- Las únicas voces discrepantes son: la extrema izquierda financiada por los ayatolás; la extrema derecha de verdad, neonazi, antisemita. Ah, y el Gobierno español, que ha traicionado al hegemón mundial
A Irán, como a Venezuela, el petróleo le ha permitido untar en Occidente a periodistas, políticos, diplomáticos, académicos y zascandiles. Sin tal compra de almas, el régimen de los ayatolás no habría podido manejar durante tanto tiempo, impunemente, los hilos de varios grupos terroristas en Oriente Medio. Ni organizar tantas acciones terroristas por el mundo. Nótese la tardanza en arrojar luz sobre el atentado en Buenos Aires contra la AMIA (1994). No se explica sin cómplices incrustados en el Estado argentino. Cuando el fiscal Nisman intentó que la ley cayera sobre los responsables, y denunció los encubrimientos, fue asesinado.
Irán enviaba una clara señal: pagará con su vida quien nos persiga o denuncie. (Piensen en Vidal-Quadras, vivo por dos milagros). Solo ahora el atentado de Buenos Aires, que provocó la muerte de ochenta y cinco personas, ve a sus encubridores locales señalados en los términos que merecen. Palabras del presidente Milei a los kirchneristas en el Congreso de la Nación, antes de ayer: «Ustedes que se entregaban a Venezuela y que se entregaban a los terroristas de Irán, que nos metieron dos bombas, ¡dale! Donde la corrupta, además, firmó un memorándum. Vení a explicarme qué pasó con Nisman. ¡Dale! ¡Manga de asesinos y chorros!» A los moderaditos de aquí les molestan estas formas infinitamente más que la complicidad de allá.
El acuerdo de Obama con Irán en 2015 levantó las sanciones al régimen. Se sumó, entre otros, la UE. El pacto permitió al gran financiador del terrorismo, al régimen –terrorista él mismo– que nunca ha dejado de amenazar con borrar a Israel del mapa, recuperar decenas de miles de millones de dólares. Recuerdo mi pasmo cuando en 2016 un par de españoles importantes (el director de un gran diario y un ex responsable internacional de primerísima fila), me explicaron con gran preocupación que si Trump rompía el pacto con Irán peligraría la paz mundial.
Su postura la compartía la UE, alcanzando el regodeo en la mentira (el uso civil de un uranio enriquecido muy por encima de lo necesario) con la llegada de Josep Borrell al cargo de Mister PESC. No hace ni un mes que la Eurocámara ha instado por fin al Consejo Europeo a designar organización terrorista a la Guardia Revolucionaria. En 2018, Trump rompió el ominoso pacto de Obama, que había permitido a Irán avanzar en su desarrollo militar y seguir enriqueciendo uranio pese a la letra del acuerdo, una mandanga. En su segunda legislatura, Trump hace lo que una densa red occidental de oscuros intereses venía impidiendo. La nueva realidad envía a los Borrell al pozo de la historia, alinea a los renuentes Reino Unido y Francia con EE.UU. e Israel, y sitúa a los Estados árabes como enemigos de la tiranía que acaba de asesinar a decenas de miles de manifestantes. Las únicas voces discrepantes son: la extrema izquierda financiada por los ayatolás; la extrema derecha de verdad, neonazi, antisemita. Ah, y el Gobierno español, que ha traicionado al hegemón mundial.