Editorial-El Correo
- La escalada de la factura energética y el repunte del euríbor amenazan con ahogar la economía doméstica en el momento de mayor gasto del año
El combustible, el gas, la cesta de la compra y las cuotas del préstamo bancario amenazan con ahogar la economía doméstica de miles de familias en la vuelta de las vacaciones. Se trata de un período muy delicado para el bolsillo porque los hogares también afrontan los elevados costes del regreso escolar. A la vez, aún permanece la resaca por los gastos excesivos del verano, con unos alquileres turísticos desbocados. La factura energética, liderada por el encarecimiento del gasóleo que mueve el transporte de mercancías, y el repunte del euríbor, con una revisión al alza de las hipotecas, están provocando una pérdida de poder adquisitivo de inciertas consecuencias para el consumo, que es el actual motor de una economía que se enfría. Y no solo asfixia a las rentas bajas, sino que maniata a las clases medias en un mes tan crítico como septiembre.
Es el momento de mayor gasto del año. A diferencia de las compras de Navidad, más escalonadas, la vuelta al cole exige concentrar desembolsos inmediatos e ineludibles -entre 400 y 500 euros por hijo estudiante en material, comedor, libros, matrículas y ropa, entre otros costes examinados por las asociaciones de consumidores-. Coincide, además, con las liquidaciones de las tarjetas de crédito usadas en temporada veraniega, lo que reduce el margen de ahorro o la liquidez disponible para contener las subidas de precios. El coste de la vida no solo se dispara en los hogares del conjunto de España. El reinicio de la actividad productiva en las medianas y pequeñas empresas suele exigir renovaciones de contratos, reapertura de instalaciones y aprovisionamiento de stock para poder encarar el cierre del año bajo un escenario de márgenes estrechos.
En este panorama de fuertes desembolsos, los gobiernos -central y autonómicos- desplegaron toda una batería de medidas de apoyo a empresas y ciudadanos para frenar los efectos de la guerra de Ucrania y, ahora, de la crisis de Oriente Medio. Frente a esta asfixiante combinación de altos costes, conviene reflexionar sobre la eficacia y continuidad de las medidas públicas. Si las bonificaciones y fondos aportados ante las crisis internacionales no se ajustan a la realidad del mercado, se corre el riesgo de dejar desprotegidos a hogares y sectores tractores como el transporte, la agricultura, la ganadería y la pesca. La sequía es una presión añadida en el campo. El desplome de las cosechas y la sustitución de mustios forrajes por piensos amenazan con encarecer aún más la cesta de la compra.