Pablo Martínez Zarracina-El Correo

  • La lluvia de ceros en el examen de euskera cayó concentrada en dos aulas

Podría titularse ‘El misterioso caso de los ceros en el examen de euskera de la PAU en Bizkaia’. Todo comienza con un montón de alumnos de modelo A de varios colegios concertados, no ya sacando malas notas en la prueba de euskera, sino sacando ceros perfectos, rotundos, inapelables. Ceros tan precisos que son en realidad ceros coma cero y se intuye que no son ceros coma cero cero porque en esta vida en algún momento hay que parar con los decimales. No parece que los alumnos coronados con el cero categórico, platónico, olímpico, sean todos pésimos estudiantes ni tampoco que sufriesen al unísono alguna clase de síncope que anulase durante horas sus habilidades idiomáticas. De ahí la mezcla de estupor e indignación de sus profesores, que están más que acostumbrados a los nervios y los malos desempeños en Selectividad, a las notas que se quedan en tal o cual asignatura por debajo del nivel real del alumno. Lo que ha sucedido parece distinto: entre los estudiantes absolutamente cerificados hay chicos con expedientes llenos de buenas notas en euskera y chicos que incluso son euskaldunes. Una calificación menor de la prevista sería explicable, más aun cuando parece que este año ha aumentado la exigencia de la prueba de euskera, pero ¿todos esos ceros?

Lo que supone uno de esos ceros en la media de un estudiante pasa de ser insalvable a dramático si el estudiante quiere matricularse en un grado con una nota de corte alta. Debe tenerse en cuenta para valorar lo que se sigue conociendo del caso: todos los ceros misteriosos se concentran en el mismo tribunal y corresponden a alumnos que realizaron el examen en dos aulas de la facultad de Sarriko. Los estudiantes no fueron distribuidos según su centro de procedencia sino por orden alfabético. De ese modo, los ceros cayeron como una lluvia justiciera entre muchachos de distintos colegios cuyos apellidos van de la I a la S. La posibilidad de que la incompetencia se distribuya alfabéticamente entre los jóvenes vascos sería el prodigio que le falta por desencadenar a nuestra política lingüística. Más fácil es pensar que en el tribunal encargado de corregir los exámenes de esas dos aulas alguien se desempeñó con furia inflexible. El misterio se resolverá a medida que los estudiantes soliciten la revisión de su nota y accedan a sus exámenes. Tras aclarar que la corrección ha sido correcta, la universidad calla. Los alumnos afectados han convocado una concentración de protesta bajo un lema escrito en castellano y en euskera aparentemente bien.

  1. País Vasco

    Cultura del calor

Las olas de calor causan más estragos en el Norte del país. El último episodio de altas temperaturas fue a finales de mayo y el 97% de las muertes atribuibles entonces al calor tuvieron lugar en la cornisa cantábrica. Aclaran las autoridades que esas muertes no tienen que ver con gente que de pronto cae fulminada bajo el sol, sino con patologías previas que se complican fatalmente en esos días en los que ni siquiera de noche parece correr un poco de aire. La realidad contraintuitiva es que en el Sur los termómetros pueden ser incluso más inclementes, pero allí existe algo que al parecer se llama «cultura del calor». Suena como una canción exitosa de Radio Futura, aunque en realidad no es tan complicado. La cultura del calor consiste a grandes rasgos en evitar el calor, ya sea mediante la proliferación de instalaciones de aire acondicionado o mediante la adopción de costumbres que favorecen la inactividad en las horas centrales del día. Como el regreso a aquel Norte de veranos aristocráticos en el que había que dormir con una mantita no parece probable, los expertos nos recomiendan a las tribus hiperbóreas una rápida apropiación de la cultura del calor. Ya puestos, lo podríamos hacer, pero a lo grande, con ambición, un poco como Lawrence Durrell, importando el Mediterráneo completo, las esculturas, las palmeras, las cuentas de oro, los héroes barbudos, el vino, las ideas, los barcos, el claro de luna, las gorgonas aladas, los hombres de bronce, los filósofos, las aceitunas negras, con su sabor tan antiguo como el agua fría, y todo lo demás.