Gabriel Sanz-Vozpópuli

Lo de Montero es fruto de ese estado de opinión que, al calor de la indignación contra las violaciones, busca ‘ajusticiar’ acusados sólo por el hecho de serlo

Desde que el mundo vivió su particular Ilustración europea contra el absolutismo, allá por el Siglo XVIII, todas las ideologías, a izquierda y a derecha, se han afanado en derribar los viejos régimenes feudales, sociedades de castas y «poderosos» que eran hace dos siglos -y en algunos países todavía lo son, léase India-, sustituidas paulatinamente por Estados de Derecho integrados por ciudadanos, que no súbditos, y regidos por los principios de igualdad ante la ley y presunción de inocencia hasta que un tribunal demuestre la contrario.

Cualquiera de esos Estados de Derecho que se tenga por tal no busca ni puede permitir la venganza entre particulares, hija de la barbarie y Tributaria de la ley del más fuerte. Un Estado de Derecho no es un Estado de Derechas -como a veces le gusta caricaturizar a la izquierda española-, facilita desde sus instituciones, esto es, jueces, fiscales y policía, lo que llamamos Justicia con mayúsculas; una justicia que siempre será, por definición, incompleta y en cierto modo «injusta» para la víctima y para una ciudadanía convertida en espectadora/consumidora de casquería y conmocionada a veces de manera artificial por unos medios de comunicación más atentos al detalle escabroso que a la atribución correcta de culpas.

Por eso nos cuesta tanto asumir el viejo in dubio pro reo, el desistimiento de condenar al que está obligado un juez si no tiene una certeza indubitable de culpabilidad indubitable; y nos cuesta asumirlo, particularmente, cuando de un violador o un agresor sexual se trata. Nos repatea ver cómo queda libre aquel a quien los medios nos han presentado como culpable no tanto a la luz de las pruebas, ojo sino del relato más verosímil sin caer en la cuenta de que ese garantismo alejado de la pena de telediario está dirigido a alejarnos de nuestro salvajismo primario, del nefasto ojo por ojo, para acercarnos a la sociedad civilizada que queremos (?) seguir siendo.

Precisamente porque en frío somos conscientes de que el sistema tiene razón, que toda cautela judicial es poca, nos resulta tan llamativa y sintomática la declaración de la numero dos del PSOE y, más importante aún, vicepresidenta primera del Gobierno de todos, María Jesús Montero; una Montero inexplicablemente “avergonzada” (sic) porque los jueces del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña -incluidas dos magistradas progresistas y especializadas en violencia de género, dato no menor- primen la presunción de inocencia del futbolista Dani Alves por encima del testimonio de su víctima

Precisamente porque en frío somos conscientes de que el sistema tiene razón, que toda cautela judicial es poca, nos resulta tan llamativa y sintomática la declaración de la numero dos del PSOE y, más importante aún, vicepresidenta primera del Gobierno de todos, María Jesús Montero; una Montero inexplicablemente “avergonzada” (sic) porque los jueces del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña -incluidas dos magistradas progresistas y especializadas en violencia de género, dato no menor- primen la presunción de inocencia del futbolista Dani Alves por encima del testimonio de su víctima; que se hayan permitido dudar de la palabra de ella porque las imágenes captadas por el sistema de seguridad de la discoteca Sutton de Barcelona antes de que sucediera la presunta violación de ella en un baño.

Y esto que acabó de escribir no significa, en modo alguno, estar de acuerdo en el fallo emitido por el TSJC a favor del deportista. Reconozco que me genera dudas, las que genera siempre cualquier caso de estos mientras no media una violencia indubitable por parte del agresor -por ejemplo, en el caso de La Manada y otros-, casos que se quedan en el terreno de los grises y la duda, tan alejados del maniqueo blanco o negro. Queda el recurso en casación ante el Tribunal Supremo, que ya han anunciado ambas partes y veremos en qué acaba. Lo que tiene pinta de no acabar bien para el Gobierno es esa especie de hiperventilación en la que se metió la vicepresidenta primera.

“¡Qué vergüenza que todavía se cuestione el testimonio de una víctima y se diga que la presunción de inocencia está por delante del testimonio de mujeres jóvenes!». Esa y no otra, aunque ahora Montero quiera matizarse, fue la declamación desgarrada que pronunció en un mitin del PSOE andaluz el pasado fin de semana… obsérvese lo que subyace no es un exabrupto sin más, un calentón; proviene de una construcción teórica previa, según la cual el principio de presunción de inocencia que rige todos los ámbitos del derecho penal, desde lo más grave, un asesinato, hasta un robo, debe dejar paso a una suerte de principio de presunción de culpabilidad cuando de juzgar delitos de violencia sexual se trate.

El manido y peligroso «algo habrá hecho» convertiría a un segmento de población muy determinado, joven, varón y heterosexual, en potencial culpable; y al colectivo de víctimas, jóvenes, mujeres y heterosexuales, en un colectivo digno de todo crédito. Esto es algo que ningún juez puede aceptar sin más; como no puede aceptar, en aras de evitar la revictimización de la presuntamente agredida con unos interrogatorios duros por naturaleza, alterar el principio de contradicción que rige el derecho penal.

El manido y peligroso «algo habrá hecho» convertiría a un segmento de población muy determinado, joven, varón y heterosexual, en potencial culpable; y al colectivo de víctimas, jóvenes, mujeres y heterosexuales, en un colectivo digno de todo crédito. Esto es algo que ningún juez puede aceptar sin más; como no puede aceptar, en aras de evitar la revictimización de la presuntamente agredida con unos interrogatorios duros por naturaleza, alterar el principio de contradicción que rige el derecho penal.

Estamos hablando de enviar a una persona generalmente joven a la cárcel varios años de su vida, los más importantes; razón de más para que el Estado sea riguroso en el procedimiento y nadie verse obligado a demostrar su inocencia. Lo contrario, ceder al populismo punitivo, en definitiva, se sabe cómo empieza pero no como acaba. Porque, hoy en día estamos hablando de un delito repugnante como es la violación, pero ¿Y si esa tendencia se consolida y mañana son otros colectivos inmigrantes los que se ven acosados tras una oleada de robos en nuestros pueblos y ciudades -un suponer-?

El origen de un disparate

Analizado desde cualquier punto de vista, máxime si se ocupa una alta responsabilidad pública como le ocurre a María Jesús Montero, resulta un disparate. Un disparate que, sin duda, tiene su origen en el clima instalado en una parte no desdeñable de la sociedad española a raíz del desafortunado enjuiciamiento de la famosa sentencia de La Manada que violó en grupo, sin ningún género de duda, a una chica en las escaleras de un portal de Pamplona una madrugada de San Fermin 2016… pero en aquel portal pamplonés del horror no hubo consentimiento ni nada que se le pareciera, cosa que, a la luz de las imágenes de lo ocurrido en la barcelonesa discoteca Sutton entre Dani Alves y su presunta víctima, los jueces del TSJC no han visto tan claro.