Miquel Escudero-El Correo

  • El presidente ha asegurado que convocará elecciones cuando le vaya mejor a la ciudadanía, no cuando a él le convenga

Se llama eclíptica a la curva que, vista desde la Tierra, parece seguir el Sol año tras año. En ese recorrido, el zodiaco (o ‘rueda de los animales’, en su etimología griega) es una franja celeste por la que desfilan las doce constelaciones convencionales. Pues bien, el horóscopo (literalmente, ‘que observa la hora’) es una invención que predice el futuro, está basada en la posición relativa de los astros y de los signos zodiacales en un momento dado. Millones de seres humanos consultan cada día lo que los astrólogos presagian para cada signo en una apoteosis de banalidad y falta de sustancia. Lo sabemos, pero los seguimos consultando; unos más que otros.

Pedro Sánchez ha asegurado que convocará elecciones cuando le vaya mejor a la ciudadanía -acaso, por tanto, en verano-, no cuando a él le convenga. ¿Recurrirá al horóscopo o le echarán las cartas del tarot para acertar el día y la hora? ¿Qué importa? Hará lo que más le satisfaga, esta es su gran ilusión. Inundado de miedos y fantasías con el poder judicial, su sentido de realidad se resiente. Y su organización repite de pe a pa, un día tras otro, las palabras que los gurús le soplan cada mañana. La falta de personalidad y de seriedad es alarmante, todo se desfigura por interés. Se ha generado una despavorida huida hacia adelante que estimula la idea de morir matando y arrojarse a los brazos del marco populista.

Por coherencia y para bien de la ciudadanía, Sánchez debería dimitir y convocar elecciones. Aún es probable que pierda de nuevo y encabece otro gobierno sin Presupuestos Generales del Estado. Pero, por higiene democrática, convendría que a no tardar pase a la oposición.