Iñaki Ezkerra-El Correo
El lehendakari Pradales anda reclamando estos días el traslado del ‘Guernica’ al País Vasco para exponerlo en el Guggenheim durante nueve meses y el Reina Sofía ha dado unas cuantas razones para negarle esa reclamación. Confieso que la que más me ha gustado es la del estrés que sufriría el cuadro con el viaje. Me parece que ésa es una razón moderna, humanitaria, inclusiva, políticamente correcta y acorde con una época que reconoce que no solo los animales y las plantas sino también los objetos inanimados tienen su corazoncito. También los cuadros sufren estrés, depresión y alergia al polen. En mi casa hay uno que siempre se tuerce en la pared donde está colgado. Gracias a esta noticia he comprendido que sus motivos son psicológicos.
Como los del lehendakari, que pertenece a un tipología vasca a la que siempre le ha gustado andar reclamando algo que se le debe, no por codicia sino por motivos estrictamente literarios: para mantener la tensión narrativa que la política necesita tanto como las novelas. Cuando no es el ‘Guernica’, es el Palacete de la Avenue Marceau o el Condado de Treviño. Entre los argumentos que se han esgrimido para justificar la negativa al traslado, el más débil me parece el de que Picasso no pintó ese lienzo pensando en Guernica sino en la ‘Desbandá Málaga-Almería’, otro episodio trágico de la Guerra Civil. La Historia está llena de relecturas y reinterpretaciones, como los caminos de la gestación de una obra de arte son inextricables. De hecho, creo que la gracia del ‘Guernica’ reside en lo poco que responde a la actual imaginería de la Euskadi oficial, a la cual le gustan mucho las vacas pero no los toros por alguna razón misteriosa que es una contradicción: no son posibles las unas sin los otros.
Se están barajando muchos argumentos para impedir esa dichosa travesía norteña, pero hay uno que no se aduce y que me parece el de más peso: si se produce el traslado del ‘Guernica’, ya dejaríamos de hablar del traslado del ‘Guernica’. ¿Qué hacemos si Sánchez saca un decreto ley que contente al lehendakari? No podríamos seguir hablando del traslado del ‘Guernica’. Su aterrizaje en el Guggenheim dejaría en nuestras vidas un profundo vacío existencial.