María José Fuenteálamo-ABC

  • En el gran zoco de las medias verdades, o medias mentiras, de la política española y de la marcha Ceuta en particular, cada cual expone sus consignas según sus propios intereses

Para subir al Toubkal (4.167 metros) en el Gran Atlas, el pico más alto de Marruecos y de todo África del Norte, es obligatorio contratar un guía local. Un ‘sherpa’ de su montaña. Incluso el alpinista más avezado, el que cree que no lo necesita, puesto que el Toubkal no es, en principio, un pico difícil, sabe que sus servicios son más que preciados. De hecho, te la juegas si intentas subir sin él, no solo porque no pasarás los controles de la Gendarmería –el guía acreditado es de obligada contratación desde hace unos años– también porque nadie conoce la montaña, su valle y su collado, cada pueblo bereber, cada refugio, sus secretos y la meteorología como ellos. Dado que la montaña une, bien lo sabe quien se ha adentrado en una, con un poco de suerte, el montañero no solo gana un guía, también un compañero de expedición y, de paso, un verdadero intercambio cultural.

Como con el techo de Marruecos, ha tenido que ser un local quien diga la primera certeza incontestable sobre Ceuta y Melilla. En el gran zoco de las medias verdades, o medias mentiras, de la política española en general y de la marcha Ceuta en particular, cada cual expone sus consignas según sus propios intereses. Cuelgan sus eslóganes en un tenderete y los demás vamos comprando como clientes ávidos de explicación. Entre tanta oferta y descuento, entre rebajas y gritos de «compren aquí», el mejor género lo trae, como siempre, un lugareño. El conocimiento a pie de calle, como con los incendios, no falla. Y así, el vecino, el local, el que habita el terreno, es el que mejor lo conoce.

Sin condescendencia pero con educación, con deportividad pero defendiendo a los suyos, la mejor estrategia del verano, defensa y ataque a la vez, la ha diseñado Juan José Imbroda. «¿Para qué queréis Ceuta y Melilla si se os escapan vuestros jóvenes?», ha inquirido a nuestro vecino Marruecos el presidente de la ciudad autónoma de Melilla.

Una frase, una sola frase, para poner a Marruecos frente a su espejo. Toda la geopolítica y todos los tratados sobre buena vecindad condensados en un puñado de palabras.

Como con la cifra total de personas que cruzaron la frontera ceutí hace dos semanas, difieren las fuentes del número de asesores del Gobierno, pero no se sitúan en menos de 1.000 entre los 22 ministerios y Moncloa. Dos semanas de consignas lanzadas con más que menos condescendencia hacia Marruecos –Europa tampoco ha estado exenta de ella–, millones de euros en sueldos, en diplomacia, en inteligencia… cuando bastaba una sola frase para desmontar relatos a ambos lados del Tarajal.

Al final con Ceuta no ha pasado nada nuevo. Tampoco debería sorprendernos. Es un poco la condena de nuestros tiempos: mil asesores interpretando mapas y un solo ‘sherpa’ enfrentándose a la montaña.