- Nada inesperado en el salón de masaje que La 1 puso este miércoles a disposición de Sánchez.
Yo seré un perro, pero no tengo amo».
Poco antes de acudir a su cita en el programa Mañaneros 360 de TVE, Pedro Sánchez pronunció esta frase en el Congreso para responder a quienes le acusaban de estar sometido a chantaje por Marruecos.
Yo creo que aspiraba a sonar a desafío, a calentar el previo a la entrevista. Pero el verdadero problema de esta legislatura no es si el presidente tiene o no tiene amo, al revés. Es que se comporta como si él lo fuera.
El presidente Sánchez se ha apalancado en una atalaya por encima del conflicto, de las instituciones, de los partidos, de los medios y de los controles democráticos, mientras reclama para sí la capacidad de decidir quién merece lealtad, quién debe servir a qué relato y quién queda convertido en enemigo.
El Consejo de Informativos de TVE había rechazado frontalmente que una entrevista política al presidente del gobierno de España se realizara en Mañaneros 360, al tratarse de un espacio producido con una productora externa.
Ya en enero elaboró un informe muy severo sobre este programa, señalando problemas de sesgo, mezcla de información y opinión, responsabilidad editorial opaca y tratamiento favorable al Gobierno.
Además, por el carácter de máximo interés público de esta entrevista, el Consejo reclamaba que fuera realizada por profesionales de los Servicios Informativos de RTVE. Es decir, por servidores públicos.
Pero, como si estuviéramos en un remake de Django desencadenado, en esta casa se hace lo que dice el amo.
El interés de lo que el presidente vino a contar después en el plató sobre la capacidad de presión de Rabat, la próxima visita del rey a Ceuta, la foto de Robles con el rey y el ejército, el supuesto calendario electoral, la lista gris de Marlaska o las habituales acusaciones contra la derecha tendió a la máxima irrelevancia.
Nada inesperado en el salón de masaje.
Sánchez volvió a hacer lo que lleva haciendo demasiado tiempo: presentar el ejercicio del poder, amado amo, como sustituto de la rendición de cuentas.
La reivindicación de haber estado «al pie del cañón» en Ceuta durante todo agosto, la promesa de más infraestructura para acoger migrantes, la desclasificación selectiva de informes del CNI que llegan justo hasta el día anterior a la crisis, el reproche a un Tribunal Supremo que ha suspendido cautelarmente la Ley de Nietos, la burla despachada contra Isabel Díaz Ayuso por su ático…
Negar, minimizar, aplazar, silenciar.
📺🔴 Moncloa impuso a Cintora y a Palomera en la entrevista de Pedro Sánchez en TVE para no perder el control del relato
✍️ Por @canocadiz https://t.co/W2410Yi1WS
— EL ESPAÑOL (@elespanolcom) September 9, 2026
Quizá lo más inspirador fuera su «yo creo en José Luis Rodríguez Zapatero«. Saber que contará con él para la campaña electoral de 2027 no deja de conmover.
En conjunto, apenas ruido blanco, como el zumbido de una antigua televisión sin señal, como el sonido de un ventilador o de la lluvia gris, para enmascarar los crujidos de fin de época.
No hace falta destruir el Parlamento si consigues convertirlo en escenario.
No necesitas controlar formalmente a los jueces si puedes presentar cada decisión que te perjudica como sospechosa.
No necesitas silenciar a los periodistas si puedes construir espacios en los que el relato llegue convenientemente empaquetado.
No necesitas abolir las reglas si consigues que quienes deben aplicarlas empiecen a considerarlas obstáculos.
Lo importante es qué significa que la televisión pública sea percibida como territorio de protección narrativa en lugar de como espacio de escrutinio. ¿Qué quedará de las instituciones cuando termine la era Sánchez y qué mecanismos de poder habremos normalizado mientras tanto?
🔴‼️🗣️ Page asesta a Sánchez su golpe más duro: «Vive arrodillado ante las minorías más sangrientas» y tiene «nula credibilidad» https://t.co/rFSzlxvlLb
— EL ESPAÑOL (@elespanolcom) September 9, 2026
Un Estado democrático es, por definición, un sistema de límites al poder. El viejo autoritarismo necesitaba cerrar periódicos, prohibir partidos, perseguir opositores, pero el nuevo poder puede ser mucho más sofisticado.
Puede conservar las instituciones, celebrar elecciones, mantener los procedimientos y, al mismo tiempo, ir vaciando de autonomía todo aquello que debería limitarlo.
Lo que viene a ser ejercer de «puto amo», en palabras del ministro Puente.
Pero una democracia no se define porque tenga un buen amo, sino porque nadie puede serlo. Precisamente por eso, nadie tiene derecho a estar por encima de las reglas que nos hacen libres.
Y sostenerse no es, y nunca ha sido, gobernar.