Manuel Montero-El Correo
- La izquierda abertzale hizo todo lo que pudo contra la vía autonomista de Garaikoetxea. ¿Cuándo cambió de opinión y por qué?
Asegura Otegi, en funciones de caudillo de la izquierda abertzale, que Garaikoetxea fue «un abertzale e independentista íntegro que fue capaz (…) de hacer cosas extraordinarias en tiempos extraordinarios». Lo extraordinario es la desvergüenza. Al lehendakari Garaikoetxea la izquierda abertzale le insultó un día sí y otro también, llamándolo españolista, autonomista, presidente de un «gobierno vascongadillo». «Ha traicionado a los que lo hemos dado todo por Euskadi», escribía ETA en agosto del 79. Era españolista, decían, «extranjero y traidor (que) debería dar cuenta ante los tribunales del pueblo de Euskadi libre».
Obviamente, los autores del texto estaban como cabras. Asesinaban, extorsionaban, todavía escribían Euskadi, pero se colige que tenían algún problema mental, no solo era odio.
La izquierda abertzale hizo todo lo que pudo contra la vía autonomista de Garaikoetxea y despreció el «autogobierno vascongadillo». ¿Cuándo cambio de opinión y por qué? ¿Se arrepiente de haber acosado al autogobierno y de haber apoyado el ataque terrorista a la autonomía que presidía Garaikoetxea? ¿Y de haberlo amenazado?
No son cuestiones secundarias ni de mero interés histórico, sino cruciales, pues si bien cambiar de opinión es de sabios, conviene saber si realmente ha cambiado o es mera estrategia retórica. O si, simplemente, sucede que nos toman (a los ciudadanos) por tontos, capaces de creerles cuando dicen una cosa y la contraria.
Hay razones para imaginar que todo es pura desvergüenza, desfachatez retórica, pues suelen hacer gala de mantener siempre los mismos criterios, tan solo adaptándolos a las coyunturas. ¿Quienes asesinaron en nombre del pueblo vasco han reconocido que cometieron delitos o siguen considerándolos contribuciones señeras a la liberación del pueblo vasco? No hay reconocimiento, mucho menos arrepentimiento: cabe suponer que los cambios en la verborrea «revolucionaria» son mera adaptación coyuntural. Nunca se disculparon de sus menosprecios a la democracia autonómica.
Si no crearon «los tribunales del pueblo libre de Euskadi» fue porque no pudieron hacerlo. Se quedarían con las ganas. No hay por qué pensar que se les han pasado.
Por lo que se ve, la realidad y la memoria ya no cuentan, solo lo que se dice de ella y la gente cree. En esto la izquierda abertzale da sopas con honda a cualquiera. Lo importante es construir una narrativa que re-cree los sucesos, que los vuelva a crear. La ideología construye los patrones sobre los que se establecen las interpretaciones.
Un crimen, delito o falta se establecen como tales ideando o rechazando narrativas. Todo es según, pero si habla la izquierda abertzale vale crucificar a Garaikoetxea y ensalzarlo. Según toque.
No se busca explicar la realidad, sino crearla. Los totalitarios que jalearon el terrorismo quieren hacernos creer hoy que defendían a los grupos populares: es pura imaginería, pero cuela incluso allende el Ebro, hay quienes los ven como unos héroes toscos pero de corazón altruista. Quienes miraron para otro lado difunden la idea de que nunca pasó nada y lo hacen con éxito creciente. ¿Hubo asesinatos, asesinos? Parece ser que sólo «vulneración del derecho a la vida», de creer los relatos hegemónicos. La desvergüenza.
Subsiste la desfachatez. La política batasuna consiste en crear una sociedad en la que los asesinos no sean considerados asesinos sino héroes.
Las reacciones que entre los suyos ha provocado la noticia de la excarcelación de ‘Pototo’, quien ordenó el secuestro de Ortega Lara y participó en varios asesinatos, sugieren que están donde estaban, en la idealización del terrorista al que no consideran tal. Le dicen en internet «guerrero vasco», «30 años en prisión y otros tantos luchando», «ongi etorri» una y otra vez, «eusko gudari»…
Nada ha cambiado.
La izquierda abertzale mantiene sus objetivos de siempre, de aire belicista, y adopta una jerga pueril que quiere hacerlos aceptables. Dice Otegi: «Es una inversión de futuro que no haya presos vascos». No hay novedad en el frente, salvo la palabrería artificiosa que habla de inversión y futuro. Dice que su propuesta/exigencia resulta esencial para la convivencia «respetando la sensibilidad de las víctimas», una insensible barbaridad conceptual que imagina que las víctimas estarán encantadas con la liberación de los criminales.
La incapacidad de cambiar y su insensibilidad con las víctimas da su fisonomía pétrea a la izquierda abertzale. Su fuerza depende en buena medida de su radicalismo arcaico y de su fascinación por la violencia. Nunca han mostrado arrepentimiento sino orgullo por las brutalidades del pasado. Su ideología es preideológica, formada por nociones fosilizadas que consideran certezas absolutas.
Por eso cabe odiar y alabar a la misma persona según convenga. ¿Evolución, rectificación? Solo adaptación a las conveniencias.