Luis Ventoso-El Debate
  • Cuando proclama muy segura de sí que el problema del fútbol es que hay «demasiado hombre» está señalando porque resulta insufrible cierto feminismo

Si les amenazo con que si no me dicen el nombre de la actual ministra de Educación serán sometidos a un suplicio atroz –por ejemplo, ver entera Los amantes pasajeros de Almodóvar–, la mayoría de ustedes se quedarán en blanco. Se llama Milagros Tolón Jaime y es una toledana de 58 años, militante del PSOE. En diciembre sustituyó a Pilar Alegría, que ha pasado de rostro omnipresente de la propaganda gubernamental a la derrota y el olvido en Aragón, porque cada vez que se abren las urnas los españoles se los quitan de encima.

Tolón, madre de dos hijos, es licenciada en Historia y diplomada en Magisterio. Criada en el barrio del polígono y amiga de Bono (uy, peligro…), durante dos legislaturas ejerció de alcaldesa de Toledo, y según me cuentan algunos vecinos con un desempeño positivo. Además, a diferencia de tantos políticos actuales, trabajó catorce años como profesora para adultos. Y sin embargo…

La flamante ministra de Educación, FP y Deportes acaba de derrapar en una entrevista, víctima del marco mental del wokismo. Tolón ha dejado la siguiente alhaja: «En todas las cuestiones más complicadas que me he encontrado en este Ministerio hay una, que es el fútbol. ¿Y sabéis por qué? Porque hay demasiado hombre». «Menos mal que el fútbol femenino tiene cada vez más fuerza», se consoló, al parecer ajena a la colección de pollos que han montado Las Insufribles en la selección española.

Todo pronunciado por una señora que se llama a sí misma «esta ministra», que habla con un tono sobrado de campeona, con risita perdonavidas y gesticulación enfática. Una manera de pensar y de expresarse que podría ser definida como «charochonismo» (espero que algún día la RAE acaba incorporando mi neologismo, pues recoge una realidad sociológica que está ahí). La dialéctica de la ministra Tolón es muy del PSOE actual: combina un feminismo cargante y politizado con un modo de comunicarse de raigambre poligonera.

¿Qué pasaría si un ministro de un Gobierno de derechas afirmase que el problema del circuito WTA del tenis femenino, o de los campeonatos de gimnasia rítmica, es que «hay demasiadas mujeres»? Se armaría tal revuelo que tendría que pedir perdón de inmediato por su sandez. Incluso podría acabar perdiendo el cargo.

Como no puede ser de otra manera, hoy en Occidente todos estamos a favor de que las mujeres y los hombres tengamos igualdad de oportunidades y de trato (no ocurre lo mismo en los paraísos de Hamás y de los ayatolás, pero ahí no escucharán jamás una queja de seudo feministas del PSOE tipo Tolón). El problema llega cuando el principio lógico y necesario del feminismo –dar la misma consideración a unos y otros– degenera en un ariete para vender una ideología victimista, que en realidad hace de menos a las mujeres, pues las presenta como si necesitasen muletas políticas para competir con los varones. Una obsesión que incluye además el revanchismo contra los hombres, a los que acaba etiquetando como una suerte de orangutanes opresores y abusadores.

Boberías como la de Milagros Tolón hacen daño a la propia causa feminista. De hecho, los excesos del wokismo han provocado una reacción en contra. Entre los jóvenes españoles de 15 a 29 años, que constituyen el futuro del país, el porcentaje de quienes se consideran feministas ha caído del 50 % en 2021 al 38 % hoy (y en el caso de los varones se ha hundido en el 26 %). Es la resaca de la ingeniería social del PSOE.

La izquierda, que pincha siempre en economía con su brasa fiscal e híper regulatoria, buscó nuevas causas para camuflar su incompetencia en lo mollar. Abrazaron así la seudo religión climática, una lacerante subcultura de la muerte, una extraña fascinación por la homosexualidad, el desprecio hacia su propio país para rendirse al separatismo xenófobo y un feminismo exaltado y empalagoso.

Todo eso está hoy a la baja en un Occidente que va retornando al sentido común. Pero en los ministerios charochonistas todavía no se han enterado. Ni tampoco parecen haber reparado en que el PSOE estaba dirigido por una banda de adictos a los lupanares y las meretrices. Ni en que el Gobierno feminista enchufó a la mujer del presidente para sus cátedras y negocios, liberó a casi mil violadores con su torpeza legislativa y albergaba a acosadores de mujeres hasta en las oficinas de la Moncloa (para más señas, un amiguete del líder supremo).

Por no hablar de que el súper Gobierno feminista es en realidad una pandi de chicos, donde el presidente trata a las mujeres como floreros para gobernar en la práctica con Bolaños, Cuerpo, España, Marlaska y Puente. Ni una mujer en el auténtico núcleo duro de Sánchez, cuyo feminismo real es más o menos similar al de El Fary, que en gloria esté, o al que aprendió en la lucrativa convivencia familiar con el inolvidable emprendedor Sabiniano.