XULIO RÍOS-EL CORREO

Un común sentimiento de acoso impulsa la simpatía china hacia el Kremlin

Tras la invasión, el escenario es otro. China rechaza la violación de la integridad territorial de un país soberano como Ucrania, aunque «comprende» la reacción rusa ante el desafío del expansionismo militar de la OTAN. En consecuencia, China, como ocurrió en 2014 con Crimea, no se avendrá a reconocer los nuevos territorios segregados de Ucrania porque ello podría, en caso de crisis, abrir la espita en cascada del reconocimiento de la ‘independencia’ de Taiwán. Taipéi condenó sin paliativos la violación de la soberanía ucraniana, calificándola de cambio del estatu quo, y se sumará a las sanciones, incluyendo el cese de la exportación de microchips.

La empatía china con el Kremlin viene suscitada por la interiorización de un compartido sentimiento de acoso, la convicción de que Occidente está dispuesto a todo para preservar una hegemonía sobre la que planea el reto emergente chino, con el ‘sorpasso’ económico al alcance de la mano. A Pekín no se le escapa que Rusia no es rival para Washington y que la hipotética gran batalla está por librarse. Pero de igual forma que la OTAN no renuncia a expandirse en el escenario europeo, la opción de reflotar el QUAD (Estados Unidos, Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda) o de construir el Aukus (Australia, Estados Unidos y Reino Unido) responden a la misma idea: la de contener a China combinando diversas opciones (económica, comercial, tecnológica, militar…).

China es consciente de que una guerra en Europa es una pésima noticia. En modo alguno compensa que EE UU pueda distraerse con esta crisis porque el peso, abrumadoramente, recaerá sobre un continente ahora atado más en corto a Washington y más dependiente de la Alianza Atlántica, una realidad que quisiera ablandar para afianzarse como contrapeso. Ante los hechos consumados, Pekín calibra el alcance de las sanciones y probablemente mitigará cuando pueda sus efectos en relación a Moscú. Sus aduanas ya se han abierto sin restricciones para las importaciones de trigo ruso. Si ante la hipótesis de la exclusión del sistema de pago Swift llevan tiempo trabajando codo con codo en el diseño de mecanismos alternativos, también al dólar en sus transacciones a fin de reducir vulnerabilidades, el grueso del comercio bilateral, poco diversificado, seguirá girando en torno a la energía. China nadará y guardará la ropa echando mano de los malabarismos necesarios.

Pero el ‘modelo Ucrania’ y su supeditación al «contexto histórico» en detrimento de la soberanía democrática puede reproducirse en Taiwán en pocos años. China ha dicho que la reunificación es una línea roja, es decir, un «interés central». Y los vientos no soplan a su favor. No es solo el poder político en Taipéi el beligerante con su proyecto, muy desacreditado tras la crisis de Hong Kong en 2019; es la sociedad taiwanesa la que se aleja más y más. Washington, por su parte, agujerea un día sí y otro también la política de ‘una sola China’ que rubricó en el Comunicado de Shanghái hace ahora 50 años. Por tanto, en poco tiempo podemos hallarnos ante una tesitura de gravedad similar.

Europa padece una nueva guerra en su territorio. Una lección amarga. Debiéramos prepararnos desde ya para evitar que esta crisis tenga un ‘segundo tiempo’ en Asia, quizá en un lustro, dicen los jefes militares del Pentágono. Putin ha dado un primer paso. Los internautas chinos también advierten de que, al igual que Ucrania, Taiwán será abandonado por EE UU y Occidente cuando China pueda destruir fácilmente la infraestructura defensiva de Taipéi. Pero Xi Jinping, a la espera de ser renovado en el XX Congreso del PCCh de otoño próximo, también prioriza la estabilidad, lo cual sugiere la posibilidad de un cierto ajuste estratégico que apueste por el apaciguamiento de las tensiones.

Europa debe tender puentes y capitalizar esa indispensable misión reguladora esencial en la definición de ese orden internacional del siglo XXI que está al acecho. Urge asegurar que los temores en el Pacífico se resuelvan apelando a la disposición preferente de medidas de confianza estratégica. Ucrania representa un test para todos. No dejemos a China más opción que profundizar su ‘comprensión’ con Moscú.