Ramón Pérez-Maura-El debate
  • Decía ayer ‘Politico’ que «el primer ministro español Pedro Sánchez ha aprendido una dura verdad durante los últimos días: Hubo un tiempo en que era uno de los dirigentes más carismáticos e influyentes de la UE, ahora es, en la práctica, el paria del bloque». Y eso en una publicación que tantas veces lo ha elogiado

Mientras Sánchez se ha recluido en La Mareta y Grande-Marlaska ha desaparecido, el Gobierno sacó a pasear ayer a nuestro ínclito Napoleonchu. Salvo decir que Ceuta y Melilla son indiscutiblemente españolas, el resto de su discurso fue para mayor tranquilidad de Marruecos. Todo menos molestar al vecino del sur, ese que nos va a arrebatar la final del Mundial de 2030 como prólogo a robos mayores.

En la cadena SER —no fuera a ir a un sitio donde pudieran hacerle preguntas incómodas—Napoleonchu sostuvo que Marruecos «colaboró desde el primer momento» para contener la llegada masiva de inmigrantes, indicando que las autoridades marroquíes desplegaron fuerzas de seguridad y cooperaron en los retornos. Y no solo eso, rechazó atribuir la crisis a una actuación deliberada del Gobierno marroquí e insistió en que la cooperación con Rabat está siendo esencial para gestionar la situación. ¿Ven por qué creo que nos toma por tontos?

¿Quién tiene capacidad de convocatoria para concentrar en un país 60.000 personas sin que las autoridades de ese país se enteren? Y menos en un régimen como el marroquí, al que yo defiendo por comparación con sus vecinos regionales, pero que tiene un objetivo histórico que es robar a España parte de su territorio.

Lo de Napoleonchu ayer no terminó ahí. Tuvo el valor de pedir «solidaridad» al resto de los estados miembros de la Unión Europea, argumentando que Ceuta y Melilla son fronteras europeas y que la respuesta debe ser común. Añadió que quien no acepte esa solidaridad «trabaja contra Europa». Con un par. Después de llamar al embajador de Italia para protestar contra el Gobierno de Meloni que denunció que España no estaba defendiendo la frontera Schengen —como es nuestra obligación— ahora pide solidaridad. Hay que tener cara. Por algo decía ayer Politico, la publicación bruselense, que «el primer ministro español Pedro Sánchez ha aprendido una dura verdad durante los últimos días: Hubo un tiempo en que era uno de los dirigentes más carismáticos e influyentes de la UE, ahora es, en la práctica, el paria del bloque». Y eso en una publicación que tantas veces lo ha elogiado.

Y, entre tanto, y casi más preocupante buena parte de la oposición y algunos «expertos» tragándose el mensaje de que es una crisis migratoria —ciertamente eran migrantes y no inmigrantes, porque hay que ver a qué velocidad volvieron a su país la inmensa mayoría de ellos— las mafias, la sentencia del Tribunal Supremo que era mejor conocida allí que aquí.

Pues no. Yo también creo que lo que vimos el 30 de julio en Ceuta fue una suerte de ensayo general para una invasión marroquí; que ese acto se vio facilitado por la traición del Gobierno de la nación que no hizo nada. Cuando las fuerzas de seguridad locales anunciaban que aquello iba a ir a más, Marlaska decía que se respondería con los medios que allí había y que eran suficientes. El Gobierno del Reino de España ha dejado en el ridículo más absoluto a nuestros servicios de Inteligencia. O no se enteraron y entonces muy mal, o informaron de lo que venía y el Gobierno les ignoró, quién sabe si para que no se molestase el Rey de Marruecos. Y qué decir de un Ejército que «se despliega» tarde y con porras en vez de fusiles. Heroico.

Por cierto, mi admirado Napoleonchu, siempre tan preocupado por los muertos en Gaza, no lo parece en absoluto por el centenar de personas que han perdido la vida intentando entrar en España. Ni él, ni el resto del Gobierno, la izquierda española y los independentistas catalanes, siempre tan propicios a las flotillas de solidaridad con Gaza. Por si no lo saben, les aclaro que Ceuta está mucho más cerca de Cataluña.