Rosario Morejón Sabio-El Debate

  • EE UU no defiende un aislacionismo, sino la adhesión ideológica de Europa

Proyectar angustias y obsesiones propias sobre otro, considerado el causante y el enemigo, es un mecanismo de defensa de escasa eficacia. Consume mucho tiempo; obliga a estar pendiente de la realidad distorsionada, no vaya a ser que se filtren alternativas ‘inaceptables’. El empeño de la segunda Administración de Donald Trump en encasquetar un declive de Occidente a Europa es un esquema de pensamiento y acción nocivo. En vez de reconocer su propio declive, achaca sus males al Viejo Continente. La estrategia de seguridad nacional, publicada el 5 de diciembre por la Casa Blanca, es un manifiesto político del movimiento MAGA (Make America Great Again) de profunda debilidad conceptual que explica el miedo de los Estados Unidos trumpistas ante las transformaciones climáticas, geopolíticas y tecnológicas. Y es una hoja de ruta que enmascara la envidia del republicano de imperios iliberales como China y Rusia.

La obsesión de la doctrina MAGA es disponer el mundo con un orden a su imagen y semejanza. El programa estratégico pretende ser la única manera de rehabilitar una identidad nacional, una economía vulnerable, la dignidad de los que padecieron la crisis financiera en 2008-2009, la era del Covid-19. Un Occidente ruinoso aparece en las gafas distorsionadoras de los prejuicios raciales, de la cristiandad de J. D. Vance y del nacionalismo exacerbado. Sin aliados, sin principios, ¿dónde va EE UU? Recobra fuerza la idea de una ‘internacional reaccionaria’, apuntada por Emmanuel Macron, fomentada desde EE UU. Si esta no es una alternativa viable a medio plazo, la fragmentación occidental sí es una promesa del populismo trumpista que la Unión Europea debe vigilar.

La ideología ‘America first’ cree en la noción de jerarquía. Esta convicción supone una forma de darwinismo geopolítico, de fatalidad del destino para los pequeños, obligados a buscar una protección condicionada o elegir ser devorados. Es el ofrecimiento de Trump a Ucrania: muy valiente, pero debe admitir su inferioridad frente a Moscú. En esta visión, el derecho internacional es una reliquia.

La otra jerarquía es identitaria. Reposa en la obsesión de pureza, de rechazo al distinto. El informe no habla de las amenazas cibernéticas, del advenimiento brutal de la Inteligencia Artificial, del terrorismo, de la proliferación nuclear, del respeto al viviente (humano o no humano). Se centra en las obsesiones de los blancos heterosexuales conservadores para reflejar más la vulnerabilidad estadounidense que el futuro del mundo. El plan incide sobre una pérdida de respeto hacia sí mismo. ¿Por qué acusar entonces a los europeos? Insistir sobre una decadencia no es lucidez sino una mezcla de angustias reales de una parte de la población estadounidense y el resultado de la manipulación de ciertas redes sociales.

Los europeos quedaron noqueados al leer que ellos están inmersos en un «borrado civilizatorio». ¿Síntomas enumerados? Descenso de la natalidad, pérdida de identidades nacionales, represión de las oposiciones políticas, censura de la libertad de expresión, «la asfixia regulatoria» y, claro, en primer lugar, la inmigración. «Es más que probable que, en unas décadas, algunos miembros de la OTAN tengan mayoría de no europeos», proclama el documento. Entre los remedios, no sería provechoso -valora el texto- abandonar Europa. Washington no defiende un aislacionismo sino una anexión ideológica. Propone una inversión condicionada, interesada y politizada. Con abierta injerencia, el documento saluda «con gran optimismo» el ascenso de «partidos europeos patriotas». Abandonar a esa derecha identitaria la cuestión de las fronteras, la criminalidad, el patriotismo y la protección de las producciones nacionales sería una forma de suicidio para los proeuropeos. Precisamente en nombre del patriotismo deben denunciarse las injerencias estadounidenses en los ciclos electorales venideros. Si las operaciones rusas de desestabilización han avanzado enmascaradas detrás de hordas de cuentas anónimas, los relevos MAGA en Europa están identificados y son potentes. En Reino Unido, el militante Tommy Robinson y el partido de Nigel Farage. En Alemania, AfD. ¿En Francia, en España?

La autonomía estratégica europea ya es una obligación. No cabe confundirse sobre sus verdaderas intenciones cuando Washington dice querer «corregir» la trayectoria europea. El objetivo es romper la UE en veintisiete pedazos desprovistos de la fuerza de un mercado único y de protecciones garantizadas por legislaciones decididas soberanamente y validadas por un Parlamento democráticamente elegido. Trump quiere una Europa reducida a una presa fácil para los intereses económicos norteamericanos, a empezar para los beneficios de los mastodontes de la ‘tech’. ¡Menos complacencia desde Bruselas!