Jesús Cuadrado-Vozpópuli
- Las elecciones de Castilla y León confirman los pronósticos. La derecha gana y la izquierda se hunde. Con algunas sorpresas
Primera. Antes de que los gatos sanchistas enreden el ovillo, de las elecciones en Castilla y León, importan los datos en limpio. El partido que gobernaba sube y la izquierda tiene el peor resultado en 42 años de historia de la comunidad autónoma. Hoy, las opciones de gobernar del Psoe son menores que ayer. En 1995, los socialistas obtuvieron 27 diputados, pero se deben sumar 5 de IU; en 2015, a sus 25, se añadieron 10 de Podemos y 1 más comunista. Una simple comparación con Extremadura y Aragón demuestra que los socialistas consiguen 30 diputados gracias a los pésimos datos de los partidos de extrema izquierda. Si en las consultas extremeña y aragonesa, los ultraizquierdistas lograron 7 diputados, en cada una, este domingo, desaparecieron. Es lo que podría llamarse la “paradoja sanchista”. Para evitar hundirse más, los socialistas necesitan absorber votos de partidos sin los cuales, a su vez, no podrán gobernar. ¿Resistencia?
Segunda. En tres consultas electorales, desde diciembre, las urnas hundieron al bloque sanchista de gobierno. Son actas de defunción del régimen por triplicado. En solo siete años de gobiernos Sánchez, la suma de PP y Vox ha pasado en la autonomía castellanoleonesa del 37% al 54%, en línea con Extremadura y Aragón. El Psoe, que fue el más votado en 2019 con un 35%, superando en seis puntos porcentuales al PP, ahora obtiene el 31%, superado por los populares en 5 puntos. Como se ve, Sánchez es tóxico para el Partido Socialista. Provocó la alternancia en Andalucía a favor del PP y la ha frenado en Castilla y León a favor del Psoe. A eso lleva la artimaña de agrupar electores no coincidentes con el reclamo no democrático “impedir que gobierne la derecha”.
La gran degradación
Tercera. Durante la campaña electoral, recurrieron a tácticas cuyo fracaso ya se había acreditado. Como antes, en Extremadura y Aragón, Sánchez puso en situación de ridículo al candidato socialista para Castilla y León, Carlos Martínez. Fue seleccionado, confesó él mismo, “en diálogo con los responsables de Madrid”. Solo le faltó señalar por su nombre a Óscar Puente. Para que no hubiera dudas sobre su escasa fe en el resultado, el soriano exigió como condición continuar de alcalde. Sin sorpresas, en el cierre de Valladolid, Zapatero, Puente y Sánchez le concedieron el rol de monaguillo. Contados los votos, los resultados evidencian de nuevo el fracaso de la estrategia sanchista del “no es no” para inutilizar al PP. Dejan al Partido Socialista sin opciones de autonomía política, condenado a fundirse con independentistas, comunistas y etarras excarcelados. Por esa vía, lo han degradado a nivel Sataolalla con su cabestrillo verde. Así muere el Psoe.
Cuarta. Resulta penoso comprobar cómo los socialistas piden el voto para usarlo contra los intereses de sus propios votantes. Especialmente, al apoyar un modelo de financiación autonómica pactado con el golpista Oriol Junqueras, que parece diseñado para perjudicar en primer lugar a castellanos y leoneses. Basta leer el informe Fedea, para comprobarlo. Imposible interpretar estas palabras del candidato Martínez: “Hay que abordar el melón de la financiación autonómica”. Como si viniera de otro planeta. Tan extraterrestre como García-Page que, de campaña en Benavente y Palencia, se asemejaba a un aparecido no deseado. Lo cierto es que no hay maquillaje que pueda enmascarar la marca sanchista del Psoe.
Un aviso a Vox
Quinta. El electorado español tiene interiorizada la apertura de un ciclo político en el que la gobernabilidad dependerá del liderazgo de Alberto Núñez Feijóo y de la cooperación de Santiago Abascal. Que desde la cofradía del “no es no” se exija al líder popular no pactar con la derecha suena a cinismo cósmico y tragarse ese anzuelo, a ingenuidad de parvulario. La identificación de Vox con Franco no le ha proporcionado los réditos esperados a Sánchez. Más bien, ante la simpleza de ese truco electoral, está consiguiendo el efecto contrario. La amenaza de involución la sitúan los electores en el Psoe y sus socios. Pero, cuidado con los espejismos. El resultado en Castilla y León, lejos del esperado, es un aviso para Vox. En el momento en el que Sánchez es más peligroso para los intereses nacionales, incluida la seguridad de los españoles, sería imperdonable que quienes pueden no contribuyan al desbloqueo institucional de España.