MIGUEL ESCUDERO-EL CORREO

  • ¿Será posible formar un Gobierno que gobierne para todos los catalanes? Urge tomar decisiones para la recuperación económica y la integración social

Mañana será el día en que las urnas hablen en Cataluña, en que los sondeos se acercarán al resultado o quedarán en entredicho. En este sentido, hoy es allí el día ‘menos uno’; el que antecede al ‘día cero’: punto de arranque de la nueva legislatura autonómica, pero también inicio de la conciencia de la vulnerabilidad del software informático que tendremos entre manos. Se requerirá un ‘parche’ particular para subsanar el conjunto en esa circunstancia. Y escribir al día siguiente un nuevo código con programas que saquen al sistema de la indefensión. Estaríamos ante un equivalente cibernético de la Covid-19, que requiere vacunas para inmunizarse contra el fatídico y mutante virus.

Me temo que el lunes la mediocre clase política catalana tendrá motivos para repetir como ‘La Oreja de Van Gogh’: «el día cero se acabó y yo sigo sin tu absolución»; la de la ciudadanía catalana, claro está. Pero nadie tomará nota, tal y como ha ocurrido en los últimos diez años, por lo menos. Sin embargo, habría que cambiar el código para salvarse del ataque que nos agarrota, personal y socialmente, y que desactiva cualquier evolución integradora.

¿Será posible formar un Gobierno que gobierne para todos los catalanes y no ponga la ideología por encima de los intereses de los ciudadanos? ¿Será posible formar un Gobierno que busque soluciones reales y posibles a los problemas concretos de los ciudadanos? Hace años que no se gobierna y urge tomar decisiones adecuadas para la recuperación económica (el apoyo directo a las pequeñas y medianas empresas, al mundo del espectáculo y de la cultura, a los hosteleros y restauradores, a los feriantes, a los autónomos en general, sometidos a un estrés tributario y depresivo de primera magnitud) y la integración social. No son frases hechas. La ciudadanía está harta, malhumorada, desunida y desmoralizada. Un detalle: unos piquetes CDR llevan cortando la Meridiana -una avenida de gran tránsito en Barcelona- 340 días, consentidos por las autoridades; se puede hacer lo que los ‘nuestros’ quieren y no hay nada más que decir ni escuchar.

Hoy, Cataluña es la comunidad autónoma que menos dinero per cápita dedica a Sanidad y la que más dinero per cápita dedica a las televisiones públicas; en TV3 es habitual insultar con descaro a los ‘unionistas’: colonos, ratas, basura, puta España… El cultivo del odio y el pisoteo de la convivencia no puede ser más evidente. Para los profesionales, es irritante la continua discriminación de pago a las productoras de los distintos programas; unas diferencias abismales en función de la afinidad política. El gasto público es sectario y partidista. Hay un brutal e insoportable control social ideológico. ¿Quién cambiará tanta arbitrariedad acumulada por el poder político en la Cataluña de estos años?

La Corporación Catalana de Medios Audiovisuales tiene más de 2.000 empleados y un presupuesto anual de más de 300 millones de euros. En 2017 recaudó en publicidad menos de la mitad que en 2008, unos 50 millones. La diferencia la paga siempre el dinero público. Un imponente agujero negro que se ‘prohíbe’ arreglar. El primer tripartito, presidido por Maragall, le condonó una deuda de 2.000 millones de euros, ni más ni menos. ¿Se puede imaginar el beneficio de aplicar esa cantidad en Sanidad y Educación en lugar de propaganda?

Entremos ya en el circo electoral. La irrupción, largamente gestada, de Salvador Illa en la primera línea de la política catalana ha cambiado las expectativas. ¿Sabrá responder a ellas o es, más bien, un líder artificial? El pasado miércoles los partidos separatistas firmaron su incompatibilidad con el PSC y aseguraron que no pactarán con los socialistas. Todos miran de reojo a ERC, socio preferente de Pedro Sánchez. Ya se verá. Esos partidos han desdeñado con evasivas y acritud la propuesta de Illa de bajar el sueldo del president de la Generalitat. ¿Saben que el sueldo de Torra era de 153.235 euros, mientras que el de Urkullu (igual que Ayuso) es de 105.828 euros? Ni de eso se puede hablar con sensatez.

La cabeza de lista del partido de Puigdemont, Laura Borràs, está imputada por un delito de prevaricación, fraude, malversación de caudales públicos y falsedad documental. Es supremacista y firmaría lo que uno de sus acólitos ha dicho: «Algunos que os llamáis catalanes no independentistas en realidad no sois catalanes, sois otra cosa, tan respetable como queráis, pero catalanes no lo sois». ¿Algo que añadir? Pere Aragonès, de ERC, tiene, en cambio, un perfil más político y menos agresivo a pesar de ir de la mano con Otegi.

Hace ya dos años de la nefasta ‘foto de Colón’, donde Rivera se alineó con la derecha radical. El ascenso de Vox no es prometedor para la recuperación catalana. ¿Alcanzará Ciudadanos los 15 escaños y salvará los muebles? ¿Podría pactar el PSC con ellos? Todo es gris y triste.