Teodoro León Gross-ABC

  • La batalla andaluza será más que una batalla andaluza

Advertencia a los colegas de Madrid ante las elecciones andaluzas: se tiende a pensar en un duelo PP-PSOE por inercia de décadas pero esa no es la batalla. Hay que salir de la lógica binaria para situar el duelo real en el bloque de la derecha: PP contra Vox. El PP exprime el descrédito del sanchismo pero no compite con el PSOE, del que sólo falta por determinar la gravedad de la cornada. Los socialistas –que han arrancado brillantemente la precampaña sacando del baúl a Chaves, del que Montero fue fracasada consejera de Sanidad– perderán todavía un puñado de escaños, porque además en Andalucía crecerá la extrema izquierda variopinta. Juanma Moreno está en un pulso con los 55 escaños de la mayoría absoluta y la amenaza está a su derecha. Ahí Vox mantiene la pujanza, incluso acechando al PSOE en el litoral mediterráneo entre Málaga y Almería, pero por primera vez en Vox dudan de sí mismos, entre el descalzaperros interno cortando cabezas y la sombra de una gestión turbia. De ahí su comunicado saliendo al paso de informaciones que hasta ahora despreciaban olímpicamente. Eso se llama inquietud.

Juanma Moreno ha acelerado los tiempos electorales. Con un mes de margen ha optado por la fecha corta. Podría haber sido incluso una semana antes, pero ante todo había que comprobar si el ‘no a la guerra’ podía tener un efecto movilizador significativo. Una vez descartado que reverdezca el eco sentimental de 2003, para el PP andaluz estaba ese aliciente determinante: la crisis de Vox en el diván. El marco fijado por el presidente andaluz al convocar es ‘estabilidad o lío’, y Vox ahora es una jaula de grillos, lejos de su mejor momento, después de meses de euforia efervescente. Abascal se lanzará de nuevo a hacer él la campaña, pero Juanma Moreno no va a entrar a sus provocaciones poniendo su perfil en almoneda. En ese marco de ‘estabilidad o lío’, a Moreno casi le conviene un Abascal desencadenado como el Django de Tarantino. En Andalucía eso tiende a pinchar.

Esta es una campaña muy nacional, más allá del peso de la comunidad: Juanma Moreno es el barón con futuro en el que más le gusta mirarse a Feijóo, que ya en su llegada a Madrid bendijo ese eje; María Jesús Montero es la número dos de Sánchez en Moncloa y Ferraz, su mano derecha en el Gobierno y el partido; y el candidato de Vox es Abascal, que se volcará porfiando por romper el 20 por ciento, aunque amenazado por Se Acabó la Fiesta –que le hizo perder tres escaños en Castilla y León– con un buen granero en Andalucía y un candidato seductor. También Sánchez se volcará a por el único triunfo al que aspira el PSOE: lograr que Juanma Moreno no sume 55 y triunfe el ‘lío’ con Vox ahí. Él fía su supervivencia al relato de la extrema derecha para aferrarse un año en el poder, atrincherado sin presupuestos, sin mayoría. La batalla andaluza será más que una batalla andaluza.