Jesús Cuadrado-Vozpópuli

  • En el Ohio español se consolida el esquema del nuevo ecosistema político nacional

Los aragoneses votaron en clave nacional, como quería Pedro Sánchez, y confirmaron el vuelco electoral en España. En los siete años de Gobierno sanchista, de las elecciones autonómicas de 2019 al 8-F, el PP ha pasado en Aragón del 21% al 34% de los votos, de 16 diputados a 26; el Psoe, del 30,8% al 24%, de 24 diputados a 18. Y, aún más decisivo, se confirma el hundimiento de quienes, como en Francia, se ha configurado como nuevo Frente Popular -en Aragón, Psoe, Chunta, IU y Podemos-. En ese período, el bloque izquierdista ha pasado del 50% del voto y 33 diputados al 37% y 25 diputados. En el Ohio español se consolida el esquema de un nuevo ecosistema político, ya anticipado en Extremadura. Con una recomposición en la derecha, con la fuerte subida de Vox, que pasa de los 3 diputados en 2019 a 14.

El activismo sanchista se refugia en un “sí, pero sin mayoría absoluta”. El mantra preferido de los mil propagandistas de Moncloa que, plató a plató, se defienden como gato panza arriba. Ni Jorge Azcón ni nadie lo logró en Aragón en 40 años. La táctica electoral sanchista de más Vox para lograr menos PP provoca, de paso, una fuerte caída del Psoe. Enredos aparte, los resultados no han sido una sorpresa, un cisne negro, sino un rinoceronte gris, un desastre para el Gobierno que todos esperaban. Al Psoe, como se ha comprobado en la campaña electoral, ya no le funcionan los trucos. De la burda manipulación con las pensiones a la grosera falsificación sobre financiación autonómica, todas las trampas, al descubierto. Incluida la regularización improvisada de inmigrantes.

La inmigración es ya nuclear en los procesos electorales españoles. Si se analizan los datos, se comprende. Con Sánchez, se ha pasado de los 107.000 “irregulares” de 2017 a 840.000 en 2.025 -seguramente, ya un millón-. En la actualidad, en España entran cada año 600.000 inmigrantes; en Alemania, 300.000. El Psoe ha intentado convertir esta cuestión decisiva para el futuro del país en simple munición electoral y ya se ve con qué resultados. Lejos de la preocupación de los aragoneses por una inmigración descontrolada, Sánchez pactó con Podemos -que ha perdido su diputado- un humanitario “vengan a España a regularizarse”. Como en todo, el Frente Popular va a lo suyo y le importan un comino las preocupaciones de los ciudadanos, que destacan los estudios de opinión. El centro de análisis Funcas interpreta bien la situación: “escasa planificación de la política migratoria española, sin una estrategia clara sobre el volumen de inmigrantes que se reciben ni sobre sus características”. Resultado: el caos migratorio se ha convertido en factor decisivo de la pérdida de confianza en el Partido Socialista.

La respuesta a Alegría

En la comparecencia de Núñez Feijóo en el Senado, se pudo comprobar a qué nivel de irrelevancia ha llegado el Psoe. Sus portavoces en ese acto parlamentario fueron un independentista pendenciero y un delegado del etarra Otegi. Sánchez y Zapatero ya se encargaron de quemar las naves socialistas de regreso a algo que pudiera parecerse a una socialdemocracia liberal y juegan el papel de comparsas en un remedo de los frentes populares inventados hace casi cien años por Stalin. No debería extrañar que Pilar Alegría no tuviera una voz propia en la campaña, sobre inmigración, financiación autonómica o políticas del agua. Aragón le contestó en las urnas, aunque, por supuesto, no dimitirá.

El mandato de los aragoneses ha sido inequívoco. Aseguren la gobernabilidad, les han dicho a PP y Vox.  Ambos han aumentado su representación respecto a las autonómicas de 2019. El primero subió un 13% y 10 diputados; el segundo, por su parte, un 12% y 11 diputados.Por resultados, el liderazgo del partido de Feijóo no es cuestionable y el peso electoral logrado por el de Abascal es indiscutible. Pero quien asuma bloquear la gobernabilidad correrá riesgos. Recuérdese que Podemos tuvo 14 diputados en Aragón y Ciudadanos, 12, y hoy no tienen ninguno. El dirigente de Vox tendrá que decidir si prioriza la estabilidad institucional que exigen los españoles o el cálculo sobre hipotéticos crecimientos electorales en las próximas citas de Castilla y León y Andalucía. El del PP necesita ofrecer acuerdos que respeten los resultados. A la espera.