Pablo Sebastián-Vozpópuli

  • Cabe imaginar que Sánchez no se atreverá a promover un ‘frente popular y nacionalista’ de corte republicano y confederal

Entre las causas que explican el hundimiento del PSOE en Extremadura están: la candidatura del candidato procesado Miguel Ángel Gallardo, el rechazo que empieza a recibir Pedro Sánchez entre los votantes de la izquierda; y puede que también un incipiente movimiento ‘sísmico/político’ en defensa de la Nación española (así se entendería el que más del 4 % de votos del PSOE extremeño que se pasarán a Vox), como respuesta al continuo ataque de la extrema izquierda y de los nacionalistas a la unidad de España. Y a las nuevas concesiones que Sánchez pretende hacer a Cataluña y al País Vasco en el ámbito de la financiación autonómica y competencial. Y puede que incluso mucho más allá si se confirman desafiantes propuestas que merodean por La Moncloa, sobre unos pretendidos referéndums de autodeterminación en Cataluña y País Vasco lo que constituirían un ataque ‘emboscado’ al orden constitucional español.

Lo que provocaría en España, además de las obligadas y muy pertinentes respuestas institucionales, una gran movilización ciudadana del sentimiento nacional. Lo que seguramente habrán detectado en La Moncloa, salvo que la ciega cabalgada de Sánchez para seguir en el poder les impida ver la dimensión de la respuesta ciudadana a sus invectivas en la defensa del sentimiento nacional español, hasta ahora ‘dormido’ pero que, llegado el caso, tendrá demoledor y sonoro despertar.

Movimientos en la disidencia

Por ello, cabe imaginar que Sánchez no se atreverá a promover un ‘frente popular y nacionalista’ de corte republicano y confederal, porque se podría encontrar con una dura respuesta social, electoral e institucional que acabe por arrasar el PSOE. El partido donde empiezan a crecer iniciativas contra Sánchez en distintos frentes, como el manifiesto de Jordi Sevilla, e incluso el reciente artículo de Sol Gallego en El País, pidiendo que Sánchez inicie ya su retirada y la búsqueda de un sucesor. Sobre todo ahora que el desastre de Extremadura -que puede repetirse en Aragón el 8 de febrero- ha dejado en evidencia que en el electorado del PSOE aparece y crece un claro rechazo político y personal a Sánchez. Entre otras cosas porque los escándalos investigados de la corrupción de Begoña Gómez, David Sánchez, José Luis Ábalos, Santos Cerdán, Koldo García, y los casos de acoso sexual que lideraba Paco Salazar desde La Moncloa señalan directa y personalmente a Pedro Sánchez, como bien lo saben en el PSOE. Partido en cuyo interior también indigna la lista más que escandalosa de muchas de las facturas abonadas a la ‘banda del Peugot’.

Pero, de momento, Sánchez se afana en rebañar fondos de los ministerios para comprar unos votos de origen social y alimentar su ‘clientelismo’ entre el que empieza, a nivel autonómico y municipal, a cundir el pánico. De ahí que algunos dirigentes municipales y autonómicos del PSOE apuesten por un adelanto electoral de los comicios generales en 2026 y en coincidencia con otras elecciones autonómicas como las de Andalucía. Pero sabe que semejante adelanto electoral sería su harakiri y el final de su presencia en el poder. Y todavía espera poder ganar tiempo con ayuda de algún inesperado y gran acontecimiento nacional o internacional para llegar a las elecciones de julio de 2027 sentado en la cúpula del poder.

El bloque conservador

Mientras tanto, en la derecha su líder Alberto Núñez Feijóo está convencido que es Sánchez quien, rodeado por sus problemas, les allanará el camino para llegar al poder. Al tiempo que mantiene una discreta relación con Vox y que confía en que la primavera judicial que le espera al PSOE mantendrá en los tribunales y en los medios muy alta la vara de los escándalos sanchistas. Y cuando sus aliados nacionalistas y de la extrema izquierda no cesan de pedir a Sánchez más concesiones, a sabiendas que estas serán las últimas que pueden recibir. Porque nadie al día de hoy duda de un triunfo electoral del bloque conservador con casi 200 diputados cuando se abran las urnas de la esperada, y en 2027 obligada, cita electoral.

Sin embargo, el exceso de confianza de Feijóo en la victoria puede ser un error como el que le llevó a perder el poder al PP en la última recta de las elecciones de 2023. De ahí que debe estar alerta presentándose como ‘La firmeza tranquila’ del cambio y tomando la iniciativa sin esperar a que la victoria le caiga del cielo como el maná. Pero, de momento, la pesadilla sanchista continúa y seguimos a la espera de algún acontecimiento sobrevenido que, en los primeros meses de 2026, dé un impulso y vuelco definitivo a la crisis nacional y acorte los plazos de la esperada alternancia política en pos de la recuperación de la normalidad democrática y constitucional.