Carmelo Barrio Baroja-El Correo

Diputado del Partido Popular por Álava

  • La convivencia, empezando por la del euskera y el castellano, debe tener la libertad de elección como verdadero eje vertebrador

En poco tiempo hemos asistido a expresiones y actos que casan muy mal con la definición de cultura en términos generales y mucho menos con la descripción de una cultura vasca que pueda ser asumida por todos los que viven en esta tierra y que genere adhesiones y no incertidumbres.

Podríamos resumir en diez los momentos de recientes retrocesos políticos y sociales que se imponen de una manera dramática a las necesidades culturales. Dibujan una compleja situación de deterioro y tienen como marco de expresión instituciones y ámbitos que deberían alejarse esencialmente de situaciones como las siguientes:

1. La Korrika, organizada por AEK, en su 24 edición, discrimina al sindicato Comisiones Obreras de la participación en la marcha por defender derechos lingüísticos de trabajadores castellanohablantes.

2. La Universidad del País Vasco (UPV/EHU) alberga en su seno ataques de estudiantes radicales contra profesores y trabajadores con un afán intimidatorio y de limpieza ideológica intolerable.

3. La Korrika da el testigo y adopta como protagonista al criminal ‘Josu Ternera’ y utiliza a niños para exhibir imágenes de asesinos de ETA en sus camisetas en ese pretendido acto cultural. Acoge la indeseada presencia de aquellos que nos quisieron imponer un proyecto totalitario. Año tras año la Korrika mira hacia otro lado.

4. La UPV/EHU, en sus diferentes campus y centros, se convierte en escenario de actos vandálicos que alteran las reglas básicas de convivencia, pluralidad y libertad de expresión.

5. Un campamento (udaleku) de verano, dirigido a menores de edad y subvencionado por entidades públicas, en la localidad alavesa de Bernedo, y que se escondía tras el euskera, es investigado por delitos contra la libertad sexual de esos menores después de denuncias de familias.

6. Los nacionalistas y la izquierda vasca votan en el Congreso en contra de prohibir el burka, en una clara expresión que atenta contra nuestros valores culturales y ampara otras culturas discriminatorias incompatibles con la libertad.

7. La consejera de Cultura del Gobierno vasco, en relación al Zinemaldia, dice en referencia a su nuevo director que «deberá hablar euskera, pero no sé si será vasco». Discriminando a decenas de expertos en cine de esta tierra y al castellano.

8. En un alarde de desproporción presupuestaria el Gobierno vasco destina a EITB el 51% de las partidas económicas en el Departamento de Cultura, minusvalorando la promoción de la cultura (11,8%), el patrimonio histórico-artístico (9,2%) o el deporte (3,6%).

9. Y al lado de nuestra cultura siempre están el deporte y sus valores. Pues bien, esas estructuras radicales que amedrentan a nuestra Universidad amenazan y acosan, también, al presidente del Athletic en una nueva expresión de intolerancia abertzale.

10. Y podríamos considerar un paso atrás clamoroso el retroceso que se mantiene en la Ley Vasca de Educación, elemento cultural clave, cuando se impone como eje vertebrador de la educación solo el euskera en una sociedad que tiene muy mayoritariamente al castellano como lengua materna.

Estos diez ejemplos no pueden sostenerse en la progresiva construcción de una cultura vasca. Generan enfrentamiento y rechazo y potencian peligrosísimos maximalismos supremacistas.

Una cultura debe ser un conjunto de conocimientos, valores, tradiciones y expresiones que conforman una vida en sociedad y que se fortalecen cuando albergan potentes motores de identificación y de unión. La convivencia en todos los sentidos, empezando por la convivencia del euskera y el castellano, con la libertad de elección como verdadero eje vertebrador.

Libertad… Ese es el ‘cum laude’ que aún estamos lejos de añadir a la cultura vasca, al que debemos aspirar, el que debemos exigir. Una libertad que hoy apenas asoma en un espacio en el que, cada día más, se tolera, cuando no ampara, la marginación con leyes y actitudes pretendidamente democráticas. Una libertad que hoy debe esconderse de las expresiones de odio, de la limpieza ideológica y de la violencia física y verbal de colectivos reaccionarios y totalitarios.

Por una cultura vasca en libertad en la que quepamos todos.