En su declaración de este miércoles ante la Audiencia Nacional como investigado en el caso Plus Ultra, José Luis Rodríguez Zapatero no ha logrado convencer al juez, quien con inusual dureza ha deslizado que los pagos recibidos por el expresidente a cambio de sus supuestos informes verbales «suenan a dinámica de blanqueo».
Tras oír al expresidente, José Luis Calama se ha ratificado en que «la declaración del investigado no ha logrado desvirtuar los indicios racionales de criminalidad».
Y la falta de credibilidad del testimonio de Zapatero se ejemplifica también en la solicitud por parte de la Fiscalía Anticorrupción de la retirada del pasaporte, denegada por el juez.
Pero el flanco donde la credibilidad de Zapatero ha quedado verdaderamente destruida es el relativo a las joyas incautadas por la UDEF en su despacho, que llevaron al magistrado de la Audiencia Nacional a abrir una pieza separada para investigarle por presuntos delitos de contrabando y fraude fiscal.
El expresidente tenía una oportunidad idónea para aclarar el «origen no justificado» y subsanar la «ausencia de trazabilidad fiscal», según el juez, de sus bienes de lujo. Pero se ha negado a declarar sobre el capítulo de las joyas.
El silencio mantenido ante el instructor es el colofón de una errática estrategia defensiva, que comenzó por difundir a través de su portavoz una versión falsa sobre el valor y el origen del ajuar.
Una vez que la tasación oficial ordenada por el juez elevó el valor real del lote de los 50.000 que adujo Luis Arroyo a 1,3 millones de euros, el portavoz pidió perdón y aseguró que el expresidente daría explicaciones públicas.
Luego Zapatero corrigió que esas aclaraciones las reservaría para su declaración ante el juez. Pero el lunes la defensa intentó inútilmente retrasar el interrogatorio sobre las joyas, alegando que necesitaba más tiempo para reunir la documentación acreditativa.
Y, finalmente, Zapatero ha optado por el mutismo en el juzgado.
Resulta difícil, por tanto, evitar la conclusión de que el expresidente no sólo carece de una explicación coherente sobre la posesión y la introducción irregular de joyas millonarias sin justificar, sino que ha intentado fabricarse una coartada a posteriori.
Al haber quedado expuesto ante la opinión pública un patrón de ocultación y falsedades sobre su patrimonio, Zapatero ha matado definitivamente al personaje político de «ZP», y su mitología aparejada del «talante», la transparencia y la integridad.
Y este daño reputacional sólo se agrava con el desmentido de la última versión propalada este miércoles por su entorno, según la cual las joyas fueron un regalo del rey de Arabia Saudí durante su visita de Estado a España en el año 2007.
EL ESPAÑOL ha constatado que, durante sus ocho años de Gobierno, la única joya que Zapatero registró formalmente fue un «reloj de sobremesa dorado con esmeraldas» regalado por el rey Abdalá en 2007.
La existencia de ese reloj envenena la tesis aducida de que el lote incautado procediera de un regalo o de una herencia de su esposa. Porque eso indicaría que el expresidente declaró sólo un artículo menor, ocultando al registro de Patrimonio el resto del centenar de piezas millonarias.
Aunque el caso de las joyas tiene una trascendencia penal limitada, reviste una gran trascendencia social y política, por lo que supone para el hundimiento de la imagen pública de Zapatero.
El momento idóneo para haber aportado los títulos de propiedad o las justificaciones aduaneras era su comparecencia de este miércoles.
Pero, incapaz de presentar esa documentación, el expresidente se ha limitado a emitir un comunicado prometiendo que demostrará su inocencia próximamente, rogando a los ciudadanos que mantengan la confianza en él.
Y no deja de ser irónico que, después haber agotado su crédito social con su reguero de contradicciones, Zapatero pida ahora un acto de fe ciega para suplir su incapacidad de acreditar su inocencia con pruebas materiales.
El tópico del presidente idealista y de firmes convicciones, que aseguraba que «ser socialista es tener muy poco y estar dispuesto a dar mucho», ha caído irremediablemente.
Tras la jornada de este miércoles, la carrera política de Zapatero como referente ideológico, mediador internacional y faro moral de la nueva izquierda puede darse por enterrada.