Ignacio Camacho-ABC

  • Sánchez se empeñó en dividir la sociedad en bandos y ahora los que dicen «somos más» son los del bloque adversario

De aquí a 2027, los resultados de las elecciones se van a volver rutinarios como los partidazos del Madrid en la Champions. La derecha por encima del 50 por ciento, con Vox al alza, y el sanchismo derrotado, con el PSOE defendiendo el segundo puesto y Sumar –o como se llame el nuevo invento– en línea de descalabro. Las tendencias se han estabilizado porque la estrategia de la polarización ha hecho su trabajo. Fue Sánchez el que se empeñó en definir el escenario político por bloques y ahora los que pueden decir «somos más» son sus adversarios. Luego los analistas y el periodismo entramos en detalles sobre el reparto exacto de escaños pero la gente ha interiorizado esa división en bandos y ha aprendido a contar los votos como el propio presidente ha enseñado.

Castilla y León sigue representando en buena medida el alma histórica de España, de modo que sus opciones electorales son extrapolables con una precisión si no cabal sí bastante aproximada. La dimensión de las diversas agrupaciones provincialistas equivale allí a la de los diversos nacionalismos periféricos en la correlación de fuerzas parlamentarias, y también se puede interpretar a escala nacional la proporción entre el sector agrario y la población urbana, así como la diferencia entre circunscripciones de mayor y menor densidad demográfica. Mirado como una encuesta con urnas, el escrutinio del domingo refleja un estado de opinión donde la mayoría conservadora se afianza con fortaleza contrastada.

Esa consolidación se venía debiendo a la progresión de Vox casi en exclusiva, pero en esta ocasión ha quedado frenada por la posición alta de la que ya venía y quizá porque el bloqueo en Aragón y Extremadura le haya obstaculizado la subida. Habrá que esperar a ver si empieza a decaer ese `momentum´ de gracia en que le rebota cualquier problema o cualquier crítica. Los populares habían probado varias tácticas distintas para sacárselos de encima: la indiferencia, el distanciamiento y la mano tendida. La hostilidad abierta la han descartado por temor a que la inevitable negociación se les vuelva más dura todavía. En esta campaña, ojo al indicio, les ha salido bien optar por la lejanía.

Así, Mañueco ha roto el estancamiento y crecido tres puntos y medio, dato que junto al ligero aumento del PSOE refuerza una suerte de bipartidismo incompleto. Los socialistas palman como de costumbre, pero con más procuradores y sin desperfectos. Les ha beneficiado contar con un candidato discreto, un alcalde alejado del convulso escenario madrileño y por tanto en condiciones de esquivar la animadversión que suscita el jefe del Gobierno. El balance, superior a un notable 30 por ciento, no le alcanza para proclamar el empate técnico que el optimismo artificial de su propaganda estaba vendiendo, pero sí para presumir de que el primer test del ‘no a la guerra’ lo ha aprobado con cierto éxito. Habituado a perder, el sanchismo se declarará satisfecho y dispuesto a resistir el asedio. Hasta la siguiente estación del viacrucis, al menos.