Bieito Rubido-El Debate
  • Solo con que abordara esas cuestiones, estaría trabajando para el bien común, para el interés general. Pero Sánchez tiene de todo –especialmente maldad y crueldad– menos empatía con el que sufre e interés por arreglar los problemas de los más vulnerables

Del mal momento que padecemos en el ámbito político español habla bien a las claras la última información del diario progubernamental de la mañana, que ayer nos adelantó que Pedro Sánchez, el ocupante de la Moncloa, prepara una batería de medidas para confrontar con las autonomías del PP. Eso quiere decir que se va a enfrentar prácticamente a toda España, excepción hecha de País Vasco y Cataluña, donde están incubados los huevos del odio al resto del país. Pues, ¡menudo programa de gobierno! Sufrimos un gobernante que parece dispuesto a hacérselo pasar mal a los ciudadanos que gobierna, bajo la premisa de que defiende a los más desfavorecidos, hecho que es desmentido tercamente por la realidad.

Lo que tenía que hacer Sánchez es un buen plan de construcción de viviendas. Un plan que comenzase por eliminar todas las trabas burocráticas que las distintas administraciones van colocando en el camino a los promotores inmobiliarios. En España, liberar suelo para construir hogares exige un esfuerzo de más de diez años. Es tan sencillo como legislar en la dirección contraria. Como también sería necesario cambiar una legislación tremendamente intervencionista en materia de concesión de créditos y subrogación de hipotecas. No solo hay que echar cemento y ladrillo siguiendo un plano, también hay que crear un ambiente que favorezca la construcción de viviendas.

He puesto el ejemplo de la vivienda, pero el catálogo es muy amplio. Desde la bajada fiscal para que los ciudadanos tengan más dinero en sus bolsillos, pasando por una puesta al día de los trenes, hasta una política que nos iguale a todos en lugar de discriminar a unos territorios frente a otros. Por no hablar de una profunda y consensuada reforma educativa que prime el conocimiento y el esfuerzo, además de incentivar la formación profesional.

Solo con que abordara esas cuestiones, estaría trabajando para el bien común, para el interés general. Pero Sánchez tiene de todo –especialmente maldad y crueldad– menos empatía con el que sufre e interés por arreglar los problemas de los más vulnerables.

Ya sabemos cuál es la receta del actual ocupante de la Moncloa para tratar de seguir en ella. La propuesta que tiene es enfrentar a unos españoles con otros. Es decir, el guerracivilismo tan querido a lo largo de la historia por el PSOE. Pierdan toda esperanza, hagan como yo, sean realistas, no esperen nada bueno de Sánchez, salvo el día que lo veamos marchar.