Gorka Maneiro-Vozpópuli

  • No se conocen grandes aportaciones ideológicas ni medidas políticas de calado a estas organizaciones tan prescindibles

El joven de treinta años y secretario general de Nuevas Generaciones, Carlo Angrisano, anunció en redes sociales que votará a Vox en las próximas elecciones, a continuación de dejar su cargo; por lo que se ve, no se le ocurrió dimitir antes del cargo que ocupaba ni dejar el partido en el que militaba cuando ya lo había decepcionado sino que prefirió unir ambas decisiones, dimisión y petición de voto para el partido que pelea por su propio espacio y que, por tanto, es su principal adversario, con el objetivo de multiplicar el ruido mediático que su decisión provocaría. Ya apuntaba maneras.

Lo de la edad es lo de menos: uno puede no ser demasiado joven y seguir militando en las juventudes de un partido e incluso ser su secretario general si lo permiten sus estatutos ya que, al fin y al cabo, cada organización decide su propia normativa interna y se organiza como considera. Además, la juventud cambia con los tiempos y puede ser hasta relativa: si los 50 de ahora son los 40 de antes y los 40 de los tiempos que corren son los 30 de la época de nuestros padres es posible que los 30 actuales sean los 20 de hace unos años. Lo realmente preocupante sería que los 20 de ahora sean los 10 de hace unos años, cosa nada descartable que ocurra pronto si el Estado sigue considerando a los jóvenes como tales. Al fin y al cabo, la juventud es subjetiva o queremos creer que lo sea: yo mismo me considero tan joven como lo he sido siempre, le pese a quien le pese, y creo que es algo que nos pasa a quienes ya no somos tan jóvenes como un día fuimos.

Ganar protagonismo

Lo realmente grave es que uno considere legítimo pedir el voto para un partido distinto de cuyas juventudes ha sido secretario general hasta un minuto antes y, en fin, que no se le caiga la cara de vergüenza; tan brillante no parece que fuera como para ocupar dicho cargo o quizás era por eso que lo ocupaba. Cualquiera puede cambiar de opinión y dejar de verse representado en el partido en el que milita: ante semejante circunstancia, basta con pedir la baja cuando ya no se ve representado y afiliarse después al partido que considere, pero no tratar de unir ambas cosas para ganar protagonismo y buscarse más fácilmente las habichuelas en el otro lado. Si hasta ahora criticaba tanto las malas artes de Pedro Sánchez y defendía la regeneración de la política, extraña que haya actuado del modo en que lo ha hecho, copiando lo peor de cada casa.

A Carlo quizá le faltó paciencia ya que lo normal es que, con el tiempo, hubiera terminando ostentando un cargo público relevante, y a vivir que son dos días. Pero, qué se le va a hacer, los jóvenes siempre pecamos de impaciencia… incluso los que ya no lo somos tanto. O igual es que aspiraba a puestos más elevados y mejor pagados que los que le habían prometido. Al parecer, este ha sido el principal problema del ya exsecretario general de Nuevas Generaciones, cuyo nombre no tengo el gusto de haberlo escuchado nunca. Pidió ir en las listas del PP para convertirse en eurodiputado y el partido lo consideró no apto… y, quizás, demasiado joven para ocupar semejante cargo. Supongo que uno antes debe demostrar ciertas mañas, aparte de ser afiliado desde hace años. Sí le concedió ser asesor en Bruselas, empleo y sueldo incluidos, los que, al parecer, no han sido suficientes para sus aspiraciones profesionales y supongo que dinerarias, por lo que, en lugar de dedicarse a otros menesteres, decidió dar un golpe de efecto que le pudiera otorgar réditos en otras latitudes más prometedoras.

Una jugada maestra

Así que, tras meses sin ejercer el cargo que seguía ocupando, desplegó su magistral estrategia: vídeo en las redes sociales y petición de voto para Vox tras acusar al PP de haberse alejado de sus convicciones, las suyas propias, porque sin él de eurodiputado el PP ya no puede defender lo que necesita España. Si ya fuera eurodiputado dudo que hubiera movido ficha. Si finalmente Vox le otorga un escaño o el cargo al que aspira, su jugada habrá sido maestra, al menos para quienes pretenden hacer carrera política allí donde le hagan un hueco, pretensión que no ha sido nunca demasiado extravagante por estos lares, donde el que no corre vuela. Y no es que uno cambie de opinión política, algo perfectamente respetable, sino que en muchas ocasiones se arrima al sol que más calienta.

En el fondo, quizás son las juventudes orgánicas de los partidos políticos las que sobran al menos como referencia política. Al fin y al cabo, no se conocen grandes aportaciones ideológicas ni medidas políticas de calado a estas organizaciones, salvo colocar a sus miembros en los lugares que les proponen sus mayores para rejuvenecer la foto, no llevar la contraria a sus superiores, hacerles la rosca y copiar sus modos y maneras. Históricamente, han sido más agencias de colocación que fábrica de ideas. En muchos casos, son las que impiden a los propios jóvenes afiliados tener ideas propias y labrarse su propio futuro, incluso dentro del partido, pero con pensamiento propio, que es lo que falta. Además, son más sectarios y más radicales que sus mayores, de quienes copian sus malas artes, a veces empeoradas. Por lo que he visto, ocurre en todos los partidos. Puesto que son la cantera y el futuro de la organización política, la mejor forma de hacer carrera es mantenerse dóciles a lo que dicen sus jefes en lugar de tener ideas propias y capacidad de crítica y autocrítica, la mejor receta contra el sectarismo y la prepotencia. Al fin y al cabo, es lo que se premia: docilidad y repetición de argumentarios y eslóganes mejor que pensar por uno mismo. Es la forma más rápida de relevar a los mayores, esos que ocupan cargos superiores, a menudo obtenidos de un modo semejante.

El PP ha perdido a Carlo como afiliado y futuro votante. Más allá de la anécdota, no creo que sea demasiado problema. El problema es cómo hace el PP para volver a ser la principal referencia política de los jóvenes de derechas, muchos de los cuales ya prefieren a Vox. Y, por cierto, no sólo los de derechas.