José Alejandro Vara-Vozpópuli
- El líder del PP despierta a su atocinada grey tras su golpiza a Frankenstein. Un cimbronazo de aliento en la recta final aragonesa
“Me alegro tanto de haber venido”, debió de pensar Núñez Feijóo (un poco como Claudette Colbert al aterrizar en París en Medianoche), tras su tangana desprolija de este lunes con los restos de Frankenstein. Incluso en sus filas sospechaban que la comparecencia en la comisión de la Dana iba a resultar un desastre. Una arriesgada encerrona a cinco días del voto de Aragón. Mucho que perder. “Lo peor en esta vida es que le derrote a uno gente despreciable”, decía Hemingway. O Capote. A saber.
No conocen bien a Feijóo. Gasta muy mala leche y atesora una esgrima dialéctica letal que sólo exhibe en las grandes ocasiones. En sus trifulcas en la Cámara gallega los destrozaba. En el Congreso de los Diputados ya había mostrado su verdadera faz con una frase decisiva dirigida al ´número uno´ una mañana que le tocaron mucho la paciencia: “¿De qué prostíbulos ha vivido usted? Ha sido partícipe a título lucrativo de un abominable negocio”. El Hemiciclo se quedó patidifuso. Vaya con el gallego.
A Sánchez se le demudó el color hasta de las ingles. Nadie había llegado tan lejos. El presidente no respondió. Huyó del escenario de las saunas de su suegro como de Paiporta. Ni un desmentido, ni un comentario. Ni palabra. Aún ahora evita desvelar de dónde sacó los fondos para su campaña de las primarias. El partido más feminista de la historia tiene un secretario general que accedió al cargo merced a los dineros de un lupanar. De su suegro. Salvo desmentido en contrario, naturalmente.
El líder del PP se empleó a fondo en su actuación ante el montaje sicalíptico sobre la tragedia valenciana. Lo dejó sentado desde el minuto uno: “Yo no tengo competencia alguna en la materia. ¿Cómo no han llamado a nadie del Gobierno? ¿O mejor aún, al presidente, que alguna responsabilidad tiene?» Ni a Teresa Ribera que frenó las obras del Barranco del Poyo; ni a Grande Marlaska, que retuvo a la policía mientras los chorizos asaltaban los súper en la zona devastada; ni a Margarita Robles, que encerró a los militares en los cuarteles hasta el tercer día del desastre. Y como sentencia final: «¿Dónde está el comité de Crisis del Gobierno que no se reunió hasta las once de la noche fatídica y que ustedes no han tenido a bien reclamarle su presencia? ¿Les parece esto normal?» Algo sicalíptico resultaba el montaje, pero las comisiones parlamentarias son así. Por eso urge la de Begoña, siempre hay sorpresas.
Me habría llamado asesino
Presidió el teatrillo una Carmen Martínez, diputada socialista por Valencia, al parecer médico y con una desmedida mano de tintura negra en su peinado que distorsionaba esa apacible imagen de vecindona de corrala, versada en el berrido y muy ducha en la bronca. A su lado, madame Francina es la quintaesencia de un árbitro ecuánime. Tomaron la palabra los sospechosos habituales, esa gentucilla que calienta el escaño y se levantan siete mil del ala al mes sin mayores esfuerzos pese a su pasmosa inanidad.
Todos recibieron lo suyo. Una frondosa cosecha de papirotazos que no se recuerdan en tan respetable escenario. Gabriel Rufián, que se exhibe primoroso en estas lides con sus recursos de matoncillo de arrabal, de Lee Marvin de chamarilería, enmudeció cuando el interpelado resumió el espíritu de la sala: “Si yo fuera presidente del Gobierno, usted ya me habría llamado asesino y habría puesto un trozo de rail en el escaño”. Luego le dijo cobarde porque no osa reproche alguno a Sánchez o a Puente y el pijoaparte se calló. Los independentistas catalanes tienen a gloria su cobardía.
Cuando aparece la Guardia Civil, unos se escapan por las clavegueras de la Generalitat y otros lo hacen en el maletero de un automóvil. Un 155 bien aplicado habría acabado con tantas pamplinas. Oskar Matute, el de Bildu, de acendrada soberbia y rebuzno elemental, tuvo la osadía de reprocharle al del PP su ‘falta de empatía con las víctimas’. Precisamente él, destacado meloncillo de un partido que exhibe a un terrorista como líder. Apenas un par de guantazos le bastaron al interpelado para zanjar la disputa. Una Marta Trenzano que hablaba en nombre de los socialistas, apenas sobrevivió a su propio griterío desaliñado.
En vísperas de las urnas aragonesas, eso que llaman ‘las dos almas’ del PP abandonan el zaguán de la prudencia y saltan a la palestra en una tontiloca pugna de tontunos egos. Más que una tradición es una superstición. Hay que cargarse como sea una campaña electoral que el astuto Azcón está manejando con enorme acierto, no sea que las cosas nos salgan bien. Esta es la idea. A Génova le encanta pifiarla en los últimos tramos de una carrera por el voto. Lo llaman el juego de espantar la papeleta.
Se escucha, de un lado, a los centristas palíndromos, adalides de la moderación y el buen tono, de la mesura y la sensatez, de «la gravedad de costumbres y la templanza de deleites», diría Marañón. Son los cofrades de la tediosa monserga de que ‘hay que ser propositivo, presentar proyectos, agitar estandartes que movilicen, seducir a la gente” y todo eso. Consideran que con arrearle todos los días a Sánchez no basta. Para antisanchista furibundo ya está Vox, no confundirse.
Y luego aparecen los que temen a Abascal como a un nublado y se reconforta con actuaciones de su líder como la de este lunes en el Congreso, una mezcla de Rambo y Michael Douglas en Día de furia. Consideran que a Sánchez no se le combate con sortilegios evanescentes, con florituras de salón, con vanos enunciados de actuaciones venideras. Son los que se enferman cada vez que Feijóo repite con un mantra desvencijado lo de “cuando estemos en el Gobierno…”, porque a la gente le da la risa.
Su estrategia es bien sencilla: hay que ir a por todas, sacudirles donde duele, sin pestañear, a golpazos, como hacen ellos, no pasarles ni una y buscar el cuerpo a cuerpo. Sánchez es un enemigo temible, sin escrúpulos, sin normas, sin conciencia… Hay que frenarlo en su terreno hasta la asfixia. A esta acalorada facción les llaman los hooligans del PP. Ellos saben que llegan tarde al discurso de la inmigración y del campo/Mercosur, que tan alto cotiza a la hora del voto. Les costará escaños el domingo. No alcanzarán la absoluta, ya lo sabían. Pero la victoria está segura, aunque habrá que pactar con Vox. Y luego a renovar el gobierno en CyL, y después Andalucía… Claman ‘¡vamos Alberto, hay que arrimarse al bicho, sin miedo, dale duro!”. Las sociedades están regidas por agitadores de sentimientos, no de ideas. Y no se olvide que lo primero es ocupar el poder y luego gobernar, decía Napoleón. O Churchill. Tanto da.La cosa es saber de que lado está el gallego.