Pablo Martínez Zarracina-El Correo

  • Europa responde a Marco Rubio con otra apelación a tomar las riendas de su propia defensa

Kaja Kallas, alta representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores, aseguró ayer en la Conferencia de Seguridad de Múnich que Europa no está en riesgo de desaparecer como civilización. En ningún caso lo está. De verdad que no. Fue una respuesta directa al discurso del sábado de Marco Rubio y no sé hasta qué punto fue tranquilizadora. Yo además supe de ella justo después de leerle a John Grey un vaticinio inquietante. El filósofo inglés calcula que Europa va a sobrevivir, pero como el Sacro Imperio Romano.

Si me preguntan a qué dediqué el domingo, les responderé que a pensar en nosotros como civilización. Y el Sacro Imperio podría no estar tan mal por el lado de Bach y Gutenberg, pero no pinta bien por el lado de la peste negra y la guerra de los Treinta Años. Reconozco que ya estaba preparando el soneto sobre las ruinas colosales, infinitas y desnudas de una estatua de Ursula von der Leyen dando cuenta de nuestro mundo extinguido entre la arena solitaria y extensa cuando vi que Kallas acompañaba su confianza de una idea pendenciera. Algo como: «Mucha decadencia, pero más del 40% de los canadienses estarían encantados de unirse a nuestro club».

El desafío tiene que ver con mentarle a Estados Unidos al vecino que sí está en el G-7. Y sería solo una frase pero fue también lo que se espera de una civilización que aún respira: plantar cara. Otra cosa es que sepamos cómo hacerlo. No ayuda tener la sala de mandos llena de líderes acorralados y populistas emergentes. De la conferencia de Múnich, Europa sale decidida a tomar las riendas de su seguridad. Otra vez. Así lo impone la transformación de Estados Unidos en una categoría nueva de aliado: el que cuesta distinguir de un enemigo. Cierto que Marco Rubio se ha mostrado en Múnich algo más amistoso que JD Vance el año pasado. Y eso confirma que quedar al albur de lo que suceda en la Casa Blanca después de Trump es la peor de las ideas. La urgencia no es aceptar que el viejo mundo se ha interrumpido sino asumir que no regresará. En términos civilizatorios, lo que está exhibiendo Europa no es tanto decadencia como una paradoja. Consiste en que la acumulación de virtudes te impida reaccionar cuando llegan los matones para romperlo todo.

País Vasco

Tarjeta amarilla

El viernes Aitor Esteban le pidió a Eneko Andueza que dejase de estar todo el día «montándola» y se pusiese a currar. Ayer Eneko Andueza aseguraba en estas páginas que se ha acabado lo de «comulgar con ruedas de molino» en el Gobierno vasco. Al tiempo Aitor Esteban aseguraba en ‘El Diario Vasco’ que Andueza es «el eco de Madrid» (me gusta: suena a diario de la tarde del XIX) y que al consejero socialista Itxaso no se le iba a consentir que volviera a acusar al lehendakari de frivolizar. Itxaso lo hizo tras ver cómo el lehendakari anunciaba la construcción de unas viviendas en San Sebastián. Antes habíamos visto al vicehelendakari socialista Torres corregirle al lehendakari la declaración aquella sobre los inmigrantes que recibimos y los que necesitamos. Qué cosas se dijeron entonces los socios. Recordarán que la cultura de pactos, el gobierno entre diferentes, es otro hecho diferencial vasco. O lo era. Ahora lo diferencial igual es que Aitor Esteban actúa desde Sabin Etxea como jurado de un ‘Factor X’ gubernamental. Así a veces sabemos que el consejero de Salud es muy inocente y se deja meter goles por Bildu y a veces nos enteramos de que el consejero de Vivienda ya tiene tarjeta amarilla. Falta personal. ‘Warning’. Primer aviso.