José Alejandro Vara-Vozpópuli
- Sube la tensión entre Zarzuela y Moncloa. Sánchez recurre a las ofensas a la Corona como carnaza para la piara del progreso
Cuatro plantones le ha dedicado el Gobierno al Rey en los últimos días. Un ritmo que podría calificarse de obsesivo. Primero fue la ausencia de ministros en el concierto por las Victimas del Terrorismo, en el que Marlaska y Díaz (la portavoz) habían anunciado su presencia. Ni uno ni otra comparecieron, tampoco sus disculpas. Luego fue el feo al presidente de Portugal, Antonio Seguro, quien, pese a su condición de socialista, no logró ver miembro alguno del Ejecutivo español en su toma de posesión en Lisboa. El rosario de afrentas concluyó con un doblete sonado. Ni uno solo de los 22 semovientes que componen el Gabinete acompañó a don Felipe en la toma de posesión de José Antonio Kast, presidente de Chile. La derechona. Tampoco tuvo compañía ministril en su visita oficial a Bolivia, para saludar al presidente Rodrigo Paz, también de derechas, en cuya investidura no pudo estar presente porque Moncloa lo remitió a China, en viaje casi improvisado y quizás movido por el pseudo embajador de Jinping en nuestro país, Rodríguez Zapatero. El titular de Exteriores, José Manuel Alvares, optó por ahorrarse el vuelo al Cono Sur y quedarse en Madrid para resolver el conflicto bélico del Golfo, tarea en la que está logrando resultados espectaculares invocando el ‘no a la guerra’ doce o trece veces por minuto, ejercicio que hace temblar a los ayatolás y satisface a nuestros aliados de la OTAN.
Un Ejecutivo de estresada agenda
Las visitas oficiales del jefe del Estado se desarrollan ya hace tiempo sin el preceptivo acompañamiento de un miembro del Ejecutivo, pese a lo que dispone en ese papelajo encharcado que llaman Constitución. Ninguna de las veintidós figuras del orfeón gubernamental logra hacer un hueco en su apretada agenda de nimiedades -¿a qué se dedicarán Rego, Hereu, Médica y Madre o el atribulado Bustunduy, además de a consumar torpezas y/o maldades?- para cumplir con su deber de acompañar a la Corona en estas ocasiones. “Las dos vías naturales para entrar en el gabinete de los dioses y prever el curso de los destinos son el furor y el sueño”, decía Platón. La única vía para entrar en el Consejo de ministros de Sánchez es el servilismo y la vileza.
Despreciar al Rey, dejarlo solo, es tarea que satisface enormemente a Pedro Sánchez, ansioso por convocar un referéndum sobre la reforma del Estado y erigirse en primer presidente de la Tercera República. En puertas del centenario de la Segunda, faltan horas para que empiece a publicitar tal posibilidad. Tiene a los socios loquitos, ansiosos del nuevo Pacto de San Sebastián, y el aparato de propaganda bien engrasado. El ‘Hodio’ es lo primero. Y millones de euros para Telepedro y digitales orgánicos, lo segundo. De momento se anuncia que en las próximas generales (de haberlas) se podrá votar con una foto del DNI electrónico en el móvil. El presidente de los pucherazos (dos a su propio partido) desconoce el juego limpio.
Zapatero en campaña
En este ambiente tan tenebroso, don Felipe acaba de propinar un sonoro puñetazo en la mesa y, durante su estancia en Santiago de Chile, decidió mantener un encuentro con María Corina Machado fuera de programa. María Corina es persona muy odiada por el sanchismo, enganchado a Maduro y sus fondos oscuros vía Rodríguez Zapatero, quien se pasea en campaña por Castilla la Vieja sin que apenas se le conceda algún epíteto desagradable o se le obsequie con un reproche entre chino y caribeño. Así es la buena gente de España, mansa y sumisa como un coro de novicias Un país con alma de súbdito y espíritu de mucamo, diría don Ramón.
Tiempo atrás, Zarzuela cometió un desliz innoble al aceptar el dictado de Moncloa y no felicitar a María Corina por el Premio Nobel de la Paz. “Nunca lo hacemos”, fue la excusa que se expidió desde la Casa Real. No del todo cierta ya que a un Juan Manuel Santos sí se le felicitó. Esta semana, don Felipe se empeñó en el gesto y se regocijó en el saludo, conversó durante largo rato con la heroína venezolana y, al tiempo, le propinó un delicado corte de entremangas al ruin Albares, el peoncillo más ridículo de la diplomacia europea. Machado agradeció el detalle y no se contuvo al criticar ‘la falta de liderazgo” de Sánchez y al resaltar a la Corona como símbolo de la libertad y los valores democráticos.
El Emérito vuelve a escena
Malas jornadas ha vivido el Jefe del Estado desde que arrancó el año. El inmenso dolor en el funeral por los fallecidos en la tragedia de Adamuz conmovieron hasta el alma a toda España y, por supuesto, a la pareja Real, como se pudo ver en las imágenes de aquella desgarradora ceremonia, a la que tampoco asistió el presidente del Gobierno porque huye de las sacristías como de Paiporta. No le vayan a chiflar. También sobrevino en estas fechas la resurrección del 23-F en forma de desclasificación de unos documentos que aportaron tantas novedades al golpe del tricornio como el contenido de un telediario de TVE -monocorde como una letanía, palo al mono del PP- pero que abrió el debate sobre si el Rey padre, reconsagrado héroe 40 años después, debe volver o no a España. Dos semanas profusas de parloteo sobre el Emérito, que no regresa a su país porque no le da la real, no es precisamente lo que más conviene a la temblorosa Institución ni a quien la encarna y representa, empeñado como está en sacar adelante un proyecto admirable y necesario contra el boicot avieso y persistente de quien debería secundarlo.
La sentada chilena con María Corina se recibió en el Palacio de Santa Cruz como un bofetón. Ya tocaba. Harta paciencia tuvo que acumular el monarca cuando el chulángano del progreso le dejó colgado en el 50 aniversario de la restauración de la Corona porque tenía que acudir a una cumbre de homínidos sicalípticos en Johannesburgo. O algo así. O cuando le devolvían el mensaje de Navidad, perfectamente alineado con el marco en el que se desenvuelve un Gobierno abrasado por la corrupción, un partido anegado por los escándalos y un presidente con su familia en el banquillo. Algún párrafo trufado de dignidad y exigencia cívica sobrevivió a la poda, lo que evidencia, señor Villarino, que cuando se quiere, se puede. Las cosas, Majestad, “no son de suyo tan dolorosas ni difíciles, pero nuestra flaqueza y cobardía las vuelven tales”. Séneca. Mientras don Felipe conversaba con la líder venezolana, Sánchez recibía una felicitación de los terroristas de Hamás por retirar la embajadora española en Tel Aviv. La Corona con la libertad, los criminales con el chulángano. Y el partido en el Gobierno, con los clérigos asesinos. Nada de referirse a la ‘naturaleza criminal’ de los barbudos iraníes. Son tiempos inciertos y casi abominables. Un solo consuelo: “Quienes agitan el Estado son los primeros absorbidos por su ruina”. Ovidio. Así sea.