- Las urnas que no quiere abrir Sánchez en España pueden hablar de nuevo a su pesar para que PP y VOX entiendan el mandato de todo un país
Castilla y León vota hoy, pero toda España mira allí, por la evidencia de que el resultado en sus urnas tiene una lectura nacional incontestable: serán las terceras elecciones autonómicas consecutivas en las que el partido de Pedro Sánchez sufra una estrepitosa derrota.
La evidencia es contundente en Extremadura y en Aragón, donde las fuerzas liberales y conservadoras simplemente arrasan al PSOE y a sus sucursales domésticas y de extrema izquierda, con un mensaje arrollador que no debe enfriar el reparto estricto de escaños entre PP y Vox: más allá del mismo y de las interpretaciones que cada uno haga al respecto, lo sustantivo es que Sánchez es arrollado una y otra vez allá donde su marca se persona ante las urnas.
Y no solo en este ciclo, que culminará en verano en Andalucía, donde los presagios son igual de deplorables para sus intereses: salvo en 2019, la carrera política de Pedro Sánchez desde 2015 hasta ahora es una sucesión imparable de derrotas históricas, enmendadas espuriamente con unos pactos nefandos con los que ha compensado su falta de votos a cambio de suscribir, de manera negligente e inmoral, las exigencias de sus interventores.
Porque Sánchez ha hecho del pacto político, necesariamente sustentado en un proyecto en común respetuoso con la Constitución y digno para todos los españoles, un oscuro negocio sustentado en el intercambio de favores dañino para el país con el que se ha comerciado sin pudor.
El líder socialista no es un brillante negociador político, sino un burdo perdedor sin escrúpulos, capaz de ceder en cualquier ámbito con tal de alcanzar un premio estrictamente personal, a sabiendas de que perjudicará a España y a quienes la conforman, tal y como demuestran los hechos: en estos años se han aprobado amnistías, indultos, atracos económicos y leyes insolidarias; todo al dictado del nacionalismo y la izquierda radical, pero nunca Presupuestos Generales del Estado. Solo prospera en España aquello que la daña, todo lo demás queda embarrancado en el chantaje de una minoría socialmente irrelevante pero decisiva para que un derrotado llegue y se mantenga en La Moncloa.
Castilla y León tiene una nueva oportunidad de retratar a Sánchez, de emitir una advertencia democrática contra un presidente insolvente que ha hecho del poder político un botín destructivo y no una herramienta constructiva y que, simplemente, está cambiando un sistema democrático por una especie de dictablanda ajena a la Constitución, resumida en su insumisión ante el Senado, al que no acude desde hace dos años; en la ausencia de Presupuestos y en su negativa a someterse a un Congreso donde no cuenta con una mayoría.
Y ese debe ser el único mensaje que prevalezca tras la decisión de las urnas: el pulso y las negociaciones entre PP y Vox no debe primar sobre los objetivos que unen a ambos ni sobre la necesidad imperiosa de retratar a un mal presidente, a un siniestro Gobierno, a una oscura alianza y a una hoja de ruta suicida para España. Feijóo y Abascal, en fin, deben tener la grandeza de anteponer los intereses de España a los propios, que es lo que siempre hace Sánchez.