Iñaki Ezkerra-El Correo

  • En este fatídico invierno se han empezado a fundir todos los plomos del sanchismo

Fue en la época del Pacto de Lizarra, el Plan de Libre Estado Asociado y el referéndum de Ibarretxe. En aquel largo paréntesis de inestabilidad institucional se puso de moda la expresión ‘choque de trenes’, que olía a plato precocinado y recalentado en el fogón del Euskadi Buru Batzar. Había que evitar el choque de trenes como fuera. Y la única forma era apartar de la vía política el Código Penal y el Poder Judicial, a Montesquieu, a los constitucionalistas y a la Constitución misma para que pasara el tren de alta velocidad del PNV que tenía a Arzalluz de maquinista y a la ETA política en el vagón de primera clase. Las autonómicas del 2009 pusieron fin a tan grave peligro ferroviario haciendo paradójicamente descarrilar al Lehendakari de Llodio. Paradójicamente también, a ese partido tan temeroso ayer de los choques de trenes metafóricos, parecen preocuparle menos los choques físicos de hoy cuando sigue avalando al Gobierno que no los ha evitado.

Sí. Desde aquella época no habíamos vuelto a oír hablar del choque de trenes hasta que nos ha caído encima este fatídico invierno en el que se han empezado a fundir todos los plomos y las bombillas del sanchismo. La red ferroviaria de nuestro país no tendría problemas si la recorriera solamente el Talgo, que es el tren de alta velocidad más ligero del mundo. Pero los tiene porque circulan por ella trenes franceses e italianos de mayor peso que desgastan con más celeridad las vías y que exigen un mayor y permanente cuidado que, por incapacidad e irresponsabilidad como poco, no se les está proporcionando.

¿Qué está pasando en la red ferroviaria española para que en 48 horas se produzcan dos siniestros con víctimas mortales y decenas de heridos? Pues lo primero que salta a la vista es que no se puede tener como responsables del Ministerio de Transportes a unos seres que carecen de preparación y a la vez presentan un perfil destemplado y bronco que es sencillamente de tebeo. Con un sujeto como Ábalos, que se halla en prisión acusado de organización criminal, tráfico de influencias, cohecho y malversación de fondos públicos, ¿de verdad cabe la pregunta de qué es lo que ocurre en una cartera ministerial que ha estado en sus manos? Con un asesor de ese mismo departamento como lo fue Koldo García, quien se halla, al igual que su jefe, implicado en un fraude como el de las mascarillas, que se perpetró mientras morían cientos de españoles, ¿de verdad cabía esperar otra cosa? ¿Cabe el respeto a la vida? Con un responsable actual de ese mismo ministerio como Puente, que, ante un obvio problema de mantenimiento, niega que haya un problema de mantenimiento, ¿cabe de veras esperar una gestión eficaz y modélica? Hay ciertos trenes de vida que se traducen en trenes de muerte.