JORGE BUSTOS-El Mundo

«¿Pero tú crees en la política?» Si la vida no te prepara para contestar a esta pregunta sentado en una tertulia de la radio, mucho menos en la butaca de la peluquería. Lorena me interroga mientras el peine y la tijera bailan rítmicamente en sus manos y los mechones muertos van amontonándose sobre mis hombros. Brilla la curiosidad en sus ojos azules. «Quiero decir, ¿los políticos pelean por llegar al poder o por mejorar las cosas?» «Por lo primero. Y en los mejores casos descubren lo segundo una vez han llegado». A Lorena mi respuesta no le satisface. Esperaba algo más concluyente. Pero soy un tertuliano. Guarda unos segundos de silencio mientras ataca el parietal izquierdo con mecánica determinación, después de haber descargado el derecho. Echa las mañanas poniendo mechas a señoras bien de Chamberí con las que repasa la actualidad del corazón. A mí me ha visto en la tele hablando de política, y un agudo sentido comercial le lleva a adaptar la conversación a los intereses del cliente con la misma profesionalidad con que ajusta el cabezal de la maquinilla a la frondosidad de su barba. Pero sus preocupaciones políticas son sinceras. «Es que tengo la sensación de que todo es un teatro. Les veo y ninguno me gusta de verdad. Yo lo que quiero es votar a Batman. Alguien que nos proteja». Votar a Batman. Y se ríe cuando se inclina sobre mí con la cuchilla para igualar la línea de la nuca. Pero Lorena acaba de expresar la clave sociopolítica de nuestro tiempo: la necesidad de protección en un mundo que cambia más rápido que nosotros mismos. No hace mucho en Occidente medíamos a un líder por su capacidad para invitarnos a explorar todos los límites; hoy solo toleramos esa promesa en los anuncios de coches y perfumes. A los políticos les pedimos que nos protejan, ya no que nos faciliten valernos por nosotros mismos. El auge del cine de superhéroes no es casual: sacia la demanda de un espectador infantilizado que simboliza al votante degradado a consumidor. Uno puede mofarse de la farsa que están representando Sánchez en su Falcon y Abascal en su caballo, pero representan la farsa adecuada al público actual: uno necesitado de creer que no son dos oportunistas que jamás se arriesgaron a vivir fuera del presupuesto público. ¿Protectores? El despilfarro zapateril del primero lo volverán a pagar los más vulnerables en una recesión y el egoísmo neocon del segundo privaría de asistencia pública a los que más la necesitan. Pero desde que solicitas protección hasta que desembalas lo que votaste media un salto de fe que cubre todo lo que va de Pedro y Santi a Bruce Wayne.

Ganará Batman. Se le caerá la careta. Y las Lorenas de este mundo seguirán cortando el pelo, y barriéndolo luego con la escoba junto con el vertido de sus esperanzas.