IGNACIO CAMACHO-ABC

  • Pilar Llop no es la responsable del entuerto. No se sentaba en el Consejo cuando la maldita ley recibió el visto bueno

EN la crisis del `sí es sí´ tardaba en aparecer la socorrida figura del chivo expiatorio. O de la cabeza de turco, que sirve para lo mismo aunque el origen de la expresión sea distinto. Pues bien: ya ha aparecido y no es Irene Montero porque su salida del Gabinete sería `casus belli´ para Podemos. De una manera inopinada, Pilar Llop se ha ofrecido como pagana del entuerto, bien porque ha sido empujada a ello o porque se ha dado cuenta de que no pinta nada en este Gobierno. Desoladoramente sola en la bancada azul del Congreso, la ministra de Justicia asumió «total y personalmente» la responsabilidad del descalzaperros mientras Sánchez se largaba con cara de cemento después de pavonearse ante la oposición de sus presuntos éxitos. Por un momento pareció una mártir cristiana frente a los leones del Coliseo, sólo que los leones no se la comieron porque todo el mundo sabe que su gesto podrá ser honorable pero lo que dice no es cierto. Pudo meter la pata el martes en una entrevista a la que fue enviada como apagafuegos, pero no se sentaba en la mesa grande de la Moncloa cuando el Consejo dio vio el visto bueno al proyecto.

Meter la pata en este asunto significa admitir la verdad de los hechos. Y Llop no sólo la admitió, sino que la explicó en detalle. Le salió la jueza que lleva dentro al señalar que el problema está en la redacción de la ley y no en la interpretación de los tribunales. Luego, falta de tablas, se hizo un lío con la intimidación y la violencia y otro con la proporcionalidad de las penas, y de ahí salió con la etiqueta de pieza desechable a cuestas, convertida en fusible para evitar el cortocircuito que amenaza con un incendio en la Presidencia. Ante una remodelación gubernamental en ciernes, nadie da un euro por su cabeza aunque el probable cese no resuelva ni de lejos el problema. Ni va a devolver a prisión a los agresores liberados, ni mejorará el «ajuste técnico» de la norma ni aplacará el escándalo por el que se le ha olvidado, vaya por Dios, preguntar a Tezanos en su encuesta de encargo, otro bodrio marca de la casa elaborado para sostener el ‘relato’ con que el sanchismo trata de edulcorar su fracaso.

En el sainete de los trenes de Cantabria también han encontrado a dos técnicos de poco rango a los que endosar la responsabilidad del fallo. Lástima no poder culpar a los túneles por no ser más altos o más anchos. Quizá convendría ir preparando alguna víctima propiciatoria para apechar con las consecuencias de las dos próximas normas elaboradas por la banda de la tarta en su factoría legisladora, la de la transexualidad y la de las mascotas, que prometen nuevas controversias enojosas. En el Antiguo Testamento (Levítico 16:10), el chivo expiatorio no era sacrificado sino enviado al desierto para vagar cargado simbólicamente con los pecados ajenos. Y por si alguien le interesa el precedente, lo elegían por sorteo.