Luis Ventoso-El Debate
  • De dedicar cartas de amor a Begoña ha pasado a adornar sus misivas con citas de un filósofo marxista que fue estalinista hasta los setenta tacos

Son muchos los libros de cartas que se han convertido en pequeños clásicos, como Las amistades peligrosas de Choderlos de Laclos, el Drácula de Bram Stoker, o las epístolas de Bécquer que componen Desde mi celda. Pero el género epistolar ha cobrado un nuevo vigor en el siglo XXI con las «cartas a la ciudadanía» y «al Partido» de Sánchez Pérez-Castejón, gemas literarias que deberían ser pronto musicadas por David Azagra (con cargo a los fondos europeos). Don Pedro comenzó con la famosa Carta de amor de gavilán a pichona, la de los cinco días de falsa meditación sobre si lo dejaba. Y a partir de ahí se ha embalado y nos está forrando a misivas.

Este domingo, Don Pedro se levantó creativo y dictó a su ejército de fontaneros de Moncloa una «carta al PSOE» para levantar el ánimo de la militancia. La misiva es como si pones a escribir de política a un chavalillo de primero de Bachillerato con la cabeza demasiado caliente.

En tono conspirológico, Don Pedro comienza explicando que estamos amenazados por una conjura de la «internacional ultraderechista», ante la que no se puede tirar la toalla. «El mayor deber de los progresistas es hacer frente a esa realidad», nos advierte, antes de poner a parir la intervención militar de Trump que ha defenestrado al horrendo dictador Maduro.

A continuación, Don Pedro abronca a los desleales del partido que se están creyendo las encuestas que otorgan a la suma de PP y Vox una ventaja ya irreversible. Frente a esos agoreros, Mi Persona nos reconforta diciéndonos que él está «cargado de energía y con la ambición de siempre». Y acto seguido enumera las tres razones por las que hay que seguir luchando contra «la internacional de la ultraderecha». La primera es que España va como una moto bajo su sereno liderazgo, «los resultados económicos nos avalan», pues son los mejores «de la etapa democrática en España» (debe manejar estadísticas del profesor Tezanos).

El segundo motivo es «la responsabilidad global». Con Don Pedro al frente, España es hoy «el mayor contrapeso» contra «el avance de la internacional de la ultraderecha». Así que necesitamos que siga en la poltrona como sea.

En el tercer punto, Don Pedro -o el negro que le ha escrito el papel- se nos pone intelectual y explica que el último argumento para resistir la oleada ultra «es aquello que el socialista alemán Ernst Bloch llamó en 1947 ‘el principio de la esperanza’; los progresistas tenemos el deber moral de luchar por el progreso, especialmente cuando el progreso está en peligro».

¿Y quién era Ernst Bloch, filósofo alemán de ancestros judíos nacido en el Palatinado en 1885 y muerto en la RFA en 1977? Pues se trata de una reliquia del marxismo, que gozó de una cierta influencia en los años sesenta y setenta y que ahora está más olvidado que el comediscos. La eminencia que ensalza Don Pedro como fuente de autoridad intelectual y como faro para la causa fue durante toda su vida un marxista entusiasta. Pero hay más: durante buena parte de su vida adulta defendió el estalinismo, incluidos sus crímenes.

En 1937, este entrañable Bloch que tanto gusta a Sánchez publicó un artículo titulado El jubileo de los renegados, en el que justificaba las salvajes purgas de Stalin en 1936-37.

Bloch se exilió en 1933 huyendo del nazismo. Tras pasar por Suiza, Italia y Francia recaló en Estados Unidos, donde vivió diez años y fue tratado con desdén, precisamente por su ferviente comunismo, que incluía citas como la que sigue: «Lenin y Stalin son verdaderos caudillos de la felicidad, figuras directrices del amor, de la confianza, del respeto revolucionario».

De vuelta a Europa en 1947, el filósofo elige afincarse en lo que dos años más tarde se convertirá en la siniestra RDA, que en 1955 le concede su Premio Nacional. Al año siguiente, la represión de la Revolución Húngara remueve por fin la conciencia del veterano comunista, que empieza a plantear sus primeras pequeñas dudas en alto sobre el modelo soviético. Se ha dado cuenta de que aquello no es tan guay, ¡cuando ya tiene 71 años! Ante sus quejas lo apartan de su cátedra, pero le permiten seguir viajando. En 1961, la construcción del Muro lo sorprende con su mujer en Alemania Occidental y deciden no regresar al paraíso del proletariado.

Don Pedro, que derrotó a Madina en las primarias presentándose como el candidato más moderado y menos socialista, se abraza al radicalismo en los días finales de su funesta okupación del poder. Ayer se apresuró además a firmar un comunicado contra el derrocamiento de Maduro en compañía de Petro, Lula y Claudia Sheinbaum, demagogos de izquierda populista con los que se siente muchísimo más cómodo que con sus pares occidentales de las democracias clásicas.

Este último año de sanchismo va a resultar entretenido. Si la deriva continúa a la velocidad que va, en unos meses lo tendremos embutido en un chándal estilo Maduro, con la estelada impresa en el pecho y la ikurriña en la espalda y tocando la txalaparta en TikTok para acercarse a los jóvenes luchadores que batallan contra «la internacional de la ultraderecha».

Cómico. De no ser trágico. Minutos basura de una legislatura muerta.