Jesús Cuadrado-Vozpópuli
- Nadie duda sobre qué pretende Marruecos con esta agresión bélica; lo inaudito es que se le den facilidades desde el propio Gobierno español.
El mundo pudo seguir en vivo y en directo un hecho que hará historia. Cuando el presidente del Gobierno se presentó en Ceuta tras la invasión, declaró que se había producido una “violación de la integridad territorial” para, a continuación, irse directamente a disfrutar de la playa. Abandonó obligaciones indelegables ante un ataque de esta naturaleza y encargó a su jefe de gabinete Diego Rubio -para más inri, ¡responsable del Departamento de Seguridad Nacional!- que se centrara en inundar de sucedáneos narrativos los platós, en banalizar la deserción del comandante en jefe en medio de una crisis de Seguridad Nacional como una catedral. Para su desgracia, los absurdos relatos habituales saltaron por los aires frente a hechos demoledores que no pueden disfrazarse. Ahora, para disimular lo obvio, que España se enfrentaba a un desafío que obligaba al mando único a cargo de Sánchez, están dispuestos a cualquier cosa, incluso a encargar al ministro Torres que coordine a los ministros Robles y Marlaska .
El Gobierno debería dejarse ya de tonterías y explicar a los españoles qué ocurrió desde que el presidente tiene en su mesa los informes de los servicios de inteligencia hasta que se produce la invasión del 30J. Si no puede, será porque Marruecos forma parte de esa ecuación, necesariamente. Sánchez y sus ministros se niegan a aclarar cómo se pasó de responder a la invasión de 2021 con un plan de blindaje de la frontera (inédito) a dar un giro de 180 grados con cesiones incomprensibles al país vecino, para concluir en una invasión con 80.000 personas. Al negarse a dar explicaciones, es el propio Gobierno el que convierte en inconfesables las razones de ese cambio radical de posición. En ese contexto debe interpretarse una acción de guerra híbrida de manual.
Una maraña de caos
El general Petraeus, una autoridad mundial en doctrina militar, analiza en su manual Guerra las acciones híbridas como una “guerra sin restricciones” que utiliza medios bélicos no convencionales, asimétricos, y entre ellos cita las avalanchas migratorias “orientadas”. Como se pudo comprobar en Ceuta, se utilizan tácticas destinadas a crear “una maraña de caos, desastre humanitario y conflictos civiles” que faciliten los objetivos del agresor. Es así como un Estado materialmente más débil podría vencer desplazando el campo de batalla hacia ámbitos híbridos para minar al adversario. Meter el miedo en el cuerpo a los ceutíes es un objetivo de guerra sicológica bien conocido. En esta agresión bélica, nadie duda sobre qué pretende Marruecos; lo inaudito es que se le den facilidades desde el propio Gobierno español.
Alberto Núñez Feijóo, en su declaración del pasado jueves en Ceuta, marcó una estrategia de Estado para reconducir las relaciones con el reino alauita. En eso conecta con una gran mayoría de españoles, a izquierda y derecha, como reflejan las encuestas publicadas. Adquirió compromisos imprescindibles y urgentes a partir de las visibles consecuencias de la sumisión de Sánchez a Marruecos para la Seguridad Nacional. Como ha señalado el líder popular, nuestro vecino debe saber qué respuestas encontrará si repite acciones de guerra híbrida como en 2021 o el pasado 30J. Se trata de armar con urgencia las capacidades de disuasión necesarias para que Mohamed VI entienda que son reales y contundentes y que, con absoluta seguridad, serán utilizadas si traspasa límites prefijados.
Mañana comparece en el Congreso la ministra de Defensa Margarita Robles. Esperemos que se olvide de frasecitas como la de “A Ceuta y Melilla no se las toca” que, tras la violación de frontera e integridad territorial y pronunciadas por la responsable de la defensa, suenan a broma. Con el comandante Sánchez desaparecido, la obligación de los ministros es ofrecer explicaciones sobre un ataque híbrido sin que, ante la advertencia de los centros de inteligencia, se activaran instrumentos de disuasión. ¿Existen? ¿Van a explicar por qué, desde 2021, sigue paralizado el Plan Integral de Seguridad para Ceuta y Melilla? No declarar una crisis de Seguridad Nacional o no activar el Sistema de Seguridad Nacional, con el presidente al frente, necesitará explicaciones menos declarativas y más precisas. Como sobre que no se reuniera el Consejo de Seguridad Nacional, esta vez con el Rey en la presidencia. ¿Por qué? El diario El País responde por ellos: el Gobierno, dicen, “no prevé un giro estratégico con Marruecos” porque “colabora”. ¡Sin remedio!