Elena Moreno Scheredre-El Correo

  • La tenacidad de los idiotas es capaz de desgastar a cualquiera que respete las leyes de la convivencia

Relacionarse con un idiota es complicado, hacerlo con un idiota poderoso resulta un reto, pero cuando al idiota y poderoso se le suma la mala educación, la prepotencia y el machismo cavernario tenemos la fiesta a punto de empezar. Giorgia Meloni acude a las reuniones internacionales subiéndose al último peldaño de su escalera interior, y al margen de su ideología, como mujer la acompaño en esa descarada soledad con la que no tiene otro remedio que bregar. Sospecho que para haber llegado a donde está se ha tenido que tragar una variedad de sapos que ni puedo imaginar. Habrá dado codazos para hacerse hueco entre los egos de los hombres de su partido con una dieta rigurosa de ternura y empatía, pues por mucha lluvia fina que caiga en el paraíso, el mundo sigue siendo masculino.

Se hace difícil entender que Trump haya sido elegido democráticamente nada menos que dos veces, pero así es, y si San Pedro tiene las llaves del cielo, él las tiene de este planeta que no coge postura y que ignora si hay en este momento un alto el fuego o las bolsas caerán el lunes. A Trump le importa un bledo situarse aquí o allá, desdecirse o prometer. No hay líneas rojas más allá de sus beneficios. Humilla sin que se le mueva uno de sus apuntalados pelos, discrimina sin mirar hacia atrás y hace rodar las columnas que sostienen el sistema democrático porque le entorpecen la vista de sus soñados ‘resorts’. Y aquí estamos, dejándole entrar el primero, dándole los asientos otrora dedicados a los ilustres, y soportando sus amenazas un día sí y otro también.

Reconozco que la tenacidad de los idiotas es capaz de desgastar a cualquiera que respete las leyes de la convivencia, pero se hace difícil seguir esperando una señal y consintiendo que el malcriado poderoso altere como lo hace la geopolítica del planeta. Yo apostaría a que Meloni, que ha mostrado su incomodidad con gestualidad latina, va a resarcirse de la frasecita con que el adonis americano la obsequió. Decir que él iba a necesitar una orden de alejamiento era llamar acosadora a la primer ministra italiana y, en ese terreno, cualquier mujer sea de izquierdas o de derechas es incapaz de metabolizar la mala leche que te entra cuando un baboso se erige en líder de la manada. Este señor estimula mis malos pensamientos, es un imprevisto paquidermo en el camino. Sueño con convocar a esa legión de adivinas con poderes sobrenaturales, como quien convoca un apagón para protestar por el precio de la luz, y que cerremos los ojos y pensemos en algún tipo de eccema que le ataque alguna zona sensible para que se concentre únicamente en rascarse. Por muchas cumbres que se convoquen, dependemos del día que tenga Trump para preocuparnos por Groenlandia, o por entender si por fin hay un alto el fuego en el golfo Pérsico o no. El calor avanza secándonos las meninges y a los elegidos les sobra tiempo para volvernos locos. Un eccema, solo eso.