Editorial-El Correo

  • La anulación de los aranceles por el Supremo de EE UU permite volver a congraciarse con el sistema de contrapoderes de la más vieja democracia

La anulación el viernes por el Tribunal Supremo de Estados Unidos de los aranceles globales que el presidente Donald Trump había impuesto al amparo de una ley de poderes de emergencia de 1977 invalida las falsamente llamadas tasas «recíprocas» aplicadas en abril de 2025 a la mayoría de los países del mundo y obliga a la Administración norteamericana a devolver cerca de 140.000 millones de dólares. Para la corte, la Constitución atribuye exclusivamente al Congreso la potestad de fijar impuestos y derechos aduaneros, lo que significa que el máximo responsable del Poder Ejecutivo se extralimitó al utilizar una ley de emergencia para imponer aranceles amplios sin autorización específica de la Cámara. Que, además de con estupor, Trump reaccionara ante un revés de implicaciones globales desde el corazón del entramado democrático de su país con duras descalificaciones hacia los magistrados evidencia no solo el impacto de la resolución. Muestra singularmente, para alivio de todos aquellos que defienden el imperio de la ley dentro y fuera de EE UU, que aún existen jueces en Washington. O lo que es lo mismo, que los contrapesos –los contrapoderes– que han ilustrado lo mejor de la vieja democracia estadounidense todavía son capaces de actuar para embridar los excesos arbitrarios del líder del Ejecutivo y sus pulsiones autoritarias. Y ello con una composición del Supremo de orientación mayoritariamente conservadora, con dos de sus integrantes promocionados por el propio Trump en su primer mandato.

Los aranceles han sido una obsesión para el ahora inquilino de la Casa Blanca desde los años 80, fueron una pieza central de su campaña electoral bajo la histriónica proclama de que con ellos llegaría una nueva «edad dorada» para EE UU y, a día de hoy, constituyen un pilar fundamental del ‘América primero’ tras bautizar el 2 de abril, la jornada en que anunció las tasas, como un falsario ‘Día de la Liberación’. Este empecinamiento que vulnera las reglas tasadas desde hace décadas en el comercio internacional apunta a que el fallo judicial no le coartará a la hora de explorar otras alternativas legales para salvaguardar su proteccionismo, a pesar de que la estrategia arancelaria no cuenta con el respaldo de la opinión pública e inquieta por el aumento del coste de la vida doméstica que representa. Pero que el veredicto de la Corte Suprema recaiga en el 250º aniversario de la fundación de EE UU afianza la confianza en la democracia más antigua y estable del planeta.