Editores-Eduardo Uriarte

No se equivocó De Gaulle, allá por los sesenta, en propiciar, idea de Mèndes France, una autodefensa para su país, la Force de Frappe, liberándose en cierta medida de la tutela militar de USA. A su vez se empeñó en liderar un proceso europeísta, pues una Alemania aún dividida, apenas había sido autorizada a iniciar la creación de un ejército, no tenía posibilidades para tal tarea y hubiera sido observada, en todo caso, con recelo. Al mismo tiempo, su compatriota Servan-Schreiber con su obra “El Desafío Americano” avisaba del riesgo de supeditación europea tecnológica, económica y culturalmente. Ahora, con la llegada de un nacional-populista como Trump a la presidencia de Estados Unidos descubrimos nuestro desamparo por no tener en cuenta la actitud y reflexiones de nuestro vecino líder, tras haber vivido unas décadas similares a los felices años veinte que tanta tragedia guerrera prologaron.

Se equivocó el general, solo a medias, repudiando al Reino Unido, “porque nunca había sido Europa”. Cierto, sólo a medias. Porque, aunque nunca lo haya querido ser, lo cierto es que el Reino Unido nunca ha podido vivir sin Europa -dejar de serlo-, especialmente en los momentos convulsos (como los de ahora) del Continente. Así y todo, hoy en día, ambas naciones. Francia y Reino Unido -y por ser naciones con el necesario impulso militar-, son nuestras potencias, económica y militarmente, a pesar del aberrante Brexit. En esta crisis europea, como en todas las del pasado, aquí ha estado nuestra pérfida, y necesaria, Albión. No hay que olvidarse de la mano que nos echó Wellington, aunque el egoísmo de Fernando VII no nos permitiera estar en el centro de decisión de la política europea, el Congreso de Viena. El egoísmo del de ahora nos lleva por el mismo derrotero de aislamiento y menosprecio.

Mientras el mundo se abre a una crisis política y de seguridad de una gravedad incomparable en el pasado reciente, debido a que el referente de estabilidad ha decidido por propia voluntad dejar de serlo mutando por el imperialismo, nuestro país, potencia de tercer orden en este tablero, prosigue su proceso de desbaratamiento institucional propiciando la apertura, por decisión de su presidente, del despiece confederal ofertando al nacionalismo catalán todo lo que se le ocurra pedir. Lo más reciente, las competencias de inmigración y control (compartido(¡)) de las fronteras de sus actuales territorios. Mientras la mayor parte de Europa se rearma, nosotros, por mucho que se mienta, no podremos más que chapucear con las partidas pues no tenemos ese instrumento previo a la mismísima democracia que se llaman presupuestos generales. Y no podremos tener una acción coherente con nuestros aliados, que nos tomarán por el pito de sereno, porque parte del Gobierno no sólo está en contra del rearme sino a favor de salirse de la OTAN,

La vaporosa actitud de nuestro representante en Europa es porque no quiere provocar a sus apoyos gubernamentales, ¿o no será porque sencillamente es un inconsciente?. Lo único que tiene claro es mantenerse en el poder en un dificilísimo, si no imposible, equilibrio. Porque lo único que entiende y le interesa es sostenerse en el poder aún a costa de paralizarlo todo, desde nuestras relaciones internacionales, salvo en el caso Palestina y Venezuela, y su entrega a China para incordio de los aliados occidentales, a la estabilidad interna. Posiblemente el acercamiento a China acabe como la compra de barcos rusos por parte de Fernando VII, que se hundieron todos porque estaban podridos, y no hubo con qué ir a nuestra América insurrecta.

El no saber lo que es una nación, fenómeno político surgido a partir de las revoluciones burguesas, promueve a este populista de izquierdas a actuar sin límite alguno, ni moral ni legal. Sin atisbo de conciencia en la repercusión de sus hechos, versus fechorías, quebrando cualquier marco de convivencia en post del caos que reafirmará la necesidad de la autocracia que ya padecemos. En el caos, que en momentos pasados confundí con el esperpento, se mueve nuestro presidente como el pez en el agua porque permite toda arbitrariedad. Introduzca la mentira como partida de defensa y accederemos con creces al cinco por ciento del PIB.