El Partido Popular ha ganado con rotundidad las elecciones autonómicas de Castilla y León, con un 35,76 % de los votos y 33 escaños.
Por mucho que su crecimiento haya podido ser deudor de la desaparición de Ciudadanos, que ha perdido el único escaño que tenía, se trata indiscutiblemente de una gran victoria de Alfonso Fernández Mañueco.
El actual presidente de la región ha mejorado los resultados de 2022 en más de cuatro puntos, habiendo obtenido dos procuradores más y ganado casi 40.000 votos.
El éxito de Mañueco resulta aún mayor al ponerlo en relación con los resultados relativamente decepcionantes de los dos barones que le precedieron en el adelanto electoral, María Guardiola y Jorge Azcón, y los cuales hicieron temer al PP por el empuje de Vox.
Pero si bien el partido de Santiago Abascal se había destacado hasta ahora como la fuerza que más crecía, esta vez lo ha sido el PP con mucha diferencia. Y lo ha hecho, además, ampliando de uno a casi cinco puntos su ventaja sobre el PSOE.
Con todo, no puede decirse que la de este domingo haya sido una mala noche para los socialistas, cuyo candidato, Carlos Martínez, también se ha hecho con dos procuradores más
Curiosamente, se trata de la primera cita electoral en la que tanto Alberto Núñez Feijóo como Pedro Sánchez han tenido éxito al mismo tiempo. En estas elecciones, el bipartidismo le ha parado los pies a Vox.
Porque aunque la derecha radical ha obtenido el mejor resultado de su serie histórica (un 18,9% de los votos), parece que ha tocado techo.
No ha logrado romper la ansiada barrera del 20% de los sufragios. Ni siquiera en una plaza propicia, donde obtuvo hace cuatro años sus mejor marca hasta el momento.
Es cierto que, precisamente por ello, disponía de un menor margen de crecimiento que en Extremadura o Aragón.
Pero es igualmente innegable que Vox no ha logrado cumplir sus altas expectativas. Unas expectativas determinadas no sólo por lo que estimaban los sondeos, sino por lo que se habían marcado ellos mismos con un discurso prematuramente triunfal.
Y ello después de la campaña electoral en la que más se ha implicado personalmente Santiago Abascal.
Las elecciones de Castilla y León apuntan al estancamiento del ascenso fulgurante que venía propulsando a Vox en las dos anteriores elecciones autonómicas. Mañueco no sólo duplica en escaños a Vox, sino que también ha ampliado su ventaja sobre él con respecto a 2022.
Constatado el límite de crecimiento de Vox, cabe concluir (en una lectura que tiene repercusión para las elecciones generales por venir) que la competición política en España sigue siendo cosa de dos.
Vox debería convencerse de que lo único que está en condiciones de hacer es completar la mayoría del PP.
El balance del último ciclo electoral autonómico (que se cerrará con las próximas elecciones andaluzas) ya es meridiano: el PP ha ganado con claridad los tres comicios, y el PSOE ha perdido los tres.
Y es que, aunque los socialistas se afanaron por movilizar a su electorado con el discurso antibelicista promovido por Moncloa, se diría que no ha sido muy efectivo.
Aun habiendo perdido Soria Ya dos escaños, y Unidas Podemos su único procurador, el PSOE se ha mantenido prácticamente en el mismo número de votos. Parece que el ‘no a Sánchez’ ha sido más fuerte que el ‘no a la guerra’.
Si el PSOE ha mejorado su marca en dos diputados, se debe a que, a diferencia de en Extremadura y Aragón (donde sí existían candidaturas fuertes a su izquierda), ha logrado absorber a la extrema izquierda, que ha quedado desintegrada en estos comicios.
Pero, dado que lo que se esperaba era que empeorase significativamente sus números, la mejora en Castilla y León supone un alivio para un Pedro Sánchez que venía encadenando derrotas calamitosas. Y que, sin duda, contará para Moncloa como una recuperación que da esperanzas de que el presidente pueda disputar las próximas elecciones generales.
Sánchez no debería pasar por alto, eso sí, que aun contando con un contexto internacional favorable, el bloque de la izquierda se ha dejado un punto porcentual por el camino.
Y también en ese aspecto deja Castilla y León una lección para las generales: aunque la estrategia de Sánchez de fagocitar a la izquierda se ha demostrado efectiva, ni le da para sumar una mayoría de Gobierno, ni le basta para invertir el vuelco sociológico derechista que este 15-M ha apuntalado.
En cualquier caso, ante la posibilidad de que el PSOE pueda reavivarse, a Vox ya no le queda otra opción que colaborar en el relevo al frente del Gobierno de la nación.
Un relevo que sólo puede liderar el PP, que demuestra estar siendo capaz de dar con la tecla de algo que ninguno de sus homólogos europeos ha logrado: conservar la hegemonía para el partido de centroderecha frente a la ola ultraderechista.
El triunfo inapelable de Mañueco, que refuerza la posición negociadora del PP en sus negociaciones con Vox, tiene así repercusión para el resto de los escenarios autonómicos. Porque será difícil explicar a la mayoría de votantes que se ha pronunciado repetidamente en los últimos meses a favor de un cambio de color político en las instituciones que Vox siga bloqueando los acuerdos que permitirían una alternativa.