Juan Carlos Viloria-El Correo

  • Sánchez podría optar por que las urnas le salven del hundimiento irreversible

Pedro Sánchez se resiste a adelantar las elecciones generales e, incluso, ironiza diciendo que no puede hacer uso partidista de esta facultad para mejorar sus actuales resultados electorales. Pero el ambiente no está para bromas con los dos iconos de la marca PSOE (ZP y la rosa) en grave deterioro reputacional. La imputación del expresidente José Luis Rodríguez Zapatero en graves casos de tráfico de influencias y la investigación al propio partido por la llamada ‘trama de las cloacas’, además de una cascada de procesos judiciales que afectan al entorno de Sánchez y al PSOE, son elementos suficientes como para convenir que la legislatura está muerta y, como dicen algunos socialistas, el PSOE, «en coma».

Pero tanto La Moncloa como Ferraz se han aferrado al negacionismo a pesar de que tanto el sumario del ‘caso Zapatero’ como el auto de registro de la sede socialista por el ‘caso Leire’ son investigaciones bien fundadas, que no se pueden despachar con argumentos conspiranoicos o hablando de golpe de Estado mediático-judicial. Zapatero, según la doctrina de tolerancia cero frente a la corrupción, debería haber sido suspendido de militancia, al igual que los señalados por el asunto de las ‘cloacas’, facturas falsas para pagar a ‘fontaneros’ y presuntas maquinaciones para chantajear o desprestigiar a jueces, fiscales e investigadores de la órbita socialista. Pero a Zapatero no le quieren dar el mismo trato que a Ábalos («No tengo a nadie») o a Santos Cerdán porque Ferraz, la sede nacional, y Zapatero, el faro moral, son los cimientos de la marca PSOE.

Aunque, cuanto más tiempo tarde La Moncloa en desvincularse de ambos casos, peor para el Consejo de Ministros y para la organización socialista. Si la Justicia acaba resolviendo que en el ‘caso Plus Ultra’ o en el contrato con la empresa china Huawei hubo trato de favor a Zapatero, el Gobierno estaría judicial y políticamente comprometido; y si se acredita que Ferraz pagó con facturas falsas a la ‘trama Leire’, el PSOE también. La estrategia de resistir con diferentes argumentos exculpatorios como que a ZP se le utilizó como reclamo de conseguidores, pero él no sabía nada, y que Leire o Cerdán «no son el PSOE», puede servir para consumo interno de una militancia en ‘shock’, pero no constituye un relato creíble para la mayoría de la opinión pública e incluso alguno de los partidos del bloque de investidura (como el PNV), que temen el efecto del virus en sus bases electorales.

Y antes de que las cosas vayan a peor, como dice García-Page, de que algún socio de Zapatero cambie de estrategia de defensa o el goteo de deserciones vaya a más, quizás Sánchez debería optar por el mal menor y tratar de que las urnas le salven del hundimiento irreversible. Es arriesgado, pero si resiste y hunde la sigla, tardarían décadas en recuperar la credibilidad social.