Editorial-El Español
- El disparate del doctor Trump: suministra al ‘enfermo imaginario’ una pócima letal para todos
Los aranceles de Donald Trump provocaron ayer viernes un desplome de las bolsas en todo el planeta. El IBEX 35 cayó un 5,8% y el resto de bolsas europeas cerraron con caídas cercanas al 4%. A media tarde, Wall Street se había dejado un 4%.
El pesimismo se apoderó de los mercados internacionales y las noticias de represalias futuras (China anunció aranceles del 34% a todos los productos estadounidenses y la UE amenazó a las Big Tech americanas) se sucedieron a lo largo del día.
La respuesta de Donald Trump fue la de arrancar a tocar la lira mientras el mundo ardía.
Preguntado por las reacciones internacionales, el presidente americano afirmó que la respuesta de los mercados y de los gobiernos internacionales ha sido «la esperada» y se ofreció a negociar con aquellos países que le ofrezcan «algo fenomenal».
Las especulaciones sobre qué busca realmente el presidente americano (¿quizá una recesión mundial que devalúe el dólar y permita aumentar exponencialmente sus exportaciones?) fueron también habituales a lo largo de la jornada.
Pero la tranquilidad, real o fingida, con la que Trump ha respondido a la crisis de pánico de los mercados, una crisis que podría desembocar con facilidad en una recesión mundial, contrasta con el estado de supuesta gravedad que el presidente americano atribuye a la economía americana y que ha provocado la imposición de aranceles masivos a casi todos los países del planeta, amigos o enemigos.
Trump ha aplicado así una receta potencialmente letal a un enfermo imaginario, y la estragante pócima arancelaria va camino de resultar tan dañina para la economía estadounidense como para la europea, la china y la del resto del mundo.
Como hizo también cuando cifró en 500.000 millones de dólares la cantidad de dinero que Ucrania debe devolver presuntamente a los Estados Unidos por su ayuda en la guerra contra el invasor ruso, Trump ha afirmado que su país ha sido «saqueado» por naciones extranjeras y que los aranceles son necesarios para reequilibrar un tablero comercial que él ve inclinado en contra de los EE. UU.
Pero la realidad es que el déficit comercial estadounidense (un déficit real: con la UE es de aproximadamente 250.000 millones de dólares y con China, de 300.000 millones) no es en realidad una señal de debilidad, puesto que le ha permitido a Estados Unidos convertirse en la nación más rica, influyente y poderosa tanto cultural como científica, tecnológica y militarmente del planeta.
La presunta «debilidad» americana no es más que una derivada de su hegemonía.
La idea de un déficit comercial «equilibrado», además, no es sólo conceptualmente absurda, sino irrealizable en la práctica.
Y sólo hace falta imaginar qué ocurriría si Cataluña, por ejemplo, le exigiera a Aragón, la Comunidad Valenciana o la Comunidad de Madrid un balance comercial simétrico, obviando que la economía es el resultado de millones de decisiones individuales, pero mutuamente interconectadas. Intentar que esas decisiones de empresas y consumidores arrojen un resultado exquisitamente armónico no está muy lejos de las fantasías comunistas sobre la planificación centralizada de la economía.
Las críticas a los aranceles de Trump han sido prácticamente unánimes en todo el planeta, incluso entre partidos socialistas y de extrema izquierda, que parecen haber descubierto de forma súbita las virtudes del libre mercado y el daño que generan en la economía las tarifas, los impuestos y los aranceles. No hay mal que por bien no venga.
Pero el problema a medio y largo plazo no es sólo el daño que los aranceles de Trump provocarán en la economía internacional, sino el riesgo de que el mundo responda a la arremetida proteccionista del presidente americano con un aumento recíproco del intervencionismo y del proteccionismo en las economías nacionales.
Estados Unidos no estaba enfermo. Pero la receta de Trump puede conseguir que acabe estándolo tras un previsible aumento de la inflación y, lo que es peor, contagiándole su enfermedad al resto del planeta.