Jesús Cuadrado-Vozpópuli

  • Hay una obsesión de Sánchez por reactivar electores desmotivados

Pedro Sánchez no tiene un solo argumento serio para justificar la ausencia de España en la cumbre de Londres destinada a lograr la reapertura del estrecho de Ormuz. Las principales democracias occidentales han decidido organizarse para normalizar esta ruta esencial, además de asegurar ya un corredor humanitario que permita la salida de fertilizantes imprescindibles para evitar crisis alimentarias en África. ¿Por qué no participó el Gobierno? El “transparente” ministro Albares filtra que es “para no participar en la guerra”. Como si Alemania, Francia, Japón o Italia estuvieran en el “sí a la guerra”. Sucede que el “líder planetario de la paz” necesita fabricarse escenarios en los que nadie le haga sombra.

A Sánchez no le preocupa la guerra, sino su utilidad para provocar un cambio de tendencia electoral, un giro radical que evite desastres como los de Extremadura, Aragón, Castilla y León, más el anunciado para Andalucía. Ministros y dirigentes socialistas están consagrados a llenar la plaza pública de sobreactuaciones destinadas a ensalzar al amado líder, cuyo ejemplo “inspira al resto del mundo”. Como se ha comprobado, no tenían ningún interés en el control real del espacio aéreo, solo importaba la narrativa de confrontación con Trump. Las aeronaves estadounidenses siguen despegando. De hecho, el presidente no podría ir al Parlamento e informar, por ejemplo, de haber prohibido la escala a algún avión estadounidense ya en vuelo, como sí podría hacer la primera ministra italiana Giorgia Meloni, y sin pavoneos.

La nueva guerra fria

Hay una obsesión de Sánchez por reactivar electores desmotivados. A ese fin responde la convocatoria de una cumbre castro-chavista en Barcelona los próximos 17 y 18 de este mes. Como réplica al grupo de democracias occidentales de la cumbre de Londres, quiere ser el protagonista de un encuentro dominado por el Grupo de Puebla, heredero del Foro de Sao Paulo creado por Fidel Castro y Lula da Silva en los 90. Rodríguez Zapatero, dirigente destacado de esa organización, será la otra estrella del encuentro, después de reaparecer en Caracas en apoyo de la dictadura de Delcy Rodríguez. Para descifrar la cumbre, es ilustrativo recordar el respaldo reciente de Podemos y Sumar a la dictadura cubana en apuros. Pablo Iglesias, sin tapujos, defendió al castrismo criminal, que sería, en su opinión, un régimen exitoso, si no fuera por “el bloqueo”. Como a China, que representaría, proclamó en La Habana, una dictadura buena, un modelo a seguir. Coincide milimétricamente con lo que escriben los dirigentes del Partido Comunista, incluidos su presidente José Luis Centella y su secretario general Enrique Santiago. Comprometidos todos en la nueva guerra fría, y sin necesidad de cambiar el catecismo de la anterior, la soviética.

En el sínodo chavista estarán los más genuinos representantes de las “democraduras”, en versión izquierdista. Como analiza Pierre Rosanvallon en El siglo del populismo, se trata de un régimen político que combina las apariencias democráticas con el ejercicio autoritario del poder, y puede terminar en dictaduras sin disimulo, como las que apoyan Iglesias y Zapatero. La normalización del robo electoral a Edmundo González y María Corina Machado en Venezuela no hubiera funcionado sin la complicidad de Lula, Petro y el mexicano Obrador. Todos ellos hacen lo posible en sus países por eliminar controles democráticos y, como ocurre con Sánchez, siguen el principio leninista de considerar al Parlamento simple ”superstición”. Agotado, pues, el invento de una Internacional Socialista de pega -financiada a saber cómo- el sanchismo desciende a populismo pleno.

Para Barcelona, se disfrazan de Global Progressive Mobilisation -¡ahí es nada!-, un eufemismo del castrista y chavista Socialismo del Siglo XXI. No se podrá decir que se trate de una opción ideológica. En el sanchismo, no hay una puñetera idea que aspire a perdurar. En realidad, toda la parafernalia diseñada en el gabinete de propaganda de Moncloa tiene exclusivamente fines electorales. A eso sirve el slogan de ocasión “no a la guerra”. En Extremadura y Aragón las urnas demostraron que el crecimiento de la extrema izquierda provoca un descenso socialista. Ahora espera Andalucía, donde las ultraizquierdas están en modo “agrupémonos todos”. Para competir, como por azar, el Psoe entró finalmente en la III Internacional, la comunista. De paso, Sánchez se proclama líder del chavismo en Europa.