Tonia Etxarri-El Correo

Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo se enfrentarán esta semana en el Congreso en plena tensión, con la guerra de Irán como telón de fondo. Pero con las dos citas clave que tendrán lugar en el Parlamento, La Moncloa cree que podría darse la vuelta a la tortilla. Frenar, al menos, la crisis de aceptación demoscópica que el presidente del Gobierno viene padeciendo, aquejado de todos los síntomas de desgaste tras haber perdido la mayoría parlamentaria. Con la guerra ya no está tan solo en Europa, pero con el decreto anticrisis se volverá a poner a prueba su capacidad de resistencia si Podemos mantiene su abstención.

Su comparecencia parlamentaria, mañana miércoles, con 25 días de retraso desde que se inició la guerra en Oriente Medio, topará con menos obstáculos de los que tuvo que sortear al principio cuando exhibió la pancarta del ‘No a la guerra’ sin haber consultado con nadie, sumido en una soledad exponencial en el escenario europeo. A medida que la guerra ha desencadenado la reacción de Irán que está provocando una crisis económica y energética de incalculables consecuencias, el consenso ha ido virando del apoyo inicial a EE UU al miedo a la prolongación de esta guerra sin final.

Con este giro en el tablero, el presidente reafirmará su posición contra la guerra y arremeterá contra el PP volviendo a exhumar el trío de las Azores, si es preciso, para situar a Feijóo al otro lado del muro. Pero es en esta utilización del tiempo donde los populares piensan poner el acento para acusarle de la tardanza en reaccionar y en dar explicaciones al Parlamento. Sánchez primero decide y luego pide permiso. Y ni siquiera. Porque se limitará a informar a sus señorías. Es la crítica de la oposición, que le acusa de llegar tarde y de haber estado todo este tiempo haciendo caja con la recaudación derivada del alza de los precios. Una oposición a la que tampoco se le escapa que, bajo la cobertura de la urgencia internacional, el Gobierno ha introducido, en el decreto, modificaciones de calado que sobrepasan la respuesta coyuntural a esta crisis y que intenta colar ‘goles’ ideológicos que dejan debilitado el papel del Parlamento.

Por eso, el pleno del jueves se presenta menos controlado para el Ejecutivo. Deberá convalidar dos decretos. Las rebajas fiscales para amortiguar el impacto económico de la guerra llevan incorporadas algunas propuestas del PP (la reducción del IVA de los carburantes al 10%), pero no todas (¿la deflactación de la tarifa del IRPF para cuándo?). Si Podemos se abstiene, la validez del decreto dependerá del PP, que piensa escenificar que Sánchez está en sus manos, con todas sus consecuencias. Suspense hasta el último momento. Se entendería más su abstención que un voto en contra de unas medidas que beneficiarán a los ciudadanos. Cuestión de estrategia. Más complicada se le presenta al Gobierno la convalidación del decreto de la vivienda si Junts persiste en su voto negativo mientras Sumar está en pie de guerra. Hay batallas que La Moncloa ya da por perdidas. En el Congreso, las izquierdas no tienen mayoría. Por muchas vueltas que den a la tortilla.