Adolfo Lorente-El Correo

  • La obsesión de Trump por la isla danesa puede llevar a Copenhague a pedir el apoyo de sus aliados, que estarían obligados a defenderla en caso de una agresión que, paradójicamente, llegaría desde EE UU, uno de esos países sometidos a la cláusula de defensa mutua

Cuando a uno le preguntan sobre la Organización del Tratado del Atlántico Norte, la OTAN, la respuesta siempre deriva a la novela ‘Los Tres Mosqueteros’ de Alejandro Dumas. Ya saben, el hasta ahora épico e invencible ‘todos para uno y uno para todos’ que explica, por ejemplo, por qué Rusia intenta por todos los medios que Ucrania nunca llegue a formar parte del club occidental más poderoso. ¿Hasta ahora? Sí, hasta ahora… Atentos a Groenlandia y la obsesión de Donald Trump porque puede arruinar el andamiaje del mundo libre construido tras la Segunda Guerra Mundial y llevar a la Alianza Atlántica a hacer un ridículo histórico.

Veamos. El ‘todos para uno y uno para todos’ está consagrado en el Artículo 5 de la Alianza Atlántica. Dice así:

«Las partes acuerdan que un ataque armado contra una o más de ellas, que tenga lugar en Europa o en América del Norte, será considerado como un ataque dirigido contra todas ellas. Y, en consecuencia, acuerdan que si tal ataque se produce, cada una de ellas, en ejercicio del derecho de legítima defensa individual o colectiva reconocido por el artículo 51 de la Carta de las Naciones Unidas, ayudará a la parte o partes atacadas, adoptando seguidamente, de forma individual y de acuerdo con las otras partes, las medidas que juzgue necesarias, incluso el empleo de la fuerza armada, para restablecer la seguridad en la zona del Atlántico Norte».

Y añade: «Cualquier ataque armado de esta naturaleza y todas las medidas adoptadas en consecuencia serán inmediatamente puestas en conocimiento del Consejo de Seguridad. Estas medidas cesarán cuando el Consejo de Seguridad haya tomado las disposiciones necesarias para restablecer y mantener la paz y la seguridad internacionales».

Sé que suena ridículo, pero podríamos toparnos con un escenario en el que Estados Unidos, que ha pasado de primo protector a matón de patio de colegio, decida hacerse con Groenlandia por la fuerza porque así lo quiere Donald Trump. Un bailecito por aquí, una gracieta por allá… Y ¡zas!, nos levantamos una buena mañana, quizá más pronto que tarde, en la que Washington anuncia que se ha hecho con la isla helada porque es vital para la defensa de Occidente.

¿Entonces? Dinamarca, uno de los socios más respetados de la Unión Europa y miembro de la OTAN, decidiría convocar de urgencia el Consejo de Seguridad de la Alianza e invocar el Artículo 5. ¿Recuerdan? ‘Todos para uno y uno para todos’. La épica. La unión. La solidaridad. Es decir, que los otros 31 países que la integran estarían obligados a acudir en su auxilio, incluso militarmente. ¿La OTAN contra la OTAN? ¿Estados Unidos contra Estados Unidos? Ridículo, ¿no?

De consumarse este escenario inconcebible durante décadas y que ahora, lamentablemente, tiene muchos visos de hacerse realidad, «todo se terminará». Sí, sí, todo, «incluida la OTAN y el mecanismo de seguridad que sigue vigente en Europa desde el fin de la Segunda Guerra Mundial». No lo digo yo, lo advierte la primera ministra de Dinamarca, Mette Frederiksen, quien confiesa estar haciendo «todo lo posible para que esto no se produzca porque creo en la democracia y en las normas internacionales». La demo… ¿qué? No vienen buenos tiempos, no.