- Resulta obsceno escuchar que Zapatero, el padre de la resurrección de las dos Españas, ha tenido mucho protagonismo en la liberación de los presos políticos
La pregunta no se centra en dónde se encontraba el viejo dirigente socialista desde que se publicaron en este diario las fotografías en las que se le veía con su testaferro en los montes de El Pardo. No. Tampoco dónde pasó la Navidad. Creo que en República Dominicana y en alguna urbanización de lujo tipo La Romana. Tampoco. Se trata de saber dónde estaba José Luis Rodríguez Zapatero, supuesto asesor de la dictadura chavista desde hace una década, cuando ese régimen detenía a miles y miles de opositores y los llevaban a un centro de tortura. O cuando mataron hasta cuatrocientos venezolanos en las manifestaciones contra el régimen. O cuando ocho millones de venezolanos, muchos en condiciones infrahumanas, abandonaron su país de nacimiento, protagonizando el mayor éxodo de personas por causas políticas de toda la historia de Hispanoamérica. ¿Dónde estaba Zapatero?
La pregunta también pide la respuesta acerca de qué opinaba el antiguo presidente de nuestra nación, el señor Zapatero, cuando Venezuela, uno de los países con más recursos naturales del mundo, llevó a la pobreza más absoluta al 90 % de su población. Hasta el punto llega la pobreza en ese país que posee uno de los mayores tesoros minerales del mundo, que un profesor cobra al mes en bolívares lo equivalente a dos dólares, es decir, un euro y medio.
Lo más sangrante es, sin embargo, conocer lo qué hacía Zapatero cuando en Venezuela a lo largo de los años se llevaron a cabo más de diez mil ejecuciones extrajudiciales, que es exactamente lo que en Argentina y Chile llamaban «desaparecidos». Bajo las dictaduras de Videla y Pinochet se llevó a cabo la ejecución extrajudicial de 8.700 personas. En Chile fueron algo más de 1.300. Siempre según datos de los relatores. En Venezuela se superan los diez mil. ¿No hay nada que decir?
Mientras escribo me asalta la certeza del corazón tan negro que parecen tener determinados dirigentes del socialismo español. Da miedo pensar que nos gobernaron y nos gobiernan personas con cero sensibilidad hacia el dolor ajeno. ¿Dónde están las ansias infinitas de paz de la que presumía? ¿O era todo impostura? Tal vez se despistó contando nubes mientras sus amigos venezolanos protagonizaban una de las dictaduras más crueles que se recuerdan.
Pierde el tiempo la izquierda y la extrema izquierda política y mediática de España si esperan que los venezolanos les comprendan o les compren su mercancía intelectual averiada. Esto va de otra cosa.
Por todo lo anterior, resulta obsceno escuchar ahora que Zapatero, el padre de la resurrección de las dos Españas, ha tenido mucho protagonismo en la liberación de los presos políticos españoles –detenidos ilegalmente, no «retenidos»–. Hombre, ya pudo hacer esas gestiones antes de que los Estados Unidos detuviesen a Maduro. Al mismo tiempo que trabajaba para empresas diversas también pudo lograr, por ejemplo, hace unos meses la libertad del yerno de Edmundo González, al que contribuyó a exiliar.
Hay en marcha una campaña para blanquear a José Luis Rodríguez Zapatero, inventándose gestiones que no hizo. Ya lo de menos son sus implicaciones económicas en presuntos casos de corrupción. Lo tremendo es la negrura de ese corazón que miraba para otro lado mientras Venezuela vivía un infierno.