Rosa Martínez-Vozpópuli

  • Resulta bastante difícil imaginar un acontecimiento desastroso que beneficie electoralmente al Gobierno.

Gabriel Rufián acaba de revolucionar la investigación criminal. Años formando policías, estudiando pruebas, siguiendo el rastro del dinero, identificando sospechosos, analizando teléfonos y revisando cámaras para descubrir quién está detrás de un delito y resulta que bastaba con hacer una pregunta: ¿a quién beneficia?

“Si beneficia a la extrema derecha, es bastante probable que esté la extrema derecha detrás”, ha explicado Rufián sobre los disturbios del sábado en Barcelona. Extraordinario. Yo no sé cómo no se nos había ocurrido antes.

El sábado, cientos de jóvenes convocados a través de redes sociales destrozaron mobiliario urbano, provocaron incendios, saquearon comercios y se enfrentaron a la policía en el centro de Barcelona. El balance fue de 128 detenidos, 72 de ellos menores, quince policías heridos y 23 comercios vandalizados. Los Mossos investigan quién estaba detrás de la convocatoria, difundida a través de las redes sociales.

Pero Rufián no necesita esperar a los Mossos porque tiene un sistema: beneficia a la extrema derecha, luego probablemente lo ha organizado la extrema derecha. Con semejante herramienta podemos cerrar la mitad de los juzgados españoles antes de Navidad.

Lo que beneficia a la extrema derecha

Si un caso de corrupción del PSOE beneficia al PP, es bastante probable que detrás esté el PP. Si aparece un escándalo que perjudica a Vox y beneficia a Podemos, habrá que investigar a Podemos. Si un candidato se equivoca en un debate y sube su adversario en las encuestas, convendría comprobar quién le escribió las respuestas. Y si el Barça pierde un partido y beneficia al Real Madrid, Florentino Pérez debería ir buscando abogado.

De hecho, siguiendo el método Rufián, la extrema derecha tiene que estar detrás de prácticamente todo lo malo que ocurre en España, porque resulta bastante difícil imaginar un acontecimiento desastroso que beneficie electoralmente al Gobierno.

Sube la delincuencia: beneficia a la extrema derecha. Hay disturbios: beneficia a la extrema derecha. Fracasa una política migratoria: beneficia a la extrema derecha. La gente no puede pagar una vivienda: beneficia a la extrema derecha. Un señor se golpea el dedo meñique del pie con la pata de la cama y grita “me cago en el Gobierno”: ojito, porque empieza a oler a operación de Estado.

Porque Rufián llegó un poquito más lejos. Dijo que los disturbios “huelen a operación de Estado” y recordó que hay Estados especializados en desestabilizar otros países porque, según él, “hay gente fuera que quiere cargarse cualquier posibilidad de gobiernos progresistas”. Naturalmente, no sabemos qué Estado. Ni qué organización. Ni mediante qué mecanismo. Ni qué prueba sostiene la sospecha. Pero a él le huele. ¿A qué huelen las nubes? ¿A qué huele una operación de Estado?

Encapuchados en Bilbao

Y mientras Rufián olfateaba conspiraciones internacionales, Bilbao se convertía en otro escenario de violencia callejera. Miles de personas acudieron a una manifestación antifascista para protestar por un acto de Vito Quiles en las inmediaciones de la Universidad de Deusto. El acto se suspendió por razones de seguridad, pero varios cientos de encapuchados decidieron que, ya que habían salido de casa, tampoco era cuestión de desperdiciar la tarde. Quemaron coches, contenedores y una motocicleta policial, atacaron a los agentes, destrozaron mobiliario urbano y saquearon comercios. La Ertzaintza detuvo a 19 personas.

Y aquí me asalta una duda: ¿estos también estaban organizados por la extrema derecha? Porque la movilización era antifascista, los participantes gritaban contra el fascismo y las pancartas proclamaban la unidad de clase. Claro, siempre podemos pensar que los de extrema derecha llevaban meses infiltrados en organizaciones antifascistas para conseguir quemar media docena de coches en Bilbao. Una operación internacional de una sofisticación extraordinaria.

Y luego está el pequeño detalle de las banderas. Porque llevamos semanas viendo manifestaciones en distintas ciudades españolas con banderas rojas, simbología socialista y comunista, enseñas palestinas y consignas antifascistas. En las protestas por la vivienda se han podido ver incluso banderas de organizaciones juveniles comunistas.

El nuevo símbolo

Por supuesto, llevar una bandera roja no convierte automáticamente a nadie en delincuente, como tampoco llevar la española te convierte en fascista, aunque a la gente de izquierdas le cueste entender esta última parte. Pero resulta bastante curioso que, ante semejante despliegue de simbología de izquierdas, Rufián encuentre tan probable que detrás de los disturbios esté la extrema derecha. ¿Se han infiltrado los fascistas en las organizaciones comunistas? ¿Llevan banderas palestinas para despistar? ¿Se han convertido las banderas rojas en el nuevo símbolo de la ultraderecha y no nos hemos enterado?

Yo creo que si a Rufián le pones delante un pato, con sus plumas, su pico, sus patas palmeadas y haciendo “cuac, cuac”, es perfectamente capaz de explicarte que estamos ante un conejo. Y si le señalas que los conejos no tienen pico ni hacen “cuac”, seguramente te responda que precisamente ahí está la prueba de que el pato intenta ocultar su verdadera identidad. Y que huele a operación de Estado.

La investigación policial tradicional tiene una desventaja terrible frente al procedimiento de Rufián: exige pruebas antes de señalar a nadie. El olfato político, por lo visto, permite llegar mucho antes al responsable. Y a mí solo me queda una duda: si estas declaraciones de Rufián benefician a la extrema derecha, ¿quién demonios está detrás de Rufián?