Gorka Maneiro-Vozpópuli
- Esto es en lo que se ha convertido el PSOE, que se dice de izquierdas pero no lo es
La secretaria de Igualdad del PSOE (¡tiene secretaria de Igualdad el PSOE!) ha dicho, en relación al nuevo modelo de financiación autonómica que Sánchez ha pactado con el condenado e inhabilitado Junqueras, que «es la mejor propuesta que podíamos imaginar. No hay una sola Comunidad Autónoma que pierda». ¿En qué estaríamos pensando quienes no somos nacionalistas, que hemos tenido que esperar a que un independentista catalán, y nada menos que Junqueras, nos elabore la mejor y más solidaria y equitativa propuesta de financiación autonómica que podíamos imaginar el conjunto de los españoles? Si es que no estamos a lo que deberíamos… Tanta fiesta nos impide pensar.
Así que, como por arte de magia, a un independentista catalán se le ha ocurrido el mejor y más igualitario sistema de financiación que a ninguno de nosotros se nos había ocurrido idear, ni siquiera a los miembros del PSOE, los más listos de la clase en lo que a defender la igualdad se refiere; de pronto, el independentismo que defiende la ruptura de la solidaridad y de la redistribución de la riqueza, ha abrazado los principios de la igualdad territorial y el bien común; quien pensaba y sigue pensando que «España ens roba» se ha prestado a beneficiarnos a todos sin beneficiarse a sí mismo e incluso perjudicándose y sacrificándose por todos nosotros; cuánta generosidad; en el mayor proceso de conversión política desde que Jorge Verstrynge pasó de Alianza Popular a Podemos, Junqueras se ha convertido en militante del bien común y la igualdad… y hasta defensor de la unidad de España.
Mienten más que hablan; sin embargo, después de tantas mentiras y tantas traiciones, a mí lo que más me extraña a estas alturas del partido es que el PSOE tenga secretaria de Igualdad. Porque podría ahorrársela y darle su sueldo a Junqueras, que el pobre no puede ser diputado porque está inhabilitado.
Si es que ya no es necesario defender la igualdad ante el egoísmo nacionalista: el independentismo no sólo ha renunciado a la independencia política y económica de Cataluña sino que ha abrazado los principios igualitarios del socialismo español y hasta del jacobinismo más centralista… Los subordinados de Sánchez se han unido al argumentario socialista: el nuevo sistema de financiación pactado no perjudica a nadie y beneficia a todo el mundo. Ya lo dijo Bertolt Brecht: el que desconoce la verdad es un ignorante, pero el que la conoce y la desmiente, es un criminal.
¿Cómo no se nos había ocurrido antes? Preguntar a los independientes qué quieren y concedérselo para que Sánchez continúe en la Moncloa. Si no es todo, casi, para que puedan seguir apoyándonos más adelante a cambio de nuevas prebendas. O hacer que los que tienen más aporten menos, o que los pobres financien a los ricos, como han mandado los cánones del liberalismo económico más reaccionario que ahora el PSOE hace suyos por conveniencia personal de Sánchez.
Así es y estos son los principios del nuevo sistema de financiación pactado entre Sánchez y un condenado por corrupción política y por intentar separar a Cataluña del resto de España. Que sea él quien decida por todos nosotros ya es un insulto en sí mismo. Pero es que es él a quien necesita Sánchez para tratar de mantenerse un tiempo más en la Moncloa.
Su única esperanza
Gracias a este nuevo sistema de financiación en el que, como en el milagro del pan y los peces, «nadie pierde y todos ganan», Cataluña recibirá más y aportará menos a la solidaridad interterritorial, ampliará sus competencias recaudatorias, se diferenciará del resto de Comunidades Autónomas y avanzará considerablemente hacia la independencia política y económica. Ya saben: un sistema singular para ser iguales al resto.
¿Cómo te quedas? Porque, además, se trata de avanzar en la unidad fiscal en Europa pero trocearla en España y procurar una Europa más unida y cohesionada pero una España cada vez más desmembrada y desunida, ya que Spain is different y el PSOE es cualquier cosa menos de izquierdas: ahora mismo, la amenaza interna más grave y principal que tiene España, ya que todas las demás lo son porque Sánchez y el PSOE gobiernan y están dispuestos a ceder ante ellas: el populismo, el nacionalismo y el independentismo.
Y hasta la extrema derecha, si me tientan, que no para de crecer desde que Sánchez quiere que crezca, para lo que hace todo lo que está en su mano; de hecho, es su única esperanza: que tenga tanta fuerza que el PP se vea obligado no sólo a gobernar con ella sino a ceder ante sus postulados más radicales. Que luego ya se postulará para salvarnos de lo que él ha creado voluntariamente.
Sin embargo, es probable que no se apruebe porque Junts quiere un atraco aún mayor y más descarado y, por otro lado, porque algunos miembros de la izquierda reaccionaria que representan Sumar o Podemos se han dado repentinamente cuenta de que semejante pacto es un ataque a la igualdad, a la solidaridad y a la redistribución de la riqueza; en el fondo no tanto como el concierto económico o el convenio que vascos y navarros ya disfrutamos a costa de los restantes ciudadanos y que ellos han apoyado siempre, pero es que es ahora cuando parece que se han caído del guindo; deben de ser lentos de entendederas y les ha costado entender lo que entiende todo el mundo.
Así que no parece que vaya a salir adelante lo que sería el acto más grave contra la igualdad de los españoles desde la aprobación de la Constitución Española: no sólo aprueba que los más ricos paguen menos y reciban más sino que lo pacta con quien cometió uno de los delitos más graves que se han cometido desde el inicio de la democracia: el intento de romper España ilegalmente y por las bravas.
De los nacionalismos no podíamos esperar más que la defensa a ultranza de lo suyo; la cuestión es que esto es en lo que se ha convertido el PSOE, que se dice de izquierdas pero no lo es, y del que ya no puede esperarse nada bueno: en lugar de defender la igualdad, la justicia social, la redistribución de la riqueza y la equidad, privilegia a una de las comunidades más ricas para que aporte menos y reciba más: una verdadera afrenta a la igualdad.