas cósmicas? El argumento que faltaba ya está aquí

Como era de temer, voces de la extrema derecha y de la extrema-extrema derecha se han conchabado para exigir la destitución o la dimisión del ministro de transportes celestiales. Esperemos que el Gobierno no les haga el menor caso. Si Puente dimite, ¿ dónde encontrar un símbolo parecido, un icono semejante del horror metafísico, del mal primordial? Ni siquiera Sánchez podría cumplir dicha función, dado que nunca ha tenido función alguna que no fuera la de presidir un Gobierno disfuncional (bueno, sí, otra: la de convocar elecciones, lo que no hará así lo aspen). Tampoco La Lirio con sus ojeras de martirio, porque las suyas –sus funciones, no sus ojeras– tienen que ver con ordinalidades y matemática de género, asuntos ambos de los que nadie entiende, empezando por ella misma. Vas a comparar eso con las masas deshidratadas en la estación de Santa Justa, por ejemplo, o con los viajeros abandonados a su suerte allí donde acecha el lince ibérico y ruge la marabunta, en la España vaciada y vaciante. Por no hablar de Adamuz, que es lo que toca (o sea, toca no hablar de Adamuz). Todo lo que compete al Ministerio de Transporte se acerca al Mal Absoluto en sentido zoroastriano y nadie puede ilustrar semejante misterio de iniquidad como Óscar Puente Santiago, Ahrimán del Pisuerga, señor del caos, la oscuridad y la destrucción. Un lujo para España.

No. Que nadie toque el Puente (solo faltaría que ahora se nos escoñe, con la que está cayendo). Dejo el tema en este punto, pero no sin antes referirme a las sentidas palabras de Sánchez, el pasado lunes, en el lugar de «la tragedia». Lo de llamar «tragedia» al caso de Adamuz queda un poco, qué sé yo, ¿exculpatorio? Sonó a ponerse la venda antes de la herida, y perdón por lo inoportuno de la figura. La tragedia es cosa de la fatalidad, del destino, pero en este tipo de incidencias el destino siempre tiene rostro humano, y aún diría que rostros, en plural. Permítaseme una breve aproximación a la retórica del Puto Amo, así definido en su día por Óscar Puente.

Tras afirmar que lo ocurrido el domingo en Adamuz tiene «difícil definición en palabras», lo que no es cierto (la tiene muy fácil, aunque para Sánchez sea difícil o molestísimo reconocerlo), se preguntaba, a continuación, «cómo ha sido capaz de ocurrir esta tragedia». Eso dijo: «capaz de ocurrir». No dijo «cómo ha sido posible», lo que tendría una fácil respuesta, o sea, ha sido posible (y esperamos que se nos explique por qué). Atribuir ‘capacidad’ a la ‘tragedia’ es un modo abyecto de despersonalizar las causas enjaretándoselas al destino. En fin, para hacer de corifeo trágico, se rodeó Sánchez de un coro fastuoso: Puente, Montero y Marlaska, los tres ministros más capaces que los tiempos vieron: capaces de todo para llegar incólumes a 2027 y de ahí en adelante.