Tonia Etxarri-El Correo
Nicolás Maduro cayó, gracias a una operación militar de EE UU no exenta de polémica, pero el régimen chavista sigue en pie en Venezuela. Donald Trump lo capturó por narcotraficante y aprovechó la oportunidad para anunciar su intención de gestionar el petróleo venezolano. Que se tratara de un dictador y un usurpador de elecciones le importa poco al presidente norteamericano que, en su comparecencia, no habló de democracia sino de negocios. Pero como suele decir el refrán «no hay mal que por bien no venga». Y en eso está la oposición venezolana. Esos casi nueve millones de exiliados que huyeron del régimen bolivariano se mantienen expectantes. Que la transición no se enquiste. Y empezando a comprender que el plan Trump, centrado en el petróleo, puede ser un trampolín para recuperar la democracia y la libertad que les fueron arrebatados desde que Hugo Chávez llegó al poder hace 27 años.
Pero, paso a paso. Para desmantelar el ‘narco-Estado’, con todas sus estructuras oficiales y la élite del ejército corrompida, se requiere tiempo. Y las ideas muy claras. Una cosa es la captura del presidente, cuyo gobierno no fue reconocido internacionalmente a excepción del Grupo Puebla, y otra muy distinta desmontar el chavismo.
Esto acaba de empezar, ¿por qué toma el relevo Delcy Rodríguez? La misma que, hace cuatro años, se plantó en Barajas, a pesar de tener prohibido poner un pie en ‘territorio Schengen’, por «violaciones graves de los derechos humanos», y fue recibida por el ministro Ábalos, aparece como la solución. Se trata de evitar que un vacío político en un país de escasa tradición democrática pueda convertirse en un polvorín. Trump necesita a la guardiana de los secretos del chavismo para abrir la puerta de las petroleras estadounidenses sin que el país se paralice. Como aval de continuidad administrativa. La vía abierta con los militares. Como en las transiciones duras se negocia con quien puede apagar o prender el fuego, no con quien tiene la razón moral, no es el turno de María Corina Machado. Todavía.
La Comisión Europea reclama el protagonismo de la líder de la oposición. El francés Emmanuel Macron, también. Pero Pedro Sánchez va por otros derroteros. Junto a Lula, Petro y Boric, buscando un liderazgo que no tiene. Se ha ido recolocando desde que precisó que él no llegó a reconocer la legitimidad de Maduro. Pero tampoco dio por buenos los resultados electorales. Ha seguido protegiendo a Zapatero y prestó la embajada de España para presionar a Edmundo González a que saliera de Venezuela. Hechos son amores.
El papel de España ha dejado de ser influyente como interlocutor desde que Zapatero se alió con el chavismo y Sánchez se plegó ante sus socios y ex aliados, que se han manifestado en las calles de Euskadi, a favor del dictador venezolano. ‘Maduro, askatu’. En otras concentraciones más lúdicas y numerosas, el PNV y el PP. Anasagasti recuerda que durante años de represión, torturas, asesinatos y fraude electoral en Venezuela, la izquierda se ha mantenido silente. Anatomía de una veintena amordazada. La codicia por el petróleo puede conducir a los venezolanos a la democracia. Eso esperan desde el exilio.