Ramón Pérez-Maura-El Debate
  • La estrategia ahora es denigrar al Rey Juan Carlos y a Felipe, en su ofensiva hacia la tercera república. Este intento de enmerdar a Don Juan Carlos es exactamente lo mismo que lleva haciendo la ultraderecha desde 1981. Y ya tenemos muchas pruebas de que a Sánchez le encanta fomentar las tesis de ese sector

El planteamiento del Gobierno de provocar polémicas para que se hable de otra cosa y no de, por ejemplo, cómo ponen al zorro a guardar el gallinero (véase el DAO), empieza a ser muy cansina. Todavía me acuerdo de cuando anunciaron el embargo de la compraventa de armas a Israel. Me indigné. Gratuitamente, porque hemos seguido con ese comercio sin pestañear. Y estoy seguro de que no ha sido como consecuencia de mi modesto enfado.

Hoy empezaremos a saber qué es lo que queda por conocerse del 23F. Y sospecho que será poco y nada escandaloso en puridad. Salvo lo que el Equipo Nacional de Opinión Sincronizada quiera manipular. Ya ha dicho un buen conocedor de lo que ocurrió, Javier Cercas, que no queda nada relevante por descubrir. La cuestión es por qué Sánchez decide abrir la caja ahora.

Lo que dio ayer el Gobierno es un paso firme en su proceso frentepopulista. ¿Por qué se desclasifica ahora y no hace un año, dos o siete? La estrategia ahora es denigrar al Rey Juan Carlos y a Felipe González, en su ofensiva hacia la tercera república. Este intento de enmerdar (con perdón) a Don Juan Carlos es exactamente lo mismo que lleva haciendo la ultraderecha desde 1981. Y ya tenemos muchas pruebas de que a Sánchez le encanta fomentar las tesis de ese sector.

Y luego está el caso de Felipe González. Sánchez jamás perdonará la pública hostilidad que le ha manifestado González. Está montando una ofensiva republicano frentepopulista para desprestigiar a González junto con Don Juan Carlos. Veremos cómo asumen la tesis de los golpistas de que el 23F ambos estaban preparados para aceptar el llamado Gobierno de concentración (término golpista). Y que la legitimidad y el largo mandato de González vienen de esa maniobra. Y como el felipismo habría nacido de las sombras del 23F, y la Monarquía se asentó sobre un supuesto cambalache con los golpistas, todo es ilegítimo. Con un par.

La idea ahora es llevarse por delante la última encarnación de la Transición. A ojos de la mayoría, muertos Suárez, Fraga o incluso Carrillo, la Transición la encarnan hoy el Rey Juan Carlos y Felipe González. Desprestigiándolos a ellos, se lamina la Transición como referencia de concordia y convivencia. Exactamente lo que Sánchez pretende lograr para legitimar su polarización de España: acabar con la memoria de la Transición, cuyo éxito legitima la Monarquía, más allá de la Constitución o la legitimidad dinástica

Por cierto, agradeceríamos saber si los papeles que el ministro de Defensa nombrado tras el golpe, Alberto Oliart, donó a una fundación, han sido expurgados. Eran unos papeles en los que, según me dice quien los vio, había muchos detalles de la llamada trama civil. Y, como bien dice un brillante letrado amigo mío: «La trama, el conocimiento de la trama, la financiación de la trama, el aliento a la trama, el aplauso a la trama, etc., etc., etc. Las mil maneras de la autoría o de la complicidad ideológica, que son un barullo del derecho penal. Todo prescribe, salvo el daño político para las instituciones que sobreviven. Las personas físicas están ya muertas y la responsabilidad penal no se hereda».

Y ahora, de lo que se trata es de acrecentar ese daño político para las instituciones. Van de la mano la extrema izquierda que encarna Sánchez y la extrema derecha. Cuando se quiere derribar un edificio, no es tan difícil si se ubica la viga maestra.