Manuel Marín-Vozpópuli

  • Menos dinero en el bolsillo, menos vivienda, menos salarios, menos juventud esperanzada… y más muros y odio. Es un resumen completo de lo que realmente significa el sanchismo

Convoque o no elecciones generales anticipadas, todo en el sanchismo ha empezado a volatilizarse. Sus fanáticos dentro del partido saben que ya ni cuentan ni influyen, y fuera del partido, el resto… al resto Pedro Sánchez los quiere sólo para acudir a las urnas. Sánchez escucha poco y decide en soledad porque se ha aislado de todo y todos. Su núcleo duro es cada vez más reducido y en su entorno es unánime la sensación de que Sánchez, ese eterno resiliente, anda bajo de batería y se está fundiendo a negro sin que nadie haya tenido el arrojo de decirle en el último año lo que todo el mundo ve excepto él. Desventajas de imponer un régimen del miedo en el que sólo el líder supremo piensa, habla, decide y ejecuta. Sánchez está agotado y, convoque o no de modo inminente, el cálculo de probabilidades de repetir en La Moncloa se irá agotando conforme pasen las semanas. Cuanto más tarde en convocarlas, peor resultado obtendrá, porque no da la sensación de que la ‘crisis de sanchismo’, de una profunda envergadura, sea reversible. Y en el binomio coste-oportunidad son muchos los socialistas que creen que es más lógico perder ahora con 115 escaños para lamerse las heridas en la oposición, que más adelante con 95.

Los cursis lo llaman ‘ventana de oportunidad’. Y convocar ahora tendría cierta lógica por cinco motivos. Primero, porque Sánchez, el presidente de un Gobierno corrupto y secretario general de un partido a punto de ser imputado por delitos muy serios, se ha topado al fin con la ocasión de presentarse como víctima sin tener que fingirlo. Más de ocho años en el poder para desguazar la política de vivienda le han servido al final para presentarse como el promotor de decretos-salvavidas. El viernes no había un solo diputado en el Congreso que no supiera que los dos decretos que iban a votar son un fraude desde la primera hasta la última letra. Sabían de sobra que era un parche de medidas provisionales que ahogarían en pocas semanas el mercado del alquiler. Y con él, a los inquilinos más vulnerables. No eran decretos-milagro ni soluciones mágicas porque jamás el mercado de la vivienda ha sido más caro, inestable y preocupante que con el primer Gobierno social-comunista. Sin embargo, el relato estaba prefabricado. El salvífico presidente que se había devanado los sesos durante la ‘semana-maricarmen’ ve derrotados sus proyectos por culpa de la derecha rentista y carroñera. Da igual que la ministra de Vivienda hiciese una ostentación obscena de que no tenía ni puñetera idea de lo que había aprobado. Lo relevante es que Sánchez, nuestro ‘manitas’ oficial para cualquier reparación, es una víctima.

Segundo motivo favorable para convocar ahora. Hay cierto ambiente de movilización. Sol, las manifestaciones, los ‘bucaneros’ violentos que siempre aparecen, el intento de reeditar un 15-M quince años después… Todo está siendo un fracaso estrepitoso. En las universidades no se ha agitado casi nada y los convocantes plantean derechos ficticios basados en la alegalidad. Gritan soflamas comunistas demostrando su profundo desconocimiento de la historia, mientras insultan a quien se opone a sus planteamientos haciendo creer que a muchos nos entusiasma desahuciar a pobres vecinos. Pero ¿de qué planeta habrá caído esta gente? Movilización, lo que se dice movilización, no ha habido. Pero sí hay atmósfera de conflictividad. Hay efervescencia callejera en la izquierda, y Sánchez lo necesita.

Tercer motivo. Sumar es un partido moribundo. Carece de liderazgo solvente, andan a bofetadas internas, como siempre ocurre en los engendros políticos que nacen de una izquierda fracturada y cainita, y las encuestas le son desoladoras. Pero es que además Sumar es un partido sin anclajes solventes y en él sobreviven Izquierda Unida, Compromís, Comunes, Más Madrid, la Chunta Aragonesista… odiándose cada vez más entre ellos. Una hipotética debacle de Sánchez puede verse fácilmente amortiguada con un fracaso drástico de Sumar porque probablemente el PSOE esté en disposición de recuperar escaños para compensar lo que perderá en la izquierda más moderada.

