Elena Moreno Scheredre-El Correo
- Todo adquiere relevancia cuando puede ser echado a la cara del opositor
Está el patio más lleno que nunca de aficionados a las sentencias. Con frases genéricas, de esas que parece que solo pueden ser pronunciadas por ángeles, desfilan los conceptos que despellejan con afilada espada, las metáforas que esconden las bombas racimo y los consejos paternales que te dejan sin aire. Las gentes, los aficionados, los profesionales, los demócratas, los fachas, los de derechas, los de izquierdas, los que dicen, los que sueñan, los que están o los que no están… Esos entes genéricos que pueden ser cientos o millones son los que se llevan a la boca los iletrados que andan dispersando sus sabidurías. Escondidos entre los adverbios de cantidad siembran algos, algunos, otros y más o menos, para que crezcan esas semillas de incertidumbre que empobrecen los argumentos que carecen de razones.
¿Y qué puede hacer uno sino callarse? Pues desear con intensidad cerril y malencarada que caigan sobre ellos sus propios razonamientos en boca de otro, para que experimenten la lucidez de esos bumeranes de comprensión con los que a veces la vida te calla la boca. Me maravilla experimentar con los años cómo se van encajando las intensidades que atribuimos a las cosas, o al poder que nosotros mismos les atribuimos. Ahora, todo adquiere relevancia cuando puede ser echado a la cara del opositor. Y las armas están por todas partes…
Yo echaría de algún programa de televisión a sus integrantes solo por el hecho de que es insoportable la mala educación y la falta de respeto, pero mi alternativa es un mando que los hace callar y me recuerda el tiempo precioso que puedo dedicar a leer. Estamos chapoteando hace rato en un barro pegajoso, pero lo peor es cuando ni tan siquiera se emplea el genérico o el mando. Perpleja estoy de que el presidente del Gobierno pierda la contención nombrando a un periodista con nombre y apellido. No creo que Pedro Sánchez se siente a ver el programa de Iker Jiménez con su señora, probablemente alguno de esos cientos de asesores que presuntamente tiene a su servicio le habrá aconsejado que en pleno zafarrancho de combate en el Congreso de los Diputados saque a colación al dirigirse a Vox: «Dan lecciones de democracia, pero en realidad operan con el mismo registro que Iker Jiménez». Y no contento con esto añada que «es muy triste», el comunicador «tiene audiencia». Todos sabemos el refrán de que lo mejor ante una tentación es caer en ella, pero hay veces en que uno debe saber nadar y guardar la ropa evitando los consejos de -¿Cómo se llamaba aquel cura que enseñaba a cuidar plantas? Me han chivado. Era el padre Mundina-.