Cuarto motivo. Con este festival de la vivienda, la corrupción ha pasado a un segundo plano. Los focos no están en Begoña Gómez, ni en Ábalos, Cerdán, el propio hermano del presidente, Zapatero, el fiscal general condenado, la mafia con narcos para salir a cazar jueces, la financiación ilegal, las Leires y demás fauna. Y eso es un factor favorable para acudir a las urnas. No sería lo mismo hacerlo en un incierto 2027, con la fotografía de Begoña Gómez en un banquillo y un tribunal de jurado. Y con menos motivo aún, si a esa fotografía de portada la acompaña otra con un veredicto de culpabilidad.

Y quinto. Sánchez sigue siendo el líder arrogante que era. Pero ya se sabe internamente muy debilitado. Una parte creciente del partido está dejando de adular a aquel ‘killer’ de la política sin principios que gobierna sin ganar una sola elección, al chico alto y guapo con planta de presidente fetén que sometía a la derecha, y al hombre de Estado a quien confiar el destino de todo. Sánchez se pone estupendo cuando habla de ideología, pero suponiendo que tenga alguna, al aplicarla durante ocho años los españoles hemos retrocedido veinte. Menos dinero en el bolsillo, menos vivienda, menos salarios, menos juventud esperanzada… y más muros, divisiones y odios. Podría ser un buen resumen de lo que significa realmente el sanchismo.

Por el contrario, los únicos dos motivos por los que no le es aconsejable adelantar elecciones son muy sencillos. Tiene toda la razón Gabriel Rufián. Sánchez no debe tener la tentación de convocar a las urnas porque la izquierda no suma. Se le acabaría el chollo, el poder y el BOE. Y los asientos en los consejos de administración, y el control de las empresas públicas, y… Se acabaría todo sencillamente porque la derecha está en disposición de superar los 200 escaños. Un segundo motivo nada desdeñable que alejaría a Sánchez de las elecciones inminentes es que se quedaría sin tiempo para poder manipular el censo electoral con la ley de nietos. De hecho, Sánchez necesita meses de margen para que el ‘mercenariado’ que configura la mayoría socialista del Tribunal Constitucional pueda darle la razón.

En cualquier caso, España está adoptando inquietantes formas de Estado fallido. El sistema no puede defenderse de un presidente que lo está pervirtiendo hasta cambiar su fisonomía. España, cualquiera de sus leyes, depende de un fugado de la justicia, que lleva nueve años choteándose de todo y de todos. Un fiscal general, el máximo garante de la legalidad de nuestro Estado, destruye pruebas penales en su propio despacho y ante la Guardia Civil. Hemos colocado a prostitutas en empresas públicas. Carecemos de presupuestos durante cuatro años. Aprobamos decretos a ciegas que ni siquiera conocen los ministros que los promueven. El Parlamento está en un bloqueo sistémico. Un partido paga a una trama mafiosa para que unos narcos acosen a jueces incómodos. Un expresidente escondiendo joyas inconfesables en una caja fuerte. Tenemos a golpistas y terroristas que son abrazados como demócratas. Tenemos la invasión masiva de una parte del territorio soberano español y el presidente del Gobierno se marcha de vacaciones. Vivimos con el asalto a multinacionales privadas para tomar por la fuerza sillones y forrarse. Con la suelta masiva de violadores. Con el destrozo de la clase media y los índices de pobreza creciendo. Con la ley educativa más lesiva de la historia. Con puteros y acosadores de mujeres al mando de demasiadas cosas. Con un Gobierno que anima a movilizarse contra sí mismo. Con el Consejo de Ministros deslegitimando a la jefatura del Estado. Con el hermano del presidente sin saber aún dónde tiene su despacho. Con la Guerra Civil y el revanchismo clavados en el entrecejo. “No pasarán”, gritaban el viernes noche en Madrid… Y ¿qué coño tiene que ver Maricarmen con esto?